ERAN POCAS Y PARIERON...

Publicado 14 diciembre 06 04:12 | juanpalomo1 

Los días de espera pasaron. Los aburrimientos comunicativos fracasaron y las emisoras locales proliferaron. Si quieres, puedes aplicar el cuento a las de Écija.

A raíz de una serie de puntualizaciones escuchadas en un par de medios de comunicación local en relación con este tema, se remueve ese gusanillo que cada uno lleva en su interior y me apetece también pronunciarme sobre las ondas de las radios que pululan nuestra despejada atmósfera. Ahora bien, por escrito y no a través de un micrófono. Vaya de antemano mi reconocimiento a los que comparten este medio, pero no puedo evitar decir como veo el panorama, en general, desde un globo aerostático. Esta opinión no tiene por qué ser restringida a una ciudad determinada y no pienso pedir perdón por si alguna persona se siente ofendida, ya que eso demostraría que se identifica con la de mi punto de vista particular y que tengo razón en lo que digo.

Como la contaminación en las ciudades de provincia, como Écija por ejemplo, es escasa, pues hay que fastidiar y contaminar con algo: ¿Qué tal con las ondas radiofónicas? Algunas más nocivas que otras, ya que varía la leche de los que suelen influir en el parto, dando lugar a los más diversos disparates sonoros.

En las emisoras, ocurre como en la vida misma, son hijas que no sabes como van a salir: las hay políticas, criticonas, futbolísticas, estudiantes y algunas que no se sabe ni lo que son o no sé como calificarlas. Las que presumen son las menos profesionales e incitan a formular las siguientes preguntas: ¿Quienes de estos “progenitores” son profesionales? ¿Llevan un sello pegado en la frente? Si es así, yo todavía no he visto ninguno con sello. Avísenme quien tenga la suerte. En las emisoras propiamente locales, lo normal es que sus miembros hayan surgido de la afición, igual que a otros les gusta las carreras de galápagos. Esa profesionalidad de la que se habla –y de la que algunos presumen-- radica en la mejor intención de cada cual a la hora de hacer radio y dejémosnos de pamplinas acústicas que pueden dañar los indefensos oídos.

Lo importante de estas radios es que cada una vaya a su onda o a la que mejor le baile. Como ocurre en la tele, aquí también la mayoría son estafas radiofónicas con programas enlatados o importados y nada de producción propia local, bueno, casi ninguna, ya que estas últimas se pueden contar con dos quintos de los dedos de una mano.

Las emisoras radiofónicas son algo parecido a los programas musicales de la tonta (me refiero a la tele, no sean mal pensados), donde el 99 por ciento son “playback”, y un uno por ciento, pongamos como ejemplo operación triunfo, ponen por lo menos la voz en directo, que ya es algo. Pues bien, trasladando este símil al de las emisoras, puede aplicarse cada una el cuento, de esos que se cuentan en los colegios, aunque da la casualidad de que precisamente en el mío no se cuenta.

Analicemos ahora a los tipos de individuos como tales, que pueden esconderse detrás de un micrófono.

Dentro de los personajes característicos de estos medios de comunicación, existe el “saltimbanqui”, ese que va de micro en micro, de emisora en emisora, y no sabe donde va a poner el huevo --el derecho o el izquierdo, según--, aunque les puedo asegurar que va a ser en una silla, pero apuesten cual será el próximo que ponga, y comprobarán como no aciertan, ya que es el elemento imprevisible e invisible, que se oculta sobre un sarcasmo de palabras y hoy se le escucha y mañana no. Son especimenes en extinción pero que se aferran al panal que más miel dá (cuidado de nuevo con los mal pensados que está bien escrita la expresión y no he dicho mier-da).

