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Vivo cerca de un estadio, qué se le va a hacer... Un domingo sí y un domingo no, hay partido, o sea: ¡no hay Dios que encuentre un sitio libre! Hasta ahí, todo bien (más o menos). La cosa cambia cuando los hinchas aparcan por todas partes: sobre aceras, en esquinas, en tercera fila.... y la poli lo ve ¡Y NO HACE NADA!
A mí el fútbol, ni fu ni fa (cuando era pequeña, iba a los partidos de la selección con mi padre y mis hermanos; ahora ni eso), pero en el tema éste del aparcamiento, es alucinante que tengan bula papal (o policial, que lo mismo me da).
Lo mismo pasa con los toros. O sea, tú te das una vuelta por los alrededores de la plaza de las Ventas en época de sanisidros y allí todo el monte es orégano: no hay coches encima de la estatua del Doctor Fleming de milagro. Mis suegros viven por allí y en mayo no nos ven el pelo, porque el transporte público con los tres niños es una odisea y el coche, en llegando a los alrededores del coso taurino, o nos lo comemos o lo tiramos en cualquier esquina (como hace cantidubi de peña) y eso mi marido, no: antes muerto que mal aparcado.
Mi mejor amiga vive cerca de otro estadio -en barrio más pijo que el de una servidora- y, el otro domingo por la tarde, se le puso el niño malo, lo arrebujó en una manta para llevárselo a Urgencias y, al llegar al coche... tócate las narices: atrapado por otros dos (uno en segunda fila y otro en tercera). El niño con fiebre, un frío que pela... tiró de móvil y llamó a la policía municipal. ¿Respuesta? Que sí ,que sí, que es que había partido, que intentarían mandar a una grúa, pero que entre que llegaba y se ponía a llevarse los dos coches (o sea, dos grúas....), el partido se acababa y ya... ¿pa´qué?
Mi amiga se quedó lívida. Y furibunda. Creo que se va a entregar a la escucha impenitente de Jiménez Losantos forever and ever.
El otro día pedí más plazas de parking para mujeres y gente con niños - con poco éxito, la verdad, se ve que este blog no lo leen muchas tías- y hoy me voy a lanzar de nuevo a la selva de la demagogia: si los futboleros pueden aparcar donde les cuadre, si los que van a los toros pueden torear a la autoridad, si eso es así, a mí resulta que me gusta el cine, el teatro, el circo (del sol), las sesiones de magia y los conciertos de Estopa, así que: SOLICITO AL AYUNTAMIENTO QUE LA MISMA GRACIA QUE HACEN LOS FOROFOS DEL BALOMPIÉ LA MEREZCAMOS LOS CINÉFILOS, MELÓMANOS Y DRAMATURGÓFILOS.... ¡LECHES, MARICARMEN!
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Mañana es la lotería. Y me va a tocar, lo presiento. Sólo he comprado 5 décimos (a mí me parece una barbaridad), pero juego mogollón de números, porque he cambiado con familia y amigos. Eso es por lo de la alegría en comunidad. Pero atención: me he comprado un décimo en plan egoísta y para mí solita: si ese me toca, con los millones me hago un homenaje. Y de cuatro ruedas.
He consultado Internet y me salen unas posibilidades majas, pero no sé yo si va a ser posible comprarme el coche y además mantenerlo (ese es otro capítulo de los de asustarse si te metes a millonario). Me gusta el Audi TT, una barbaridad, pero mi marido dice que cómo voy a ir al cole a recoger a los niños en eso (yo creo que les iba a molar cantidad, la verdad) y que no nos van a caber las bolsas del Mercadona (cinco de familia... sí, salen unas cuantas bolsas por cada compra).
Para mí que tiene pelusa (y eso que de momento sólo soy millonaria virtual), porque cuando yo me planteo un Q7 o un Clase G, va él y me sale con un SsangYong Kyron (nada, que no se cree que mañana me va a tocar el gordo)... Vamos, una tomadura de pelo para una millonaria de pro.
Pensándolo bien, lo cierto es que para soñar de verdad no me vale ya el gordo de la lotería, tiene que ser una primi o un euromillones. Si me hicera euro-muchi-millonaria... ¡qué placer! Primero iría la cuchufleta al jefe y el ahítekedas. Luego... un Veyron (sí, un Bugatti único, qué pasa....). Y paso de Mercadona y del cole y de lo que sea. Con los cientos de millones de euros que me tocarían, que vengan los del Mercadona o los del Corte Inglés a mi mansión. Y los niños, profes particulares... ja!
El Veyron, a la puerta, para darme paseos por la urbanización y alquilar de vez en cuando El Jarama y darme unas vueltas. Ese no le tiene ni Beckham...
Sin embargo.... el auténtico coche de mis sueños no es ninguno de esos, ni siquiera se fabrica. El vehículo por el que daría un potosí tiene un diseño muy raro y funciona gracias al condensador de fluzo. Sí, debe ser un trauma de adolescencia o algún tipo de atracción no superada por Michael J. Fox, pero.... ¡quiero el coche de Back to the Future! Así me iría a mañana, me enteraría del número que va a ser el Gordo, volvería a hace un mes, compraría todos los décimos y...¡entonces sí que podía comprame el Veyron, la mansión y hasta al mismísimo Beckham para que entrenara a los niños....!
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Si metes en google las palabras de este titular, te salen sopotocientas páginas, porque el personal escribe una barbaridad sobre la actividad sexual en el buga. Hasta hay comparativas de en qué modelo y versión hay más sitio, más confort o se puede uno permitir posturitas más molonas. Pero es que a mí me pasó ayer una cosa que aluciné en colores. Y encima iba yo con mi niño de 9 añitos...
Claro, es que yo pensaba que la gente que lo hacía en su utilitario es porque no tiene otro sitio. Todo el mundo sabe los "picaderos" que hay en su ciudad ¿no? Una servidora, también. Los chistes de guardias "sacando del paraíso" a parejitas acarameladas pululan hasta por Cuéntame (los pobres Antonio y Merche, tan cautos, y los pillan besuqueándose en el 600..).
Sin embargo, hoy en día, con los padres permisivos ("hijo, nos vamos el fin de semana fuera, quédate en casa si tienes que estudiar"), la libertad reinante y los hostales y hoteles que ya no te piden el libro de familia, pues -creía yo- es todo muchísimo más fácil, dónde va a parar. Vamos, que tenía yo por desterrados la palanca de marchas en los riñones, el asiento medio vencido y los polínganos oscuros del extrarradio. Pues no, se ve que existe un nuevo criterio: el exhibicionismo ("Me mola que me pillen y, si me ven, mejor": eso se llama dogging, me lo ha dicho mi cuñada).
