62. A DORMIR
Una de las pocas cosas que he heredado de mi padre es la facilidad para el sueño.
Yo, cuando me meto en la cama, desde luego, no es para entablar una conversación.
Cuando mis amigas venían a casa a dormir, o al contrario, podía pasarme horas enteras habando durante la tarde-noche, pero era apagarse la luz y todo sonido me molestaba. Yo, solo pensaba:
- Venga, venga, que sí, que mañana será otro dia, duermete de una vez.
Mi marido, antes, siempre me decía que los matrimonios hablan por la noche en la cama... pero, a ver, yo le decía...
- Osea, que estamos los dos en el sofá del salón hasta ahora viendo la tele sin cruzar una palabra, y ¿qué haces? ¿te guardas toda la conversación para cuando vamos a dormir?
Que no, que no... que yo cuando me meto en la cama, o es para hacer algo, o para dormir, pero no para hablar, y punto. Mi marido ha acabado acostumbrandose a eso ya, y cuando me dice algo, como le contesto con monosílabos pues el pobre ya dice... vale, vale, que ya veo que no tienes ganas de hablar...
En fin...
Pues anoche, yo me arreguñé en la cama, como hago siempre, y ya prácticamente estaba soñando cuando de repente empezó a picarme un pie, y luego un brazo, la pierna... y ya empecé a ponerme nerviosa...
Pero lo peor llegó con un sonido extridente en mi oido.
- ñiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Oh no!!!!! maldición!!!!!!! un mosquito!!!!!!!!!!
Me levanto como un rayo de la cama y enciendo la luz. Examino las paredes de la habitación...
¿dónde estará el puñetero? ah! ahí!! lo localizo en la pared. Busco algo para atizarle, y cuando vuelvo la cabeza... ha desaparecido.
Vuelvo a observar la habitación (a todo esto, mi marido ni se inmuta), pero nada, no hay manera.
Desesperada me voy al salón. ¿Donde pondría yo el aparato de los mosquitos el verano pasado? pienso, reflexiono, donde? donde? con el sueño que tengo!!
Al final lo encuentro. Lo enchufo. Enciendo de nuevo la luz para ver si por suerte estuviese a la vista el maldito insecto, pero no lo encuentro.
Mi marido se incorpora en la cama.
- ¿Se puede saber qué estás haciendo?
- Si, se puede saber, se puede saber - le digo muy cabreada - buscando el cacharro de los mosquitos.
- La que lias por un mosquito, madre mia.
- Si, claro... como tú no lo tenías metido en la oreja... si no, ya veríamos...
Por fin la calma vuelve a la habitación. Ni rastro del vampiro...
Y es que yo tengo la desgracia de que si hay un mosquito cerca, ya puede haber tres millones de personas, que a mí, seguro que me toca el picotazo. En verano me acribillan.
Una vez, me picó uno en un párpado, y al dia siguiente parecía que me habían pegado un puñetazo.
Malditos bichos!!
Y encima ahora he oido en las noticias que nos van a invadir este verano!! salvese quien pueda!!
Un abrazo.