Después está el locutor que a unos hace reír y a otros hace llorar. Es el "polivalente", el hombre para todo, el más limpio. El detergente “Mi color” se queda en pañales a la hora de lavar la ropa. No obstante, se dice que siempre la experiencia es un grado y cuando en pleno verano estamos en los 45, él y muchos de sus simpatizantes tienen 46, ya que el sofocón es propio de la época. Es el usual caballero trajeado medieval que utiliza como arma de ataque el cimborrio que sirve para hablar y como escudo las invisibles ondas.

Puedo mencionar ahora al pedante de turno que está metido en todos los embolados, que dice constantemente que la producción es propia y que promociona el deporte, la cultura, la músiquilla y compositores de la ciudad (habiendo por ahí cantantes tan famosos y equipos tan buenos), y que aunque parezca, no se lo guisa y se lo come solo (como el dicho ese del Juan Palomo), sino que forma parte de un equipo –eso sí, los menos profesionales— que no llevan pegado ni un sello de correos, pero que colaboran y hacen su radio de manera altruista y a su forma, incluso a veces ganan premios –curiosamente--, cumplen años de radio y lo más importante, forman una familia que algunos dicen que es sagrada en sus principios. Pueden pensar que son tan tontos que no necesitan que otros les paguen para que se les escuche. En fin, allá ellos y su audiencia.

No me gusta hablar de las prematuras  recién nacidas hasta que por lo menos no lleguen al año –no sea que no lo cumplan--,  pero casi seguro que la madre que la parió le infundirá sus ideas y será leal a sus principios haga sol, llueva o cambie el legislador de turno. Sus conductores son aves de presa que estarán siempre al acecho y el morbo es lo que prima.

En cuanto a las fidelidades a sus programaciones y realizaciones, las emisoras se pueden encasillar también en varios tipos: las “fantasmagóricas” donde se escucha solamente música y curiosamente muchos anuncios. Los programas deben encontrarse ocultos en alguna casa encantada; luego están las “fashions” que van acordes con la moda y son esas que necesitan algo así como que el Écija Balompié juegue la copa del Rey con los galácticos para comenzar a retransmitir los partidos de fútbol; no olvidemos las “camaleónicas” que se transforman con la estrella que más brilla en el belén del ayuntamiento; las “empachosas” que son las que presumen hasta la saciedad de buena música y de dedicar gran parte de su programación a lo hecho en su localidad. Cuidado de abusar de ellas porque puede engordar; y por último hablar de las “pintorescas” que están ahí como un cuadro pero que no sabemos si es original o una copia falsa.

Según me comenta otro de mis primos, oriundo por naturaleza y cocinero de profesión, en esta bendita ciudad –este tío si va al grano--, cualquiera puede montar una radio. La receta que me dá es muy simple: pinchar una "moñiga" en un palo y colocarla de antena en la azotea (perdón por lo del palo), coger el transistor del abuelo, hacerle unos pequeños reajustes y ponerlo de emisor. Por último buscar un vaso de plástico de coca cola –ya tiene el patrocinador--, ponerle un trozo de hilo y amarrarlo al transistor. Si quieres dar por saco, decir que emites en todas las frecuencias y que eres un profesional del medio ambiente. Con ello, consigues por lo menos que los detractores hablen de ti a través de sus medios de comunicación. Ahora añadiría yo como consejo: si quieres ser honrado en este mundo de fantasía y lo que te gusta es comunicar cosas interesantes, sigue fiel a tus principios y lo que tengas que decir lo haces por escrito y no te escudes nunca detrás de un micrófono donde nadie te puede contestar.

 

P.D. (como en las cartas y para romper con el mito): Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. ¡Ah!, otra cosa, si me he olvidado de definir algún tipo de emisora, quizás haya sido porque no merece la pena, pero como consolación puede considerarse al menos pintoresca.

 

Notificación de comentarios

Si quieres recibir un email cuando se actualice este artículo, por favor, regístrate aquí

Suscribir a los comentarios de este artículo RSS

Comentarios

Aún no ha hecho nadie ningún comentario. Escribe alguno y sé el primero :P

¿Qué opinas?

(requerido) 
(opcional)
(requerido) 
(requerido)