Hacerlo en el coche une al exhibicionismo puramente sexual el exhibicionismo de marca/modelo/versión. O sea: "yo molo más porque no lo hago en un Ford Fiesta, sino en un Audi TT de última generación, te jorobas". El goce debe ser lo más de lo más de lo más, sobre todo si el que te pilla es conocido, el coche es deportivo y la pareja está buenorra. Luego hay matices: por ejemplo, si te lo montas en la trasera de un coupé, además de todo lo anterior exhibes que estás en una forma física envidiable, apta para contorsionismos varios. No es lo mismo el espacio de un SUV (allí hasta un gordo mórbido puede hacer de las suyas) que el de un ciudadano, ¿no? Vamos que se podrían establecer hasta ránkings y votaciones.
Pero bueno, a lo que iba. Toda esta filosofía barata me vino a la cabeza cuando ayer, a eso de las siete -que ahora ya es de noche-, a la vuelta de la esquina de mi calle (ahora está en obras, sólo pasamos por allí los vecinos y los que van a entrar en un par de garajes) y yendo de la manita con mi niño de 9 años, nos topamos con una pareja en la parte de atrás de un Ford Focus bien aparcado montándoselo completamente en bolas. Una pareja de dos hombres, para más inri. Yo hice como que no lo veía, temiendo las preguntas del enano.
El no dijo nada, pero,cuando estábamos ya en el ascensor de casa, frunció el entrecejo y dijo: "De esos dos señores, ¿cuál era el dueño del coche?". Me fui a preparar la cena, porque de las respuestas que me había ido preparando por el camino no me servía ninguna...
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El otro día, en la comida de mi empresa por esto de la Navidad, acabamos hablando de coches. En nuestra mesa éramos once o doce, más de la mitad chicas. Total, que uno de Adminsitración sacó e ltema de si el Golf está acabado o no y, no me acuerdo bien de cómo, uno o dos comentarios más tarde estábamos haciendo inventario de todos los tíos buenos que salen en los anuncios de coches.
Bueno, sí: la cosa empezó precisamente por el Golf, que todo el mundo sabe que molaba mucho más al principio, que era el bote de todas las esencias que luego se han disipado y que esto y que lo otro. La de Informática se puso a evocar entonces el anuncio aquel de: "Éste es un hombre que apostó al rojo y salió el negro, éste es un hombre que vio cómo su mujer se iba con su mejor amigo... pero éste es un hombre que tiene un Golf" (yo no me acordaba bien, pero la de Informática lo recitó de pe a pa, qué tía). Yo sí que recordaba las imágenes: un tío estupendo con el nudo de la pajarita desecho saliendo de madrugada de ¿un casino?. Bueno, el tío era un morenazo cachas, de eso nos acordábamos todas.
Y nada, de ahí salió el hilo que fue tejiendo la conversación sobre los tíos buenos en los anuncios de coches. Hubo más de una sorpresa, porque aquí los compañeros del curro -los hombres, ellos- que compartían mesa y mantel con nosotras no sólo recordaban un montón de anuncios protagonizados por hombres, sino que además les ponían cara y comentarios sobre lo guapos, lo musculitos o lo "maduros interesantes" que eran...
Luego, en el servicio, nosotras nos montamos unas buenas risas a costa de las sospechas de si el tal o si el cual ahora iba a resultar de la otra acera (de hecho, estamos seguras de que el gay power reina en nuestra empresa, bueno como en tantas otras...). Pero volvamos a los anuncios.
Uno de los más apreciados, por lo visto, era el de Harrison Ford con un Lancia (yo tpco. recordaba la marca, pero aquí el de Recursos Humanos lo tenía claro). A mí me venían a la cabeza los de Gasol con SsangYong y el de Nadal (¡eso son músculos!) con un Kia, pero resultó que la fama en el deporte no garantiza un aprecio físico: o sea, que estos dos muchachotes no nos ponen demasiado a las féminas. Bueno.
El Mégane y Alonso nos gustaban a todos-as, pero a todo el mundo le parecía que Schumacher recolocando sillas para simular un Múltipla tenía mucho más morbo...
Al final de la comida, tras el repasito que les dimos a todos los protas de los anuncios, resultó que no encontramos ganador claro, así que nos quedamos con el dueño de ese brazo tan sexy que sale por la ventanilla y siente cómo se le mueven los pelillos con el viento sobre un fondo de múltiples paisajes (montañas, desiertos, llanuras...).
A ese, al menos, cada uno-a nos lo imaginamos como nos da la gana.
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Ostras!!! La que se ha montado con mi post de las plazas de aparcamientos a minusválidos… Hay uno que me desea una paraplejia (¡¡¡¡¡). Ya dije que no es comparable la situación individual, pero la prueba de que mi idea no es tan descabellada es que en muchos países hay plazas reservadas para mujeres. Y no hablo de Uganda, sino de Alemania y otros países europeos.
O sea, no se trata aquí de quitar plazas a quien las necesita, pero está claro que hay más gente que las precisa y las mujeres –y más en una societé aún tan machista como la actual- pues son uno de esos colectivos.
El otro día leí en el 20 minutos que un parking ultramoderno que han abierto en Madrid tiene ese tipo de plazas, señalizadas y todo, cercanas a la salida y en lugares muy bien iluminados. ¿Os acordáis del asesinato de una mujer que sucedió en Cataluña, justo en un parking, hace unos años? A mí se me viene a la cabeza ese caso cada vez que me meto en un aparcamiento subterráneo, sobre todo si es de noche (de esas noches que sales con amigas y vuelves tarde). Son lugares sombríos, solitarios, casi sin vigilancia (mucho anuncio de que tienen cámaras y vigilantes, pero luego no se ven cámaras más que en las entradas…) y dan un miedo que paqué….Sólo piensas en llegar cuanto antes a tu coche, meterte dentro y echar el cierre centralizado.
Y casi es peor cuando no estás sola, porque dé la casualidad de que, por ejemplo, un chaval joven vaya a recoger su vehículo o un señor camine detrás de ti arrastrando las suelas de los zapatos o, peor que peor, cuando sí vas sola pero te parece que te sigue alguien porque vas oyendo el eco de tus propios taconazos. Bueno es que las experiencias en los parkings son historias de mu-chí-si-mo mie-do.
