Tal día como hoy hace 25 años...
Todo empezó en Granada. Un 5 de junio de 1982. Eran alrededor de las 5 de la mañana. Vivía muy agustito bajo el cobijo de un ser que me hacía sentir todo lo bueno y lo malo que ella quisiera. Si ella sentía frío, yo tenía frío. Si ella estaba contenta, yo estaba contento. Si ella bebía agua, yo me sentía aliviado.
Comía muy bien, ya que me alimentaba de una forma abundante. Me sentía feliz, puesto que escuchaba música, oía muchas voces de me transmitían cariño, sentía la mano de seres de afuera que trataban de tocarme y yo hacía lo propio con ellos... Pero llegó ese día en el que tenía que hacer un viaje hacia el mundo exterior. Sentía miedo. Sentía pánico no solo de mí, sino del ser que me cuidaba, así que me resistí a abandonar mi hogar porque ya era lo suficientemente feliz allí como para investigar más. Pero no fue suficiente todo esfuerzo por resistirme en mi casa, alguien de fuera también ayudaba a que saliera. De dar tantas vueltas me enredé en el tubito que me alimentaba y que me unía con mi ser, y al final ví una enorme luz cegadora. Yo no podía dejar de llorar. No solo por el pánico al nuevo mundo, sino por que me habían separado de mi ser protector al que le debía tanto. Pero ahí me dí cuenta de que algo malo iba... me mareaba... me costaba eso que llaman respirar. Tenía el tubito enredado en mi frágil cuello e impedía que el aire circulara por mis pulmones. Aún sentía al ser, pero yo estaba débil... empecé a ponerme morado y sentía que el ser también se adormecía conmigo... No paraba de llorar aún con la contra de que no circulaba el aire, hasta que alguien cortó el tubito que me unía con el ser... mi madre. Seguía llorando, hasta que me colocaron cerca de mi madre, y con mis enormes ojos la miré a los suyos y me callé derrepente al ver tanta belleza y bondad.
Ya no necesitaba llorar más, porque ese día empezaron y acabaron mis penas.
Desde ese día y hasta hoy han pasado unos largos 25 años, de los cuales no pasa un día que quiera más a la persona que me trajo a éste mundo, y la que me dió fuerzas para luchar contra todo pronóstico. No son pocos los días que me la juego en lo que sea, para demostrar que mis pisadas son más que huellas y que mis palabras son más que sonidos. He luchado contra la mismisima muerte en alguna ocasión, y seguiré teniendo millones de aventuras. Solo quiero que sepáis, que aquí estoy yo.
Mi mejor regalo hoy es poder contar como me siento y que estéis ahí para leerlo.
GRACIAS!!!