Qué duda cabe, los cursos de conducción están de moda y son muchos los que se apuntan a ellos, atraídos por la posibilidad de mejorar sus aptitudes al volante. Pero, si a este aliciente le sumamos el que tu profesor sea un piloto de verdad, que puede explicarte cuál es la mejor técnica para afrontar una curva o para dominar el coche sobre el asfalto deslizante, los atractivos se multiplican.
Éste es el plan que propone PTC, escuela situada en Lugo, que emplea el circuito de La Pastoriza para desarrollar sus cursos. Entre sus profesores, todos ellos reconocidos profesionales, tuve la suerte de contar con dos monitores de excepción: los hermanos Sergio y Diego Vallejo, participantes en el Nacional de Rallies de Asfalto.
Para empezar, llaman la atención los medios empleados en las clases teóricas: un Tablet PC gigante sustituye a la pizarra o a los sistemas de vídeo y sobre él se desarrollan las explicaciones sobre cómo colocar las manos al volante o cuál es la postura correcta de conducción (sencillamente, aquella en la que te sientas cómodo, según explica Álvaro, socio, junto a Isaac, de Antonio Solórzano, el impulsor de esta escuela). Después, llega la parte teórica…
Es hora de “meternos en líos”. Por turnos, los monitores nos van acompañando mientras completamos un giro tras otro en la retorcida pista, diseñada en un principio para competiciones de kárting. Que Sergio o Diego estén contigo en el asiento de la derecha impone bastante (“¿qué estarán pensando?” es lo que más veces se me pasa por la cabeza), pero consiguen que el ambiente se relaje. Derrapamos, frenamos, aceleramos… sabiendo siempre que controlar y prever las reacciones del coche es fundamental.
Antonio me explica que los cursos pueden hacerse a la carta. Son muchos los que preguntan cómo ahorrar combustible o cómo realizar una conducción más ecológica; para ellos se pueden diseñar clases específicas. También aquí pueden aplicarse las técnicas de conducción al día a día, el objetivo de Solórzano cuando creó la escuela. Ahora, se ha rodeado de un grupo de profesionales que en una mañana, me han dejado con una impresión clarísima: hay tanto que aprender en este terreno, que siempre parece que estoy en pañales.
Una nueva edición del Dakar empieza y este año no tendré el privilegio de seguir la carrera en vivo. Toda la dureza de esta prueba, las noches sin dormir, los recorridos extenuantes en coche sobre la arena, en la que nos quedamos “varados” más veces de las que deseamos (y fueron pocas, creedme), quedan muy atrás. Lo que permanece vivo son los recuerdos de África, la belleza de sus paisajes, la amabilidad de sus gentes, las personas que conoces, el hechizo de un territorio que deseas volver a visitar una y otra vez. Y, sobre todo, el misterio de una carrera que atrapa a todos los que la disputan.
De nuevo, Mitsubishi es el equipo más fuerte, con nombres como Luc Alphand (el vencedor el año pasado), Stephane Peterhansel o “Nani” Roma en sus filas. El catalán, junto a su nuevo copiloto Lucas Cruz, quiere subir a lo más alto del podio y dedicar la victoria a su anterior navegante, Henry Magne, fallecido en Marruecos.
Sin embargo, lograr el triunfo frente a las playas de Dakar es también el sueño de Carlos Sainz, que en esta edición de la carrera africana ya cuenta con experiencia sobre las dunas. Está preparado e ilusionado, como nos confesó la semana pasada, cuando visitó Motorpress—Ibérica. Sin embargo, sabe que sus rivales son los vehículos japoneses y será difícil batirlos.
