¿Donde estás?
No se que escribir, pero espero que me coja la inspiración mientras tecleo. Aquí estoy paralizado, esperando algo que nunca llegará. Con una ilusión cuajada de granos, que duelen en el alma, que seguro que se me infectan y dejan una cicatriz fea, de esas como picada de viruela que tanto se daban hace unas décadas.
Aquí estoy, ensimismado, mirando por la ventana el punto infinito de nuestro desencuentro, allá donde lo dejamos, es tan lejano, que casi está difuminado, a punto de fenecer en la transparencia del tiempo.
Aquí, aquí, aquí y tú ¿donde estás?
Ojalá pudieses ver esto y responder a mi llamada. Porque cuando lo hago no me salen palabras, sólo el hueco de la voz sobre la boca abierta, sólo la mueca desgarrada y las manos aferradas a la garganta que sufre inflamada de redes venosas que retienen sangre que colorea hasta las pestañas.
Mi pelo se hace gris por momentos y sale a velocidad vertiginosa sobre mi cara, convirtiendo en espinas los cactus faciales, que arañan a quien osa acercarse, simplemente a besarme.
Qué erizo humano, huraño está saliendo a la superficie. Yo que he sido afable, quizás algo locuelo, me encuentro mal, sólo, en esta pena que me desangra el alma.
Espero que llegue París, que fatalidad y coincidencias de nombres. Paris, París, tabernera y Montparnasse. Qué lujuria de coincidencia.