Mudanzas
Mi madre es un ser angelical. Es buena hasta no poder más. No le gusta molestar a nadie, es agradecida en todo, muy trabajadora y entregada al máximo. Por eso la gente se aprovecha de ella... Por el contrario, mi padre es un ser despreciable. Es todo lo contrario a ella. Aunque sea trabajador, es muy arisco, desagradable, gruñón y "malafollá" como diríamos en Graná. Gracias a esta extraña pareja nací yo. De 5 hermanos que somos, yo soy la mitad angelical y la mitad demoníaca exáctamente a partes iguales. Puedo ser el ser más bueno del mundo, doy todo en mí por mi sangre y por la gente que quiero (mis amigos). Sé que hay muchas personas por las que daría más de un riñón si hiciera falta. Hasta mi vida. Aunque también he de decir que es mejor no tocar dichos temas si es para faltar, puesto que saco mis garras y puedo hacer más que heridas. No me gusta que me toquen a la gente que amo. Mis amigos son mi familia (como dirían los mafiosos), así que habría problemas si alguien se entromete.
Por qué digo ésto en un post de mudanzas? Pues bien, ayer estuvimos de mudanzas. Mi madre se fue a un piso de alquiler hace 5 meses. Un piso que tuvo que reformar. Al parecer el piso estaba a esperas de un juicio para ver quién era el dueño. Pues el verdadero dueño al final no era la persona que se lo alquiló a mi madre, por lo tanto se debía marchar. Menos mal que mi madre no ha soltó ni un duro de alquiler, puesto que las reformas que pagó hicieron de pago hasta febrero, porque sino se hubiera arruinado. Ni denuncias a la inmobiliaria, ni al supuesto propietario... ni nada. Y le deja el pisito limpio a los pijitos nuevos dueños después de lo que nos encontramos allí. Mi naturaleza oscura se ocupará de que no se lo encuentren tan "limpito": macrofiesta.
Después de filosofar un poco de mi dividido corazón, hablaré de ayer. Las mudanzas con los amigos no son tan pesadas. Sí, lo pesado son los muebles. Pero cuando ves que tu aliento se desvanece sujetando un enorme mueble de madera, aparece una mano amiga para ayudarte y elevar el mueble y tu corazón. Una sonrisa, un puñado de gritos, cerveza y choques de nervios para transportar unos cuantos muebles y y un puñado de sentimientos. Después de llevar sin dormir demasiado el jueves, disfrutar una fiestecilla el viernes, jugar dos partidos el sábado y luego dar una vuelta con unas amigas, el domingo tocaba madrugar para ayudar a mi madre. Raúl se quedó en mi casa a dormir para irnos a coger la furgoneta. Nos pasaríamos a por Pedro antes, pues no salió el día anterior (sábado) porque estaba cansado. Saúl vendría más tarde, pues tenía que organizarse un poco ya que hoy (suerte Saúl) tenía un exámen. Una vez todos juntos, empezamos a desmontar muebles: cocina, armarios, comedor, estanterías... todo se hico rapidísimo y con mucha guasa, como siempre. Entre nosotros no hay tensión ni aunque se tratara de hacer una evasión de edificio. Estoy seguro de que alguien diría "-Maricón el último!". Dimos tres viajes, parando a comer en el nuevo piso de mi madre. Se nos olvidaron los cubiertos! Pues... a comer con las manos! Sí, pollo asado como en la edad media!! Hay que ver como tanto trabajo (siete horas) pueden dar para tantas historias. Porque las hubo. Pero como siempre, con una sonrisa en nuestras caras, cervezas y heridas en nuestras manos y sudor en nuestra frente. Terminamos "rebentaos", pero nos fuimos a celebrarlo como se merecía: Unas cervecillas en mi casa. Y después, a disfrutar de un más que merecido descanso.
No puedo escribir lo agradecido que me siento de la ayuda que recibí ayer. A parte de mis dos hermanos pequeños (mi Raulillo, es alucinante como un niño de 18 años tiene tanta fuerza...) Mi madre estaba más que contenta de ver que gente así sigue habiendo en el mundo. Raúl, Pedro, Saúl... no existen palabras para expresar lo que siento por lo que habéis hecho, pues sé que todos teníais mucho que hacer ayer: Raúl, tú con todo lo que habíamos pasado el fin de semana, conduciste la furgoneta. Y sé que tienes una página web que cuidar (por cierto, currículum pa el videoclub). Pedro, a parte de que vives solo y eso conlleva responsabilidades, tú también estabas cansado de todo lo acontecido. Saúl... no tengo palabras para tí. Ayer no estudiarías nada por ayudar a un amigo. Muchas gracias a todos. Os quiero más de lo que hay escrito.
P.D.: Han tocado mi sangre... lo pagarán muy caro. El piso será una imagen de lo que és.