Uno de los factores que más “enganchan” del Dakar es el misticismo, la aspereza y la aparente soledad (entre los camiones de asistencia, los miles de personas que desplaza la organización y los habitantes del desierto, que aparecen aún en los parajes más remotos que uno pueda imaginarse, es imposible estar solo) que rodean la prueba. Por ello, son muchos los que se sienten llamados a superar un nuevo reto. Entre ellos está Albert Llovera, el piloto andorrano que, tras un accidente de esquí, perdió la movilidad en las piernas. Este año, un Isuzu le llevará a través del desierto, hasta que corone su hazaña. Los que tenemos la inmensa suerte de conocer a Albert sabemos que para él no hay nada imposible, así que no nos extraña que se haya embarcado en esta aventura. Personalmente, lo único que siento es no poder estar ahí para verle llegar cada noche al campamento y que, con su gran sonrisa, me explique cómo ha ido la jornada.
A todos los participantes les espera el Lago Rosa tras 16 días de arena, piedras, cruces, agujeros y, a partir de las etapas en Mauritania, un intenso calor. Pero ninguno de ellos se acordará de eso cuando llegue al podio y reciba la medalla que acredita una de las hazañas más importantes de su vida.
No lo es, pero
Pedro Martínez de la Rosa se ha quedado sin asiento oficial. El año que viene, el compañero de Alonso será Lewis Hamilton. No puedo decir que sea una sorpresa, pues de todos es sabido que el británico era el protegido de Ron Dennis, jefe del equipo McLaren. Y, donde hay patrón…La pena es que el enorme esfuerzo de Pedro, que ha dado puntos a la marca, que ha puesto a punto un coche que conoce como nadie, que ha realizado gestas como la que tuvo lugar en el Gran Premio de Hungría, se queda, de nuevo, en el volante de un piloto probador.
Nadie duda de la capacidad de Lewis, ganador de la GP2 este año, pero la Fórmula Uno es otro mundo. Aún no ha disputado ni una sola carrera en la máxima especialidad del automovilismo, aunque ya ha realizado varios tests con el monoplaza de McLaren. Habrá que ver cómo se desenvuelve el británico.
“Pedro ha realizado un gran trabajo para nosotros, pero creemos que ha llegado el momento de dar una oportunidad a Lewis”, ha anunciado Dennis. Cierto es que hay que ir renovando la parrilla y que los jóvenes merecen su oportunidad, pero Hamilton saca del asiento oficial a un piloto que apenas ha tenido tiempo de saborear “su momento”.
De la Rosa, siempre un caballero, ha anunciado que ya imaginaba que esto iba a pasar y que, aun así, estaba contento de haber ayudado a la marca a conseguir puntos este año. Pero
todos queríamos verle donde se merece.
… y el Nacional de Tierra habrá terminado. Este año, la suspensión de la prueba doble en Madrid, que iba a celebrarse a principios de septiembre,
ha provocado que la temporada tenga que finalizar, casi, a marchas forzadas. Dos carreras en Córdoba y Sevilla el mismo fin de semana y otras dos (que también se realizarán en 48 horas) en Cáceres decidirán al Campeón de España de Rallies de Tierra 2006. Y
podría haber sorpresas…Para empezar, en Córdoba no estuvo Samuel Lemes, vigente campeón. El canario decidió que ya no merecía la pena luchar por el título, pero, tal y como se desarrollaron las cosas, lo cierto es que el piloto de Lanzarote aún tenía posibilidades. Que se lo digan a Dani Solá: en su primera participación este año en el Nacional de Tierra, ha logrado dos victorias. El catalán, que acaba de conseguir el título en la especialidad sobre asfalto, tiene posibilidades matemáticas de lograr también el campeonato sobre tierra.
Cierto es que se sumaron una serie de circunstancias, cuanto menos, poco habituales: Joan Vinyes se salió el sábado y, al no poder reparar su vehículo a tiempo, tampoco puntuó en el rally del domingo. Álex Villanueva es el nuevo líder del certamen y el máximo favorito para hacerse con el triunfo final, pero, hasta el domingo 19 de noviembre, las apuestas están abiertas. 
