Mi Otro Yo. A ver si de una vez lo dejo
Mi perfil: (Antes de conocerte)
Ayer “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.”
Gabriel García Márquez (Cien años de soledad)
Cuando esto sucede, somos tan nimios y primitivos que de nuestros cuerpos sólo nacen sonidos inconexos, onomatopeyas, que conforman frases que se reiterarán hasta el hastío o la pesadez y acompañan nuestros gestos indicativos. Algunos, de éstos, se transforman en palabras que perviven, mientras otros mueren inánimes.
¿Qué son las caricias?
¿Son la respuesta biológica a un estímulo?
¿Son la elaboración compleja de mensajes?
¿Son tacto, son miradas?
¿Qué son las caricias sino un enorme saco de palabras por nacer (para ser dichas)?
¿Qué son..?
Así era yo.
&
Hoy
Ingentes tropas de agua
con arcos de la palabra,
con flechas de teclas, de letras
que hundís con dolor y gozo,
que acribilláis mis costados
con los versos inventados.
Que incendiáis mis manos
que temblorosas os apartan
y si mis pies corren a veros
ponéis clavos a los suelos.
Contra nada el desconsuelo
de vidas, viajes y cuentos
llenos de lágrimas,
de plegarias y ruegos, preñadas
de sin respuestas.
Los milagros nos mantienen,
a raya, con sus regresos.
Ahora
Cuando desesperanzado, intenté irme, cansado de suplicar a mi amor imposible, a dios y a mi mismo que algo cambiase mi vida lo hice con la sobriedad de quien reflexiona y de quien con el afán pragmático cierra un libro para empezar otro que reconforte el espíritu.
Pero no podía, no podemos desligarnos de lo que nos rodea, de un plumazo, simplemente tirando a la papelera el pañuelo usado, porque no lo es. Así que seguía vivo en una suave transición hacia otro rincón de paz.
Pero no pudo ser, el ciclo no se cerró, porque mis plegarias fueron escuchadas, y (¡los jueves milagro!) desde entonces, nada volverá a ser igual. Sin embargo no por ello deja de dar vueltas este corazón, hay traslación, hay rotación, siempre con la vista fija en el centro de un universo.
Visitaba a esos seres invisibles y queridos que se habían alojado en las habitaciones de mi mansión vital, y como un fantasma tras un cuadro viejo observaba. Al final la desaparición, como decía alguien, es cuestión de saldar cuentas.
En cualquier caso, los avatares personales son poco interesantes, por ello temo escribir, temo desnudarme y aunque le dije a alguien querido que me he sentido, me siento, vulnerable, habrá suficiente fuerza en las entrañas para continuar.
Mi antigua historia quedará en los discos duros, impersonales de los blogs de Terra, y mi nombre, eristos, sólo será un buen recuerdo de una época que me ha dejado hecho polvo el corazón y grande el alma.