Por eso se agradece que, sabiendo que pasa lo que pasa, en muchos países –y ya tb en España, aunque sea en pocos sitios- haya plazas de aparcamiento reservadas a las mujeres, para que estemos seguras, para que podamos salir pitando si alguien nos quiere atacar, para que no corramos riesgos cuando nos acompaña la prole y para que no tengamos que recorrer tantos metros cuando vamos cargadas de paquetes hasta los topes.
Lo siento, pero sí: REIVINDICO MÁS PLAZAS DE APARCAMIENTO PARA MUJERES EN LOS PARKINGS URBANOS Y EN LOS DE LOS CENTROS COMERCIALES.
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Miércoles de morros con mi marido: vamos con el coche al Xanadú, repletito hasta los topes, y no quedan más que –muchas- plazas de aparcamiento para minusválidos. Yo que quiero ocupar una, porque con tres niños de 9, 5 y 2 años me considero una persona de movilidad reducida. Y mi marido, todo legalista, que nanay…
Por Dios, que no se me echen encima las personas minusválidas, porque no se trata de igualar mi situación individual a la suya, no. Pero que tampoco me digan que cuando en un centro comercial, como era el caso, hay reservadas sopotocientas plazas a gente con movilidad reducida, justo al ladito de la entrada principal, hay que entender que esos preciosos aparcamientos son para personas que van todas en sillas de ruedas… No.
Se supone que van destinadas a ciudadanos a los que les cuesta desplazarse (y por eso, cuantos menos metros tengan que desplazarse, mejor) y que, además, pueden poner su vida en peligro cuando tienen que transitar por un lugar –con son los parkings- lleno de conductores despistados, con las mientes más en encontrar un hueco que en tener cuidado con los peatones que pululan entre los coches. Eso cuando no concurren otras circunstancias hiperpeligrosas: falta de iluminación, soledad con nocturnidad y alevosía (y mangantes al acecho), aire ponzoñoso por falta de ventilación…. la repera.
O sea, mi teoría es que esas plazas se reservan para ciudadanos con movilidad reducida entendida en un sentido amplio… y las familias con niños pequeños –y más aún una madre sola con niños pequeños, como soy yo muchas veces- son entes de movilidad más que reducida: quita cinturones y arneses, saca de sus sillitas a los más enanos, ten cuidado de que ninguno se te baje antes de tiempo, pilla tu bolso, saca el carricoche del maletero y desmóntalo con una sola mano (en la otra llevas al niño), pega un par de voces para que los otros dos no empiecen a andar si no están pegados a ti y van en fila india (si no, no se puede andar por el parking, porque te atropellan a la primera..).
En fin, que llegar del coche a la puerta de acceso al centro comercial es toda una odisea y –por la seguridad de los niños y de los propios padres- cuantos menos sean esos metros, mejor. POR TANTO: DECLARO QUE las plazas reservadas para ciudadanos con movilidad reducida son también para padres con niños pequeños (por todas las razones aducidas)
Pues mi marido se empeñó en que no y que no y que no, que nos podían poner una multa o llamar a la grúa o rayarnos el coche o… y acabamos aparcando en la otra punta del superparking del Xanadú.
Y menuda “odiseaketekagas” hasta que logramos llegar sanos y salvos a la entrada….
A ver, ¿quién tiene razón, mi marido o yo???????????? (URGE RESPUESTA: aún andamos de morros….)
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El curso ha empezado, la gente ha vuelto, Madrid está a tope de coches. O sea, estamos otra vez todos en esta sopa de obras con atascos y sin sitio donde aparcar. Nervios de punta, natural. Así se me pusieron a mí ayer por la mañanita cuando fui a coger mi coche y había un pedazo de Mercedes (nada de clase, de esos de quieroynopuedo, traídos de Alemania y ex-taxi con el cuentakilómetros trucado), en segunda fila impidiéndome la salida.
Lo tenía visto del día anterior, cuando volví de comprar unos libros y ya estaba allí plantado, pero pensé que era alguien que estaba en el médico, dejando un paquete en algún sitio, comprando algo un momentito… pero no, porque el coche pernoctó en tal lugar, justo delante de mi Corolla aparcado en batería, y allí estaba por la mañana. A las ocho menos veinte de la mañana.
¿Qué podía hacer? Lo obvio: pitaaaaaaaaaaaaaaaaaaaar!!!!! Pero no; primero miré a ver si el conductor había dejado algún papelito tipo “estoy en el 5ºA del número 23 de esta calle” o algo así. Hay gente que se maneja habitualmente con esos avisos; un compañero mío de trabajo incluso tiene uno plastificado, lleno de porfavores y de perdones y de gracias que, según dice, le funciona de maravilla como salvoconducto para aparcar por doquier, incluso en estos tiempos de parquímetros.
Bueno, pues el tío del Mercedes no había dejado nada. Ocho menos cuarto. Medio barrio en la cama todavía –la edad media de la población de mi barrio debe de rebasar los 50, mucho jubilado- y ninguna solución salvo tirar de claxon y alarmar a medio Inserso. Yo entro a trabajar a las ocho; con el atasco cotidiano y septiembreril, llego tarde seguro. A por el claxon. Abro la puerta de mi coche, me quedo de pie junto a ella y aprieto el centro del volante con todo el peso de mis …taytantos kilos.
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Miro alrededor a lo alto, los balcones, las terrazas, las ventanas. Nada se abre. A la carga de nuevo.
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Dos cabezas con rulos en el tercero y el quinto, un señor que pasa por la acera me mira con ojos asesinos y se tapa los oídos. Nadie contesta. Ocho menos cinco.
No hay opción: Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!! Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!! Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!! De perdidos al río: Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!! Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!
“Ya bajo, ya bajo….. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡que le digo que ya bajo!!!!!!!!!!!!!!!!!” Ostras, mi vecino de arriba. La cagamossss……. En casa le llamamos en plan de coña “Kentucky Butcher” (el carnicero de Kentucky) por la pinta patibularia. Ni idea de que éste tenía un Mercedes. El tío me mira desde lo alto con cara de “quetemeto” y su mujer –una rubia con pinta de rusa- me grita también desde una ventana: “Ya bajar, ya bajaaaar”. Un diez por ciento de los del Inserso están ya de espectadores de este evento que se promete emocionante.
Y yo, encima, me siento culpable. O sea, bajo a la calle, mi coche está bloqueado por el macarra éste, que ni ha dejado nota ni nada de nada y encima soy yo la que se siente mal -¿o quizás tengo miedo?-. La mala leche me inunda, pa qué negarlo… Espero con cara de chula a que el tío aparezca.