Solá estaba contento con sus primeros puestos, pero al que se le salía la sonrisa de la cara era a Albert Llovera. El andorrano, que lleva un coche con mandos adaptados, lo que supone una importante carga “extra” de kilos (Albert no tiene movilidad en las piernas y debe conducir sólo con las manos), fue tercero en su categoría el sábado. En el podio se llevó más aplausos que nadie y casi se podía ver lo que estaba pensando: “Si repito esto mañana…” Pues no sólo lo repitió, sino que lo mejoró: fue segundo entre los vehículos de Dos Ruedas Motrices. Llovera fue el más solicitado antes y después de subir al podio en su silla de ruedas (con la que nos regaló algunos “caballitos”): todos los pilotos querían felicitarle.
Por cierto, que también hay que destacar la alegría que desbordaba Diego Vallejo, “copi” de Llovera en las pruebas andaluzas. Se conocen desde hace tiempo y entre los dos hay una complicidad que se nota.
Y mientras, Loeb ya es campeón, sin haber participado en las dos últimas pruebas. Pobre Gronholm, la cara que puso mientras volcaba lo decía todo. En ese momento, supo que su rival francés era, de nuevo, campeón. Loeb, desde su casa, se mostró de lo más tranquilo, como si ganar un Mundial de Rallies fuera algo que le pasara todos los días… Lo cierto es que, si sigue a este ritmo, le pasará durante algunos años más.
Estaba casi, casi, al alcance de la mano, pero había que finalizar la carrera sin problemas. Así, con los dedos cruzados, millones de españoles nos pusimos ayer frente al televisor y contemplamos cómo
Alonso se hacia, de nuevo, con el Mundial de Fórmula Uno. De paso, lograba un nuevo récord: es el piloto más joven que consigue dos campeonatos consecutivos.Pero de quien yo quería hablar es de
Schumacher. De Michael, que ha dedicado su vida a este deporte y que ayer se despidió a lo grande. Para qué negarlo: no me hubiera importado que el título fuera para él, que se marchara con ocho campeonatos. Se lo merece. Sólo un piloto como el alemán habría dado todo en la última carrera,
luchando hasta la última vuelta y protagonizando una remontada espectacular. Adelantó a casi todos los pilotos que se le pusieron por delante y, gracias a él, la de Brasil ha sido una de las mejores citas del certamen. Cierto es que el Ferrari que condujo en Interlagos parecía casi un avión, pero el arrojo no se lo puede quitar nadie. Me hubiera gustado verle en el podio.
En la vuelta de honor, Alonso no cantó el “We are the champions”. Dio las gracias a Renault por todos estos años de esfuerzo y de trabajo, muy emocionado.
Atrás quedaban los “malos rollos” de este caótico final de temporada. Aunque después, en la rueda de prensa, se despachó diciendo que “el tiempo coloca a todos en su sitio”. Esto podría aplicarse a cualquiera, pero, a buen entendedor…
Tenía ganas de escribir esto, la verdad:
Dani Solá ya tiene en su poder un título que no poseía, el de Campeón de España de Rallies de Asfalto. Lo cierto es que la lucha con
Miguel Fuster en las últimas pruebas ha sido espectacular; el alicantino, con un vehículo privado, ha estado a punto de llevarse el gato al agua y
también lo hubiera merecido. Pero sólo puede ganar uno.Solá ha sufrido en esta temporada, con un coche que no acababa de ir a su gusto y con la presión de tener que demostrar a todos que es un gran piloto. ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque
en España fabricamos ídolos a la misma velocidad a la que los hundimos. Como Dani logró el Mundial Júnior, estaba casi obligado a ganar en su país. De no hacerlo, ya estaría acabado, sería un mal piloto. No podía permitirse el lujo de perder y esa presión le ha estado acompañando durante todas las carreras. Finalmente, le tensión ha cedido y ha sido para bien. Y quiero reiterar que me alegro mucho, pues le considero un gran piloto y un gran tipo.
Han pasado más cosas:
el Mundial de Turismos ha visitado nuestro país (¡qué espectaculares son estas carreras!) y
Alonso puede revalidar su título en la Fórmula Uno. Me levanté a las siete de la mañana para ver la carrera y, cuando Schumacher salió de su primera parada en boxes por delante del asturiano, se me cerraron los ojos. No recuerdo nada hasta la última vuelta, cuando el alemán ya había abandonado, con el motor de su Ferrari “reventado”.
