Parece que últimamente la UCI está perdiendo las formas. Se arroga para sí derechos que vulneran gravemente la libertad de las personas que están bajo su competencia. La última "gran noticia" es que decide, por decreto, qué corredores ciclistas están limpios y cuales no. Sin pruebas, sin positivos por dopaje, solamente con una especie de visionarismo sesgado e injusto. Ahora la ha tomado con el bravo Alejandro Valverde, mirando de reojo al último ganador del Tour de Francia, Alberto Contador. El caso de Valverde es especialmente sangrante, un corredor que estaba dispuesto a preparar el Mundial de ciclismo y que, a nadie se le escapa, tenía opciones de medalla, como viene siendo habitual en las últimas convocatorias. Le acusan, por supuestos indicios, de estar involucrado en la Operación Puerto y vetan su asistencia.
Sorprende que, de repente, les entre esta especie de integrismo despiadado, cuando hace tan solo unos meses estaban en entredicho al no sancionar a un tal Michael Rasmussen, que se había saltado dos controles suyos, que participaba en el Tour sin problemas y que iba directo a ganar la prueba de manera aparentemente limpia. Tuvo que ser otro "compañero" de entrenamientos el que destapara la jugada del danés para saltarse los controles: entrenar de incógnito.
Ahora parecen querer lavar su imagen, ya suficientemente dañada, como la de ese bonito deporte, disparando a todo lo que se mueve y es susceptible de la más mínima sospecha, como ya se apuntó, sin pruebas, sin positivos, con papel mojado o con el testimonio de algún "tramposo" dispuesto a acusar a quien sea con tal de ganarse un perdón demasiado ruin.
La Federación española de Ciclismo debería tomar cartas en el asunto. O bien ratificar la participación de los corredores en la trama de dopaje o bien defenderlos hasta donde pueda, boicoteando el Mundial, si es necesario. Si Alejandro Valverde está limpio, hay que apoyarle, si no lo está, aún más. El año pasado fue segundo en la Vuelta a España, flanqueado en el podio por dos corredores que sí han sido pillados en falso, Vinokourov y Kashekin. Este año ha participado en el Tour, una carrera especialmente beligerante con el dopaje, han surgido casos como los del Astaná o el de Rasmussen, Alejandro acabó la ronda, ningún indicio le ha salpicado. Bien es cierto que este año parecía faltarle fuelle, cada uno que piense por qué, pero lo cierto es que, hasta hoy, no ha dado positivo ni ha figurado en la lista de clientes de la Operación Puerto. ¿Puede que haya estado involucrado? Es posible, pero solo con la duda no basta, o eso dicen las leyes nacionales e internacionales que nos amparan.
La efevescente ascensión al trono de "favorito de los aficionados" de Alberto Contador no debe hacernos olvidar a otros muchos grandes y limpios corredores que tenemos, las diez primeras plazas del último Tour estaban bien salpicadas de la bandera patria: Contador, Sastre, Zubeldia,Valverde, Astarloza, Pereiro,... el mejor joven de la prueba, Txurruka, ... Todos ellos merecen respeto, todos ellos merecen la presunción de inocencia, todos ellos tienen derechos que, ninguna institución, del carácter que sea, puede pasar por encima.
Parece que el deporte de la bicicleta ha entrado en una espiral de taza del váter, parece que todo se va por el retrete, como un remolino de mierda en el que todos parecen estar salpicados, entonces, si es así, que nadie participe en una carrera.
O todos, o ninguno.