Cinco minutos después –Dios, las ocho y diez de la mañana- el del Mercedes sale del portal con cara de desenfundar una Parabellum de un momento a otro y se dirige hacia su coche. Yo no me achanto: “¡Podrías haber dejado una nota, ¿no?, que llego tarde a mi trabajo, tío…!!!” Me sorprendo de mi audacia, no pasa nadie por la calle. Si el tío me mete un tiro, no hay testigos. Pienso en el caso Amilibia…
Bueno, siempre me quedará el lobby de jubiletas, que les encanta salir en la tele y contar lo que ha pasado. Lo mismo salgo en Madrid Directo.
El tipo sólo me mira, de arriba abajo, despacio, con cara de odio total, como si mi familia le hubiera movido un mojón de su parcela, como queriendo enviarme un rayo divino que me partiera en dos… Y así, en medio de la calle desierta, conmigo cargada de razón y con él cargado de morro, va el tío y me grita:
“Señora, es usted una GILIPOLLAS”
Se metió en el coche y se piró.
Aún no sé si me molestó más lo de señora o lo de gilipollas.
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La semana pasada tuve una de las peores experiencias de mi vida: se me cerró el coche con el bolso, las llaves, el móvil ¡y mi niño de 2 años! dentro. Un 21 de agosto, a las cinco de la tarde, con la calle cual desierto del Sahara y con el Corolla a 50 grados…No tengo ni idea de cómo pasó. Mi marido se había marchado y yo tenía que ir a recoger a mi otro hijo, que salía de un campamento urbano a las cinco y media. El caso es que bajo con mi enano en brazos (en la mano, mi bolso y la llave del coche), abro la puerta de atrás, lo siento en su silla, le abrocho las correas y, al hacerlo, me doy cuenta de que la silla está suelta (se ve que al cambiarla desde el coche de mi marido al mío no la habíamos sujetado con el cinturón de seguridad).
Pues nada, dejo el bolso y la llave sobre el asiento y me pongo a sujetarla: meto el cinturón de seguridad por detrás y, al ir a abrocharlo, no me llega la mano, así que cierro la puerta para entrar por la otra puerta y hacer “clic” con el cinturón sin dificultad. Pero, cuando voy a abrir la otra puerta –glubs!!!!- está cerrada, y las dos de delante también y el portón del maletero lo mismo.
Sola, sin llaves, sin móvil, en mitad de un día de agosto con un sol de justicia y el coche previamente calentado por una estancia prolongada al sol. Nadie a la vista, nadie en casa, ningún establecimiento público ni tienda abierta en las proximidades, en mi bloque sólo vive gente mayor… El niño, con sus dos añitos, mirándome desde dentro, de momento tranquilo.
Horror, terror, agobio, taquicardia, deseos de echar el tiempo atrás, que no haya sucedido, que yo no haya cerrado la puerta, que no haya depositado las llaves y mi bolso encima del asiento. No quiero ni imaginar el calor que hace dentro (con todas las ventanillas subidas, por supuesto).
Mis orígenes humanos más ancestrales llevan mi imaginación hacia una piedra, un pedazo de roca, un adoquín, algo que me permita romper la ventanilla. Pero esto no es la Edad de Piedra, estamos en el siglo XXI y en mi calle no hay piedras, ni el firme está adoquinado, ni hay un ladrillo suelto en ningún sitio. Crece el agobio, esto que siento debe de aproximarse bastante a la desesperación. Han pasado unos minutos, el niño empieza a tener montones de puntitos brillantes en la cara. Transpira, pero sonríe, un poco extrañado de qué está haciendo él dentro y yo fuera.
En esto, una pareja joven sale del portal de enfrente. Dios existe. Les cuento el caso, abren los ojos, les pido un martillo, algún objeto contundente. El chico sube a su casa a toda prisa, mientras ella me deja su móvil y llamo a mi marido (no está excesivamente lejos, pero esto es Madrid, hay obras, se tiene que mover por la M-30, viene a toda prisa, pero no hay tiempo).
El chico baja, no tiene nada en casa, está en su coche, corre hacia el aparcamiento y, al poco, llega con el martillo, unas gafas protectoras, dos destornilladores y un guante (me sorprende la previsión de la gente, yo en el coche llevo lo mínimo). Quieren quedarse a ayudarme, pero los disuado: voy a esperar cinco minutos más y, si mi marido no llega, rompo la ventanilla y listo. Se van, miro al niño, ya tiene el pelillo como las plumas de un pollito recién nacido.
No tengo reloj (yo siempre miro la hora en el móvil) y cada segundo parece una hora, no espero más. Me pertrecho; las gafas, el guante y el supermartillo (enorme, de esos que tienen un lado más romo, tipo maza, y otro más aguzado). En esto, pasa otra parejita y, al verme, me preguntan qué hago (quizás pensaron que era una ladrona hiperequipada). Se lo cuento, el chico se mete a redentor y con uno de los destornilladores intenta forzar la cerradura; sale crucificado, no lo consigue. Se van.
Ni un segundo más: levanto el martillo y, con todas mis fuerzas -y las del martillo-, asesto un golpe tremebundo contra la ventanilla del copiloto. El golpe resuena en todo el barrio, sumido en la hora de la siesta. El agobio se convierte en máxima desesperación: el martillo ha rebotado. ¿Pero este cristal es irrompible? Por Dios santo!!!!!!!!!! No tengo un coche blindado!!!
Furia desatada: a la mierda todo. Empiezo a golpear una vez, y otra, y otra, y otra, y otra (cada golpe, como una bomba en el barrio desierto). Y otra!!!!!!!!!!!!!!!!
Esta vez sí, al sexto mazazo, justo al lado del retrovisor, el cristal se rompió en mil pedazos, en añicos que salpicaron por los asientos delanteros, pero que no llegaron al enanito, que, ahora sí, lloraba asustado por los golpes. Le saqué empapado, pero sin nada más, aparte del llanto. Espero no haberle provocado algún trauma.
A posteriori, analizando esta “aventura” con mi marido, con amigos, con los compañeros de trabajo, hay varias interrogantes sin resolver (a ver si me ayudáis, que nunca contestáis a mis preguntas y hoy necesito respuestas, la verdad):
1.- ¿Por qué y cómo se cerro el coche?
2.-Ya que con el martillo me costó tanto, ¿cuál es el método más eficaz para romper una ventanilla?
3.-¿Había otra solución mejor que romper la ventanilla?