Las cosas se le ponen más fáciles al español, pero yo casi deseaba que la emoción fuera mayor y que llegaran a Brasil separados por la mínima. Habrá que esperar diez días y el dilema estará resuelto.
Por otra parte, la Real Federación Española de Automovilismo ya ha decidido
cómo revitalizar los rallies: con coches clásicos, con GT’s y con los ansiados S2000. Pues he aquí la sorpresa: Peugeot está casi decidida a llevarse estos vehículos al certamen europeo —enormemente vistoso, por cierto— y Fiat no lo tiene claro. Por si acaso, los S1600 pueden rebajar su peso, para no perder competitividad frente a los “mayores”.
Si la jugada sale bien, en 2007 disfrutaremos de listas de inscritos kilométricas. Si no, nos quedamos sin S2000 y con unos S1600 aún más críticos y más nerviosos.
Otra decisión de este organismo ha sido revocar la licencia a
Santi Concepción durante dos años e imponerle 3.005 euros de multa por los hechos que ocurrieron en el Rally de Orense de 2002. Durante los reconocimientos, uno de los comisarios encontró una libreta en el coche del canario, en la que, supuestamente, había anotaciones sobre el rally (algo que está prohibido). Concepción argumentó que eran apuntes sobre la logística de su equipo y facilitó la libreta a la RFEdA para que la fotocopiara. Este organismo perdió dichas fotocopias, lo que hubiera paralizado el proceso, pero
Concepción, en un acto de buena fe —como se reconoce en la sentencia— entregó la libreta de nuevo. Tras recursos y más recursos, ahora resulta que Santi tiene que dejar de competir durante 24 meses. Y Santi, harto de abogados y de rumores, se ha cansado: puede recurrir una vez más, pero no lo hará, quiere que este tema se termine. El tiempo dirá si vuelve o no a las carreras. De momento, perdemos un gran piloto, esperemos que no para siempre.
Vaya carrera hemos visto este fin de semana en el
Circuito de Cataluña: los pilotos del
DTM no dudan en empujarse unos a otros para ganar un puesto y los duelos son espectaculares. Sólo hay dos marcas compitiendo (Mercedes y Audi), pero, con 10 coches cada una, la lucha está asegurada. Ganó Martin Tomczyk (Audi), pero
el que más “guerra” dio fue Mattias Ekström. El sueco tiene el mismo empuje en los rallies y en los circuitos, pelea por el hueco más insignificante y no se rinde. Se ha convertido en mi favorito.Además, las carreras son muy especiales para
el público, que
puede acercarse a los boxes y observar de cerca todos los preparativos de la prueba. El sábado, con los entrenamientos, y el viernes, con las
competiciones de cambio de neumáticos (¡se realiza en menos de cuatro segundos!) los espectadores tienen asegurado un fin de semana de lo más completo. Eso sí, ojalá el tiempo hubiera acompañado, los entrenamientos estuvieron pasados por agua.
Lo mismo pasó en el Rally de Ferrol, donde los
restos del huracán Gordon dejaron los tramos llenos de barro y piedras. Si a esto le sumamos que llovía de vez en cuando, podemos imaginar que los pilotos se volvieron locos para elegir los neumáticos. En estas condiciones, no es raro que subiera al primer escalón del podio un Grupo N, el de Pedro Burgo, para más señas. El piloto local, que conoce bien el terreno, aprovechó la tracción total de su coche para imponerse sobre los S1600, que lucharon todo el día para que los tiempos salieran.
Hay que felicitar al gallego: han pasado más de tres años desde que un vehículo de la categoría de producción se hizo con la victoria.
Fue
Dani Sordo el autor de esta gesta, aunque el cántabro pocas ganas ha tenido de recordarla: ha vivido un
fin de semana aciago. Desde que empezó a puntuar para Kronos, no ha levantado cabeza. El viernes tuvo una avería y se retiró de la prueba para continuar en el formato Súper Rally, el sábado volcó y el domingo sufrió el choque que todos hemos visto en televisión. Las imágenes son espeluznantes (que se lo digan a los fotógrafos que salieron corriendo).
