Unos hijos…y como un queso

Los Goma Espuma comentaban en un programa que, antes,
los guardias civiles que te encontrabas por la carretera eran como unos padres y que, ahora, son como unos hijos. Pozí… Cada día son más jóvenes, pero hay cuerpos que, además de jóvenes, tienen miembros que están como un queso (esto me está quedando un poco doblesentidesco…).
Me refiero –servidora vive en Madridkapital- a los Agentes de Movilidad Urbana, que son todos jóvenes, muchos de ellos kachas y que, aparte del uniforme, que siempre da morbo, pues gastan complementos –como gafas tuneras- que le ponen un poco de desorden a esto de la AUTORIDAD (que es que hay que ponerla con mayúscula, de pesados que se están poniendo con los puntos y los radares y la velocidad y los requetemalos que somos todos los que vamos en coche…).
El otro día, yendo en taxi, le hice una foto a uno, así a modo de ejemplo para el blog, pero lo pasé fatal pensando que el tío me iba a descubrir y me iba a meter un paquete (ay, otra vez doblesentidesca…). Pero no, no me vio (tengo un futurazo si me meto a paparazza).
En la poli municipal también hay relevo generacional; tampoco son ya como unos padres, son como unos hijos. Estas navidades (hace tiempo, sí, pero pasé tanta vergüenza que no me lo quito de la cabeza), iba yo en mi Corolla con mi niño de 7 años y, en llegando a la calle Princesa desde Conde Duque, que no me dejan torcer hacia Plaza de España, sino que hay una dirección obligatoria a la derecha, hacia Argüelles y hacia el pedazo de colapso provocado por El Corte Inglés y las compras navideñas. Ja, a mí con ésas….
Miro a un lado, miro a otro y… sin peligro alguno para nadie, giro a la izquierda y me paro en el semáforo a la altura de la plaza de los Cubos. Mi hijo, detrás, en la silla, canturreando. De pronto, de no sé dónde, surge una furgona con luces azules –sin sirena, menos mal- y se me pone al lado, en el semáforo. Yo, digna, mirada al frente. El semáforo, aún rojo (mierda!!!!). Mi hijo: “Mamá, esos chicos de al lado te están diciendo cosas”. Yo, digna, mirada al frente. Mi hijo: “Mamá, te dicen algo, han bajado la ventanilla”.
Yo, me acochino, giro la cabeza y me encuentro la cara de un mozalbete mirándome desde lo alto de su ventanilla y haciéndome una señal con el índice (de ésas de “se me pare un momentín aquí al lado, que vamos a tener unas palabritas”). Me arrimo, bajo mi ventanilla, el mozalbete se baja (otros tres mozalbetes uniformados miran desde sus asientos) y me pide la documentación del coche, la mía, las mira, ve que no están caducadas ni nada y me dice: “¿Me puede explicar lo que acabo de ver?”. Veintitantos, pelo a cepillo, serio en su papel… que si se lo puedo explicar: sí, me ha pillado de marrón, he infringido una señal absurda, porque me metía en un atasco de no te menees, que tengo un enano de tres meses en casa y no llego a darle de mamar…
Pero no le digo nada de eso. Me hago la loca, no he visto bien ¿qué señal?, me lo explique…. Y el chavalín aprovecha para echarme una charla sobre que es una infracción que te cagas de grave, que cuando llegue el carnet por puntos me voy a quedar despuntada, que además con mi hijo vaya ejemplo…. O sea, una charla de padre, de esas que te tienes que tragar enteritas con la cabeza gacha y enmarronada hasta no poder más. Luego, tb en plan padre, me dice que me perdona, que no me pone multa, pero que sea la última vez y que no me olvide de lo de los puntos y blablablabla. Y yo que sí, que sí, que gracias-gracias, pero que muchas gracias….
El castigo fue aguantar hasta casa al enano: pero que por qué me había dicho eso, que si era un soldado, que si qué es eso de unos puntos, que si esto se lo puedo decir a papá o no….. Me tragué la charla de padre y el castigo del hijo. Joderrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Otros casos de colectivos que antes eran como unos padres y ahora son como unos hijos: la nueva generación de taxistas, que no arrancan en tercera y casi calando el motor, sino que van a todo trapo (a 100 km/h me acaba de llevar uno por la bajada de la calle Comercio) y llevan Tomtom y botella de agua al lado y gafas de montura blanca. Otros: los nuevos camioneros, que ya no te encienden el intermitente derecho para que los adelantes cuando comprenden que tú no tienes visibilidad (así lo hacían en mi niñez, cuando viajábamos en un Renault 12 por la carretera de Burgos), sino que se adelantan unos a otros a todo trapo y se ponen en el carril de la izquierda en la autovía cuando tú estás llegando –a mmmmtantos por hora- a su altura y estás a punto de estrellarte contra su lona (o te salta el Bas del freno y te quedas clavado y viendo cómo te va a embestir el de atrás). Cuando logras rebasarlos, te das cuenta de que son jóvenes, demasiado jóvenes para llevar con conciencia un cacharro tan grande… Son unos hijos, no unos padres.