Mi Primer Amor Fuiste Tú
No recuerdo bien (quizás por el calor sofocante, quizás por el frío polar, quizás por la inconsciencia del momento) cuando nos conocimos.
Seguramente que fué un mediodía de farra, rodeados tu y yo de aquellas personas que no hacían más que cantar "ondiñas veñen", "rianxeira" o "na veira do mar". Aquella recua de ancianos que me sobrepasaban en años cuando apenas tenía quince, tú algunos menos.
Pues bien, al calor de aquella hoguera, donde se cocían mariscos con agua del mar de aquella ría de mi infancia, estabas tú, allí en el centro, tentando a cuantos te veían y a tí, sin rubor, se acercaban. No eras la belleza dela reunión, porque había bellos especímenes haciéndote la competencia, pero tu color, tu perfume, era tan atrayente que por todos querían que pasaras por sus manos, para saciar sus deseos de placer entre bocado y bocado.
Aquello, que más parecía una bacanal por los deseos incontrolados, fué el principio, porque a pesar de mis progenitores, familia allegada y amigos varios, allí presentes logré acariciarte y saciar mis oscuros deseos con pequeños sorbos de tí. Tu contacto fué auténtica poesía, quizás exagerando podríamos llamarle amor a primera vista. Así que, en un descuido te acerqué a mí y te arrastré conmigo a un rincón y terminando allí de conocerte en profundidad. Que placer me produjo. Exactamente fué un disfrute terrenal, pero que bien podría decirse divino. Así fué mi primera vez, cumpliste a la perfección con el cometido para el que se te dió vida. Saciar los paladares más exigentes.
Mi amor por tí desde ese momento es duradero, eterno diría yo.
Cierto, así fué mi primer amor, el único que permanece en mi mente ocupando un lugar preferente en mi corazón. En garrafa, o en botella, donde vengas siempre eres bienvenido a mi corazón. Por algo te llaman ¡néctar de los dioses!