Y este fin de semana,
de nuevo estará en acción De la Rosa, que, al parecer, disputará definitivamente los Grandes Premios de China y Japón (tantos años en los monoplazas de la fórmula nipona tienen el peso de la experiencia). Nada se sabe sobre el de Brasil, el último de la temporada. Yo, aunque me pese, casi apuesto por Lewis Hamilton; Ron Dennis ya tiene ganas de ver cómo se desenvuelve “entre los grandes”. Veremos.
¡Los S2000 llegan a España! Por fin, la Real Federación Española de Automovilismo, que nos tenía “sobre ascuas”, ha dado la noticia: el año que viene, competirán en el Nacional de Asfalto y puntuarán en la clasificación general.Fiat y Peugeot, las marcas que más han apostado por el desarrollo de estos vehículos (recordamos: tienen tracción total y un motor de dos litros) están de enhorabuena, pues ya pueden traer los Punto y 207 al certamen español. La marca italiana lleva ventaja, pues ha estado paseando su poderío por el Campeonato Europeo de Rallies, en el que se ha hecho con la victoria sin problemas.
Estos coches pueden plantar cara a los Grupo N y a los S1600 que, en teoría, aún tendrán mucho que decir. Sin embargo, por lo que hemos visto en Europa, los S2000 serán superiores. Para igualar las condiciones, la
Federación permitirá a los S1600 una rebaja en su peso de 50 kilos. No sé si es muy buena idea: serán más ligeros, pero estamos hablando de vehículos que, de por sí, ya son bastante nerviosos.
Con menos lastre, habrá que “hilar muy fino” para mantenerlos dentro de la carretera cuando se vaya al límite. Por otra parte, la RFEdA ha propuesto algunas medidas para inyectar más energía a los rallies, que andan de capa caída: trofeos de clásicos y de GT’s. Esperemos que salga adelante y que, además de aumentar la inscripción, atraiga a un mayor número de gente a los tramos. Veremos cuántos aficionados hay este fin de semana en Ferrol, aunque lo cierto es que tienen que elegir entre una impresionante oferta automovilística: el DTM en Barcelona, las Le Mans Series en el Circuito del Jarama, Sordo y Pons en tierras chipriotas… Mientras tanto, la Fórmula Uno se recupera de la marejada que provocó la sanción a Alonso y el anuncio de la
retirada de Schumacher. Cuando los pilotos regresen a la pista en el Gran Premio de China, esperemos que las aguas estén más calmadas.
Se va el mejor piloto de la Fórmula Uno. Michael Schumacher ha decidido colgar el casco, los guantes y el mono.
Habrá quien diga que no ha sido el más grande (nunca se ganó el corazón de los aficionados, como el inolvidable Senna), pero no se le puede quitar importancia: lo ha ganado todo.
El alemán, movido por su ansia de perfeccionamiento, de triunfos, de gloria, casi no ha dejado récords por batir. No sólo eso, tiene para sí la mayor colección de títulos mundiales y va a pasar mucho, mucho tiempo hasta que otro pueda decir lo mismo. Seguramente, la pregunta que está en la mente de todos es: “¿será Alonso ese otro?”. Ambición y ganas no le faltan.
Lástima que Schumacher no se retire con todos los honores: una amarga polémica empaña sus últimas actuaciones en este deporte, ya que la FIA, al parecer, ha decidido favorecerle. Sea cierto o no, “Schumi” no se merece marcharse así. Personalmente, prefiero recordarle como el piloto que ganó siete títulos mundiales —por muy discutibles que fueran algunas de sus actuaciones en la pista—, no como el que fue “ayudado” para lograr el octavo. Lo que ocurre es que, si finalmente lo consigue, habrá sido a costa del segundo campeonato de Alonso. Y eso es lo que duele.