4.-¿Existe algún truco para esconder en algún lugar exterior del coche una llave que te saque de apuros en estos casos?
PS: El niño sigue bien, aunque ayer hizo algo que nos dejó con la mosca detrás de la oreja: cogió un martillo de juguete (de madera, de un juego que venden en Ikea), se fue al ordenador y la emprendió a golpes contra la pantalla. Una TFT nuevecita. 200 euros. ¿Necesitará un psicólogo?
Por cierto, me acaban de enviar un enlace de una web americana relacionada con este tema… Os lo cuento mañana o pasado.
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Alucino con el director de la degeté… Venga ponernos los puntos sobre las íes (y sobre las bes y sobre las zetas y sobre las mismísimas…) hasta que le hemos cogido una tirria de las que hacen época y ahora va y se descuelga con una entrevista en plan “qué sencillo y humano soy”. En serio, no sé si se ríe de él o de nosotros…
Claro que el entrevistador no le da mucho cuartelillo, porque así, para empezar la entrevista (El Mundo del viernes pasado), le describe como una mezcla de Buenafuente y de Conde Draculín… ¡!!!!!!!!!! Y añade el tío, a modo de chascarrillo, un “al rico helado de piña para el niño y la niña”. Mi marido y yo estábamos en la piscina del bloque y nos partíamos. Todo un director general reducido a un personaje de Barrio Sésamo… Vivir para ver.
Aquí mi media naranja y yo tuvimos la feliz idea de bajarnos a la piscina al salir del trabajo –y eso que yo avisé de que calor-calor no hacía mucho- y al primer chapuzón nos subió la piel de gallina y ya nos centramos en el periódico y dejamos el agua para otro día. Total, que tirados en el césped (con otros vecinos optimismas, igual de escalofriados que nosotros), empezamos a chafardear sobre las noticias del día y, claro, la entrevistita de marras fue el centro de una tertulia que llegó a parecerse a una reunión de comunidad en plan “aquí no hay quien viva”
A mí no me gustó mucho que dijera que vamos todos dopados al volante, porque tomamos café o cocacola o “lo que más nos pone”. ¿Está diciendo que los conductores somos todos unos drogatas? O sea, que las cosas que me suelen pasar a mí van a ser por una sobredosis del nescafé…
Los del cuarto –una pareja joven que pasan los fines de semana reunidos en el parking del Kinépolis- pusieron el grito en el cielo cuando oyeron a mi marido leer que “el tunning detecta falta de madurez” (así lo decía Perito Navarro). Bueno… y el tío afirmaba que llevar ahora una tomtom equivale a lo que nuestros padres hacían pegando un sancristóbal en el salpicadero….. Pero este hombre sabe algo de coches y de tecnología???
Otra perla de caerte de culo: que en el desayuno de los funcionarios es esencial la tortilla de patata y el “slowlife”. ¡Joder! Por eso hay esas colas en las jefaturas de tráfico cuando uno va a renovar el carné… Que el superjefe les ha dicho que tranquis, que a degustar la tortilla sin atragantarse, que los que tienen el número 3.500 ya volverán mañana… que la vida tiene que ser “slow”…
Claro que con lo que todos acabamos por desternillarnos fue con su idea final para hacernos unos conductores prudentes: llevar una foto suya en el salpicadero con la leyenda: “Corre mucho”. Según él, con el espíritu de contradicción que nos posee, iremos todos como caracoles.
El portero, que es un manitas, ya me ha enseñado un prototipo del invento con una foto plastificada del de la DGT y piensa ir al Rastro el domingo y ponerlo en el puesto de un amigo, a ver si hay suerte….
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Los Goma Espuma comentaban en un programa que, antes, los guardias civiles que te encontrabas por la carretera eran como unos padres y que, ahora, son como unos hijos. Pozí… Cada día son más jóvenes, pero hay cuerpos que, además de jóvenes, tienen miembros que están como un queso (esto me está quedando un poco doblesentidesco…).
Me refiero –servidora vive en Madridkapital- a los Agentes de Movilidad Urbana, que son todos jóvenes, muchos de ellos kachas y que, aparte del uniforme, que siempre da morbo, pues gastan complementos –como gafas tuneras- que le ponen un poco de desorden a esto de la AUTORIDAD (que es que hay que ponerla con mayúscula, de pesados que se están poniendo con los puntos y los radares y la velocidad y los requetemalos que somos todos los que vamos en coche…).
El otro día, yendo en taxi, le hice una foto a uno, así a modo de ejemplo para el blog, pero lo pasé fatal pensando que el tío me iba a descubrir y me iba a meter un paquete (ay, otra vez doblesentidesca…). Pero no, no me vio (tengo un futurazo si me meto a paparazza).
En la poli municipal también hay relevo generacional; tampoco son ya como unos padres, son como unos hijos. Estas navidades (hace tiempo, sí, pero pasé tanta vergüenza que no me lo quito de la cabeza), iba yo en mi Corolla con mi niño de 7 años y, en llegando a la calle Princesa desde Conde Duque, que no me dejan torcer hacia Plaza de España, sino que hay una dirección obligatoria a la derecha, hacia Argüelles y hacia el pedazo de colapso provocado por El Corte Inglés y las compras navideñas. Ja, a mí con ésas….
Miro a un lado, miro a otro y… sin peligro alguno para nadie, giro a la izquierda y me paro en el semáforo a la altura de la plaza de los Cubos. Mi hijo, detrás, en la silla, canturreando. De pronto, de no sé dónde, surge una furgona con luces azules –sin sirena, menos mal- y se me pone al lado, en el semáforo. Yo, digna, mirada al frente. El semáforo, aún rojo (mierda!!!!). Mi hijo: “Mamá, esos chicos de al lado te están diciendo cosas”. Yo, digna, mirada al frente. Mi hijo: “Mamá, te dicen algo, han bajado la ventanilla”.