Cambiando de tema; me han ofrecido la oportunidad de estar en el Circuito de Cataluña este fin de semana. El trazado acoge, por primera vez, el DTM. Desde hace tiempo, me parece un certamen espectacular, de los que merece la pena seguir. En vivo, tiene toda la pinta de mejorar sus promesas.
Desolador. Llegar al Rally Príncipe de Asturias, que hace años fue uno de los más importantes del Nacional de Asfalto, y ver que
apenas había gente en los tramos, fue desolador. Tuvo su parte buena, eso sí, porque gran cantidad de indeseables se quedaron en su casa y no hubo problemas. Pero apenas había público (especialmente el domingo, cuando el Mundial de Moto GP y la Fórmula Uno desplegaron sus cantos de sirena) y eso no es bueno para el certamen.Los que sí estuvieron presentes disfrutaron con una carrera emocionante, en la que Solá y Fuster lucharon hasta el último tramo por la victoria. Al llegar a la última asistencia, con el triunfo en el bolsillo y ya preparado para subir al podio, el catalán bromeó con Fuster: “Los domingos son para estar tranquilo, ir a misa…”. Ambos pilotos se felicitaron mutuamente; se habían obligado a dar lo mejor de sí mismos en cada kilómetro.
Tras la prueba asturiana, Solá lidera el certamen, pero Fuster le sigue a sólo dos puntos. Esto significa que, a falta de tres pruebas para el final del campeonato, todo está por decidir.
Más emoción, imposible.
Regreso de vacaciones con una noticia que, más tarde o más temprano, sabía que tendría que comentar: Sebastien Loeb ya tiene el récord de victorias en el Mundial de Rallies, superando así a Carlos Sainz.
¿Significa esto que el galo es mejor que el español? Es difícil decirlo. Nadie le quita méritos a Loeb, que, hoy por hoy, es el número uno. Sin embargo, Sainz siempre se ha distinguido por su afán de superación, espíritu de lucha y perseverancia. Al francés no le faltan estas cualidades, pero también es cierto que las circunstancias en las que él ha conseguido este récord no son las mismas a las que se enfrentó Sainz.
El español se labró su marca a lo largo de 14 años, mientras que “Seb” ha necesitado sólo 4 para conseguir una cifra de victorias que, sin duda, se habrá ampliado antes de que finalice la temporada. Pero hay que tener en cuenta que Carlos disputaba campeonatos con marcas que no siempre estaban “arriba”, que la mayoría de las temporadas en las que el madrileño estuvo en el Mundial contaban con 8, 10 ó 12 rallies (frente a los 16 actuales) y que los contrincantes de Loeb, no nos engañemos, no son Makinen, Kankkunen, McRae, Auriol, Delecour…

El francés siempre ha estado ligado al mejor equipo, sin discusión. Ha aprovechado el mayor número de carreras para acumular en poco tiempo el mayor número de victorias, mientras que sus rivales están “de capa caída” (si no, que se lo digan a Subaru). Hoy por hoy, sólo Gronholm puede hacerle frente.
Nos llegan más noticias desde Citroën y éstas son muy buenas: Dani Sordo se quedará en el equipo hasta 2009 y será uno de los pilotos del C4 WRC. En Loeb tendrá al mejor maestro y (¿quién sabe?) quizá dentro de unos años volvamos a hablar de un español con un récord de victorias en el Mundial…
No deja de resultar extraño que, frente al regreso oficial de la marca gala al Mundial de Rallies, la filial española siga pretendiendo eliminar todo rastro de su competición en el Nacional de Asfalto. Ojalá se animen a seguir, ahora que la repercusión de los chevrones será mayor en nuestro país. Al hilo de esto, aprovecho para pedir “a quien corresponda” que se televisen, de una vez por todas y en un horario decente, las pruebas del Campeonato del Mundo de Rallies. En España son miles los aficionados a este deporte (es una pena tener que utilizarlo como argumento una y otra vez, pero parece que nadie se da por enterado) y ahora hay un aliciente más. Con un poco de acierto y ganas, podemos convertir a Sordo en una estrella como Alonso, que reporte beneficios en forma de audiencia a la cadena que se atreva con el reto. Ahí queda el desafío.