Yo, me acochino, giro la cabeza y me encuentro la cara de un mozalbete mirándome desde lo alto de su ventanilla y haciéndome una señal con el índice (de ésas de “se me pare un momentín aquí al lado, que vamos a tener unas palabritas”). Me arrimo, bajo mi ventanilla, el mozalbete se baja (otros tres mozalbetes uniformados miran desde sus asientos) y me pide la documentación del coche, la mía, las mira, ve que no están caducadas ni nada y me dice: “¿Me puede explicar lo que acabo de ver?”. Veintitantos, pelo a cepillo, serio en su papel… que si se lo puedo explicar: sí, me ha pillado de marrón, he infringido una señal absurda, porque me metía en un atasco de no te menees, que tengo un enano de tres meses en casa y no llego a darle de mamar…
Pero no le digo nada de eso. Me hago la loca, no he visto bien ¿qué señal?, me lo explique…. Y el chavalín aprovecha para echarme una charla sobre que es una infracción que te cagas de grave, que cuando llegue el carnet por puntos me voy a quedar despuntada, que además con mi hijo vaya ejemplo…. O sea, una charla de padre, de esas que te tienes que tragar enteritas con la cabeza gacha y enmarronada hasta no poder más. Luego, tb en plan padre, me dice que me perdona, que no me pone multa, pero que sea la última vez y que no me olvide de lo de los puntos y blablablabla. Y yo que sí, que sí, que gracias-gracias, pero que muchas gracias….
El castigo fue aguantar hasta casa al enano: pero que por qué me había dicho eso, que si era un soldado, que si qué es eso de unos puntos, que si esto se lo puedo decir a papá o no….. Me tragué la charla de padre y el castigo del hijo. Joderrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Otros casos de colectivos que antes eran como unos padres y ahora son como unos hijos: la nueva generación de taxistas, que no arrancan en tercera y casi calando el motor, sino que van a todo trapo (a 100 km/h me acaba de llevar uno por la bajada de la calle Comercio) y llevan Tomtom y botella de agua al lado y gafas de montura blanca. Otros: los nuevos camioneros, que ya no te encienden el intermitente derecho para que los adelantes cuando comprenden que tú no tienes visibilidad (así lo hacían en mi niñez, cuando viajábamos en un Renault 12 por la carretera de Burgos), sino que se adelantan unos a otros a todo trapo y se ponen en el carril de la izquierda en la autovía cuando tú estás llegando –a mmmmtantos por hora- a su altura y estás a punto de estrellarte contra su lona (o te salta el Bas del freno y te quedas clavado y viendo cómo te va a embestir el de atrás). Cuando logras rebasarlos, te das cuenta de que son jóvenes, demasiado jóvenes para llevar con conciencia un cacharro tan grande… Son unos hijos, no unos padres.
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Tiene que haber alguna razón para que los tíos lleven tanta bola, dado y/o llavero king-size colgado del retrovisor. Porque digo yo que mejorar la visibilidad no la mejora –no sé ahora mismo si por eso te quitan puntos- pero es que además son de tal tamaño que es imposible no ver su bamboleo –balambalán balambalán- delante de los ojos. Como tener los mismísimos siempre presentes. Un psiquiatra haría maravillas con esto….
Bueno, yo no soy psiquiatra, pero es que últimamente le he dado vueltas a esto de los colgajos a fuerza de ver bolas pendiendo de espejos en todos los parkings, desde los del híper hasta las plazas de garaje de los jefazos de mi empresa. Y no lo pienso yo sola, que tengo una amiga que es de lo más feminista y me da unas charlas que paqué. Esto de los colgantes tiene que tener un fondo freudiano seguro.
Total, que me he lanzado cual paparazzi con la cámara por las calles de mi barrio y me he liado a hacer fotos. Primera conclusión: los accidentes no se deben a que la gente vaya deprisa, no, se deben a que la gente…¡¡¡¡¡¡¡NO VE!!!!!!! Vamos, sí ve, pero no la carretera completa sino, a saber: media carretera y el escudo del Real Madrid en tamaño prácticamente natural; un trozo de semáforo y dos dados gigantes de felpa en color chillón-tunero; un peatón sin cabeza que cruza y Micky Mouse con muelle (recuerdo de las fiestas de su pueblo, casi seguro).
Y a pleno rendimiento de muelle y/o cordón sujetador, en –pongamos por caso- una calle con baches o la misma M-30, el penduleo llega a tales extremos que ¿creéis que ven estos conductores lo que está pasando en la calzada? Pues, como en el chiste, “ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no…”.
Lo he visto con estos ojitos que se pirran por House: pasan por delante de la poli y los agentes ni se inmutan (yo me puse a señalar y a hacer aspavientos a uno en un semáforo, para que se diera cuenta de que el conductor que tenía al lado era un peligro público total, y el de la pasma no sólo no se coscó, sino que además me miró con ganas de sacar un alcoholímetro y metérmelo en la boca).
Hice el acusica-chivato-gafotas para nada (bueno para nada no, para algo: para tener tarde de toros con mi media naranja -sí, con mi marido- que me metió un discurso sobre que cada tía conductora lleva un guardia civil dentro -y blablablabla- que no paró hasta Las Rozas…en fin).
A ver qué os parece a vosotros, pero de mis observaciones y pesquisas he sacado estas tres conclusiones:
1.-Los hombres llevan figuras cataplinosimbólicas; las mujeres, muñecos (que lo mismo tb es cataplinosimbólica, eso hay que reflexionarlo).

2.-Estamos ante un grave problema de seguridad vial al que aún no se le ha visto su auténtica dimensión (lo del iceberg y demás)
3.-Pere “degeté” Navarro tiene aquí un filón para explotar aún incólume, pero al tiempo….
No quiero terminar este post sin dedicar –emocionada- esta investigación a mi abuela y sus tapetes hechos con rodajas de tapones de vino Savin que mi padre llevó siempre en la bandeja trasera, al lado de un cojín y con la pena de que ningún hijo le llegáramos nunca a regalar el perrito chihuahua que movía la cabeza a ritmo de la amortiguación ausente.
Lo de Papá no corras tampoco pudo ser, pero es que éramos muchos hermanos y no había sitio para poner la foto de todos…. Sorry, daddy.
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Lo siento, chicos.... He estado unos días desconectada de vacaciones por los sures de España. Por cierto, menudo filón hay allí en esto de los coches: cualquier problema te lo solucionan en un pis-pas. Vamos, que nos sucedieron unas cositas que ya las tengo memorizadas para contárselas a mis nietos cuando lleguen ¿o qué me decís del menda este de la foto???????
Bueno, en fin, que nos pasó de todo. Antes de nada, mejor os aclaro lo de la foto -por si alguien aún lo ve turbio-: es que llegamos a Córdoba y alucinamos en colores, primero porque no encontrábamos el hotel ni a tiros (y eso que conducía mi marido y llevábamos un supernavegador de la muerte...).
Bronca que te crió porque perdernos, nos perdemos, pero -eso sí- antes muertos que preguntar...
Total, que seguimos lo que decía la tía del navegador -cosas como "las dos carreteras se juntan delante" cada vez que había una incorporación en la autopista...- y nos vimos callejeando, y estrecha-callejeando, y megaestrecha-callejeando y , al final, claro, llegamos a un estrechamiento que ya no se podía más y allí ya mi marido dijo que ésa no podía ser la entrada del hotel -naturaca!!!!- y que además no se veía capaz de dar la vuelta ni cogiendo el coche en brazos (porque tampoco hubiéramos podido abrir las puertas, talmente aprisionados por dos paredes blancas). O sea, glubs, no hay salida y ...¡la evacuación del vehículo es IM-PO-SI-BLE!!!!!!
Al borde del colapso familiar -eso le pasa por no preguntar, está claro-, de no sé dónde empezaron a salir varones autóctonos que se ve que se solidarizaron con el varón foráneo -a saber, mi agobiadísimo marido- y empezaron a dar indicaciones cada uno por un lado que básicamente obedecían a la estrategia "patrás, patrás, todo patrás" y que aquí mi esposo siguió más agobiado por la cantidad de consejeros que por el problema en sí. Al final, cuando ya casi lo habíamos conseguido y nuestros ayudantes se habían relajado, mira tú por dónde aparece otro espontáneo, dueño del bar del barrio, y les lanza tres bufidos porque "¿cómo no ayudái a ese hombre, por Dió?". El hombre en cuestión ya tenía algo más de anchura, metió el culo -del coche- por una bocacalle y tiró para la orilla del Guadalquivir a ver si el navegador encontraba el camino.
Pillé mi móvil, llamé a la recepción y la chica nos dijo cómo entrar al hotel, saltándonos toda la zona peatonal de la Mezquita -que están de obras y que es la única forma posible, que no, que no, que no nos ponen multa, que sí, que seguro, que el hotel está allí mismo, que sí, que podemos aparcar en el párking del hotel, en cuanto lo encontremos, claro, pero que no tengamos miedo, que allí a la gente de fuera la tratan bien....-.
Mi marido y el navegador, hundidos en la miseria.
Yo ya me coloqué con la cámara en ristre en cuanto vi el percal y que allí había tema seguro. Se me escaparon un par de chicas monísimas que iban en moto de punta en blanco -sin casco, claro- y con el bolsito graciosamente colgado del manillar. No sé si pensé en Vacaciones en Roma o en alguna de Doris Day, pero se me fue el santo al cielo y se me escapó la instantánea.
Eso sí, cuando un jubileta se nos puso al lado, con el semáforo en rojo y a cuarenta y un grados al sol (no pude medirlo a la sombra, pero da igual, estábamos al sol en ese momento y en casi todos, porque caía a plomo...) y me percaté del superinvento sigloventiunero del buen señor... lo inmortalicé (yo creo que tengo madera de paparazzi, voy a ver si me reciclo). Cágate lorito: ¡CONDUCE CON UNA GAMUZA PARA NO QUEMARSE LOS DEDOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
En Madrid, los jubilados se contentan con observar, comentar, criticar... las obras varias que tenemos por doquier. Allí se vuelven creativos...
Y no quiero acostarme -coño, es ya la una y media de la madrugada- sin contaros la última: salimos de Zahara, rumbo -presunto- a Barbate, todo provincia de Cádiz. Carretera paralela a la costa, algo mala, estrecha, sin arcenes... bueno, casi lo normal. Todo parece indicar que la cosa va bien hasta que.... ¡TACHÁÁÁÁÁÁÁNNNNN! aparece en la margen izquierda, de frente a nosotros el pedazo de cartel que os he pegado aquí: "ESTA CARRETERA NO COMUNICA CON ZAHARA DE LOS ATUNES".
Ahhhhhhhh, claro, ahora, a los seis kilómetros. O sea, que la peña sabe que el personal se pierde en esa carretera, que todos creen que van a Zahara, pero no, listillos, esta carretera NO va a Zahara (tampoco dice a dónde, pero a Zahara no). Toma ya!!
Y claro, nos dimos la vuelta y pusimos el navegador...
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El jueves pasado estuve en el superconcierto de Estopa.... (con mi hermano, que a mi marido éstos no le molan nada) y, en medio de una canción, me doy cuenta de que hasta la música se inspira en los coches. Los Estopa, sin ir más lejos, están llenos de ejemplos (que supongo que por eso me vino este tema a la mente cuando estaba dando saltos y gritando cual energúmena en las gradas de Las Ventas). ¿Os acordáis del muñegote de Jesulín de Ubrique, que le preguntaran lo que le preguntaran siempre respondía "eso es como los toros"???? Pues en la vida, hagas lo que hagas, se podría decir que "esto es como en los coches"... empezando por la música y las canciones ¡ay! de nuestra vida.
Los Estopa trabajaban en una empresa del "sector auxiliar", no sé si en la Zona Franca o dónde, pero cerca de Barcelona. Una de sus canciones cuenta más o menos lo que hacían en el día a día y la presunta alienación que eso les causaba: "Pastillas de freno". ¿Como cuánta gente cabe en Las Ventas??? Ni idea, pero estaba hasta la bandera y todos gritaban/gritábamos y coreábamos -a un concierto no vas a escuchar a los cantantes sino a cantar tú acompañado de una masa enfervorizada y entregada de antemano, como si fuera un rito primitivo-masivo- pue eso que repetíamos verso a verso todo lo que se hace en una cadena de montaje, los gritos del encargao, lo mal que está la nómina.... para mi gusto les falta un pelín de matiz sobre la deslocalización (propongo, con la música del estribillo, los estoperos ya me entenderán: y ahora los checos/ el curro nos han quitao/ y es que como cobran menos/ los jefazos se han coscao/ las líneas se han llevao/ las naves han cerrao/ y ahora todos nos comemos las pastillas de freno... ).
Y hay más, su primera canción famosa, La raja de tu falda, ¿de que habla? de coches: "por la raja de tu falda yo me di un piñazo con un Seat Panda...". Otra de sus primeros tiempos (Cacho a cacho) cuenta las hazaños de unos mendas recién salidos de la cárcel que van en un Laguna a todo trapo con Deep Purple en el radiocasete: "Acelera un poco más, porque me quedo tonto y vamos muy lentos" Si lo oye Pere Navarro, el de la DGT, es que se queda tieso de la impresión.
En el último disco han hecho un brindis al sector profesional: "y me cojo un taxi, sólo son las dos y dieeeez, en la radio suena so-la-men-te música en inglés, oh yeaaah".