Casi sin tiempo para respirar, los pilotos del Mundial de Rallies han hecho las maletas en Alemania y,
en menos de 42 horas, se han plantado en Jyvaskyla, sede del Rally de Finlandia. Cuando leáis estas líneas, ya se habrá celebrado el “shakedown” y la prueba estará a punto de comenzar. Si no habéis ido nunca, os recomiendo que guardéis unas vacaciones para acercaros por allí,
merece la pena. Si no os atrae mucho, acabo de descubrir la cita germana, que os encantará.Puede que no tenga el aura mística de Portugal o Montecarlo (de hecho, casi es una “recién llegada” al calendario), pero
merece una mención aparte por su organización. Muchos se quejan de que su recorrido es demasiado artificial, pero eso te permite
disfrutar de un tramo de 30 kilómetros concebido como un espectáculo para el público. Desde cualquier punto, se divisa una gran cantidad de pista y lo mejor es que no puedes colocarte en una zona de riesgo, ni siquiera sin querer; los comisarios alemanes no te lo permitirían.
Por si fuera poco, perderse es imposible: en cualquier punto de información del rally —¡situados en las gasolineras de las autopistas que actúan como ejes de la carrera!— encontrarás un detallado
mapa no sólo con los tramos, sino también con los accesos para llegar a ellos. Unas flechas de colores indicarán a los asistentes por dónde seguir en cuanto abandonen la carretera principal. Y todo esto, sin aglomeraciones y sin atascos. De lujo.

Cierto es que hay que pagar
casi 60 euros por el pase que da derecho a ver las especiales y que, en ocasiones, los organizadores cortan la carretera a algunos kilómetros del tramo. Pero todo está pensado: mientras tu coche se queda en una zona de aparcamiento convenientemente habilitada, tú
puedes coger un autobús que te dejará a pie de tramo. Es sólo un ejemplo de lo que se puede hacer cuando se tienen ganas de hacer las cosas bien y de lo que ocurre cuando el dinero que se cobra al público se reinvierte en el propio rally. Alguien debería tomar nota, quizá pueda ser la solución para nuestra prueba mundialista. Y sin renunciar al asfalto.
Tanta organización—cuadrada—alemana tiene también sus inconvenientes: el jueves llegué cinco minutos tarde a la sala de prensa y me indicaron, muy amablemente, que debía volver al día siguiente. De nada sirvió explicar que mi hotel estaba a 60 kilómetros y que era una faena tener que regresar el viernes, especialmente cuando el responsable de prensa aún estaba en la sala; el germano inflexible que tenía delante ni se inmutó. Los horarios están ahí y deben cumplirse. Pues nada, al hotel.
Ya metidos en la carrera, además de disfrutar con el
recital de Loeb y de Sordo (qué lástima lo de Pons, ojalá tenga pronto la oportunidad que necesita para demostrar lo que vale),
tuve la suerte de estar, durante la última etapa, con Dani Solá. El piloto catalán se acercó a Alemania para encontrarse con sus antiguos compañeros y fuimos a ver un par de tramos: es una gozada contar con un profesional como él para que muestre los detalles que yo no hubiera sido capaz de ver.
De corazón, se merece volver al Mundial; todos le saludaban con un cariño especial. Por cierto, ¿qué ha sido del súper programa que había preparado para él?
¡Cuánta emoción en una sola carrera! Empezando por el brillante
segundo puesto de Pedro Martínez de la Rosa y terminando por el recital que dio Alonso, a pesar de las penalizaciones y los problemas. El asturiano sabe “andar en mojado” como pocos, eso hay que reconocerlo.Pero mira tú por donde que me alegro más por De la Rosa. Ya era hora de que el catalán subiera al podio y demostrara lo que sabe; ahora sólo hace falta un empujoncito más para que se quede como piloto en el equipo. Aunque
no me creo mucho eso de “los dos españoles en la misma formación”, me suena tan falso como la cara de circunstancias que pusieron Alonso y De la Rosa al abrazarse. En fin, cierto es que el asturiano tuvo mala suerte, pero casi salió bien parado de la carrera: si Schumacher no hubiera abandonado, el descalabro de puntos hubiera sido muy importante.