Bueno, y en el vídeoclip de "No quiero verla más", ¿a qué gran leyenda de la automoción homenajean????????? A la más grande, a la más inquietante, a ella: ¡¡¡¡¡¡¡¡A LA CHICA DE LA CURVA!!!!!!!!!
Claro que ahora los de Cornellá se han hecho amigos de gente con posibles -el Buenafuente, entre otros- , se montan en el establishment y en un coche con el Neng y van y se lo montan de "no corras, chaval" (rememorando una copla de cuando éramos pequeños: "Acuérdate de tus niños, que te dicen con cariiiiiiiiiiñoooo, no corras muucho papáááááááááá´....!!!!!!!". Seguro que ya os sabéis el cachondeo que hubo con el anuncio de marras, porque va de seguridad y los tres aparecen sin cinturón de seguridad. Ahora lo siguen echando, pero les han pintado un cinturón -con el Photoshop de la tele, que se ve que hace milagros...-. Es que te partes.
Pues nada, que en estas meditaciones entré yo en pleno concierto... que si mis hermanos se enteran, -y si me leen ahora, se van a enterar- ya tengo sambenito para unas cuantas comidas familiares...
Pero ¿a que tengo razón, a que la música tiene mucho que ver con los coches? Grandes seres mitológicos de nuestro pop se han matado en la carretera (porque se pasaban la vida en un coche, de aquí para allá, de pueblo en pueblo), cuando se hacen famosos, se compran un cochazo, o varios. Montones de canciones tienen que ver con los coches: "Vamos de paseo -pi-pi-pi- en un coche feo...", "Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000", "Yo para ser feliz quiero un camión"... ¿a que se os ocurren unas cuantas?
Y no creáis que esto es sólo en el sector pop, qué va... La semana pasada, pongo Radio Nacional a eso de las cuatro menos cuarto de la tarde y caigo en "Clásicos Populares". ¿De qué hablaban? ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡De coches!!!!!!!!!... Contestaban a un oyente interesado por saber qué música adornaba un anuncio de un coche (que, por cierto, no me enteré de qué anuncio era, a ver si vosotros lo sabéis). Al parecer se oye una soprano cantar con una música que es de Rashmaninov, fíjate tú adónde hemos llegado....
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Viernes por la tarde, ¿en qué estás pensando? Pues en lo que vas a hacer el finde, natural. Bueno, pues yo no, yo iba conduciendo concentrada, tan terne. Me meto por una calle con coches aparcados por todas partes, en lo dos dos lados y en una epecie de columna vertebral central de dos coches de gruesa... En fin, una calle de mi barrio, que con las obras de la M-30 es la trampa retrampa. Bueno, pues iba en estas -a la velocidad insana de 25 km/h, al punto del colapso sensorial y la visión de túnel según un tío de la DGT que vi en la tele- cuando se me tira delante -lo juro, se me tira- un chaval de unos diecitantos -yogurín total, vestido algo pijillo, media melena, un poco el estilo de Chase, el de House.
Me hubiera encantado haberle tener una foto, pero en un momento así -un segundo que lo mismo te cambia la vida- pues como que no puedes.
Frené como si tuviera delante al mismo diablo, me cayeron gotas de sudor al estilo de Shin Chan.... y la lengua se me quedó agarrotada con un "¡gilipollas! ¿dónde vas?" atascado... Bueno, pues el tío nada, sigue cruzando -mirada al frene e impasible el ademán- y amí me empieza a hervir la sangre, echo el freno de mano, abro al puerta, me bajo y le doy un grito al estilo "moranco-joshua!" que todas las comadres salieron a la ventana. Pues el yogurín... ni se vuelve. Calculo el riesgo -he dejado el coche encendido, con las llaves puestas, ay, que me lo roban, pero no hay nadie, el Chase se escapa- y me voy para su espalda, le agarro del hombro...
...y el tío se vuelve con una cara de sorpresa de la leche y parece que va a empezar a hablar -sobre mis gritos- porque a estas alturas yo le estoy pegando una energumenada de gritos..
Entonces -con el contexto de su cara de medio asustado y todo extrañado- se saca de los oídos los pinganillos y del bolsillo un aparatito y lo apaga y me dice, ¿qué le pasa?
Y yo, de toda gritos, paso a muda, porque lo acabo de entender todo y me quedo de piedra y pienso que tengo unos hijos yo también , aunque ahora son pequeños, y que en nada se me hacen adolescentes y gilipollas todo de golpe.... y lo mismo me los atropella alguien porque van enganchados a Estopa o a Cold Play o al mismísimo Manolo Escobar, que parece que se vuelve a poner de moda.
Perdonadme el arrebato, es que aún no me llega la camisa al cuerpo.
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En mi calle hay un tío que vende su coche por ventanilla, o sea, con un papel pegado en la mismísma. ¿Pero eso funciona? Mi hermano dice que él vendió su primer R-5 así: pegó el anuncio en la ventanilla, se fue al Rastro una mañana, aparcó mal y cuando llegó a casa empezaron a lloverle llamadas. Claro, se ahorró pagar un anuncio. Vale, antes sí, ¿pero ahora?
Son los tiempos de Internet, meter un anuncio es gratis, puedes colarte en un foro y describir tu modelito de arriba a abajo, hasta hacerte un blog sólo de tu anuncio.. en fin ¿por qué alguien pega un anuncio cutre en la ventanilla de su coche? ¿Alguien sabe si eso funciona?
Además, yo es que le veo mogollón de desventajas. El cartel no se lee de lejos, estás dando tu teléfono y relacionándolo con tu coche y con tu vecindario. Lo mismo una banda organizada de esas te busca un mal encuentro...
Sin embargo, es verdad que se siguen viendo muchos casos de estos. Un colega del trabajo me ha dicho que es que no se trata de gente particular que vende su coche -que es lo que parece- sino de empresas medio fraudulentas que ponen a la venta muchos coches. Vamos, como compraventas tipo Canalcar pero sin edificio, ni razón social ni pagos a Hacienda.
Mi compa el enterao dice tb que para despistar suelen colocar números de teléfono distintos en cada coche (y siempre móviles), que corresponden al de su madre, su padre, su hermana.... así no parece que en realidad son una empresa. A-LU-CI-NO. ¿Y Hacienda no hace nada? Yo estoy ahora con la declaración de la renta y me cago la pata abajo cada vez que pienso que me pueden pillar en algo... ¿Y a éstos no les pasa nada??????????????????????????????????????'
Si mi colega laboral tiene razón, ¿están permitiendo una estafa sin hacer nada?