Pasando a otro tema: ya tengo las maletas hechas para irme al Rally de Alemania.
Estoy deseando ver a Sordo como “titular” de Kronos—Citroën y a Pons sin la presión de llevar el coche entero hasta la meta. Veremos qué resulta de este intercambio de papeles y cómo se toman los pilotos la “vuelta al cole”, después de dos meses sin competir. ¿Qué opinarán de las nuevas reglas para el Mundial del año que viene? El lunes os lo cuento…
Que no cunda el pánico, porque
la situación no es tan grave como parece: aunque Schumacher ha recortado diferencias y está cada vez más cerca de Alonso, lo cierto es que
la tranquilidad del asturiano debería servir para “calmar las aguas”. ¿No es el alemán el que está detrás? Pues que se preocupe él, como ha apuntado nuestro campeón en título.Sin embargo, algo debe andar rondando en los talleres de Renault, cuando
se han puesto a revisar el motor de sus monoplazas y a exigir a Michelin mejoras en los neumáticos. Están nerviosos y se nota en el semblante de Briatore, mucho menos risueño de lo habitual en Hockenheim. Es normal: la marca del rombo había hecho sus cuentas y, calculando, entendía que si Alonso era segundo en todas las carreras que faltaban, el título sería suyo. Lo malo es que el español no fue segundo en Hockenheim y ya sólo quedan seis carreras para que se acabe el campeonato. Mientras tanto, me imagino a Jean Todt, el patrón de Ferrari, con una sonrisa casi siniestra, como la del Sr. Burns de Los Simpson…
Un desconocido en nuestro país,
Jozel Sykora, se ha hecho con la victoria en la Baja España. Y no ha sido por ser el más rápido, sino por irse “encontrando” con los problemas de otros.
Nadie ha de quitarle méritos, pues lo cierto es que impuso un ritmo regular desde el comienzo y “las carreras son así”. Pero hubo problemas que nos pillaron por sorpresa a todos.Para empezar,
Monterde debería haberse “merendado” al eslovaco, pero, mira tú por dónde, la electrónica de su BMW empezó a fallar. Luego, la correa del alternador hace de las suyas. Total, que cuando
Blázquez se retiró (esto sí que no es una casualidad: el cambio del Nissan se rompió tres veces en el Dakar y, mira tú por dónde, vuelve a fallar ahora), ahí estaba Sykora.
Ni siquiera Sousa pudo pararle, ya que el portugués tenía a su lado a Andy Schulz. Es un viejo conocido de los aficionados, que vieron aumentar su “leyenda negra” en el Dakar, tras ejercer como copiloto de Carlos Sainz. El madrileño prescindió de sus servicios para esta temporada y Sousa lo sentó a su derecha. En la Baja,
dos errores en sendos controles de paso le han costado la victoria al portugués (aunque, para ser justos, hay que reconocer que éste pinchó en la segunda etapa y que realizó un trompo que también le restó tiempo en la especial celebrada en el Circuito del Jarama. Todos los fallos se van sumando…).
Me imagino la escena, que debió ser dantesca: Schulz se da cuenta de que no han sellado uno de los controles de paso, Sousa no puede regresar, ya que significaría la exclusión, y manda al alemán a sellar el documento correspondiente. Éste se baja del coche y va corriendo hasta el punto de control, pero le queda volver a toda prisa hacia su Volkswagen… Total, que pierde 20 minutos y cualquier opción a la victoria. No quiero ni pensar lo que pasaría por la mente del portugués durante la espera.
Por cierto,
qué pena que Marc Coma no terminara la carrera (de hecho, casi no le dio tiempo a empezarla). Se lo estaba pasando bastante bien.