Pinceladas de sexo
La sala era un viejo almacén rehabilitado en los bajos de una galería de arte. La clase iba a comenzar, las sillas estaban preparadas y distribuidas por la estancia, cada una de ellas , situadas detrás de majestuosos caballetes y podía oír los pasos de mis alumnos acercándose hacia la sala.
Todo estaba preparado para la inauguración, había cuidado hasta el más mínimo detalle, pero mi modelo, el que iba a posar desnudo, no daba señales de vida. Había contactado con él a través de la sección de contactos de un periódico Local. Chico joven, apuesto, musculado y bien dotado se ofrecía para compañía amatoria a un precio que no podía permitirme. Nos encontramos en el Parque Central, le propuse asistir a mis clases para posar desnudo a un módico precio y cobrar una comisión por cada alumno nuevo que se apuntara a mi clase, cerramos el trato y quedamos para las 20.30H.
- Hola a todos. Lo primero que haré será presentarme, soy Clara, como podréis imaginar, vuestra profesora de pintura y hoy , vamos a empezar por una clase de carboncillo, por favor, sentaros y poneros cómodos mientras pongo música, hoy nos acompañará Mozart durante dos horas.. Miré el enorme reloj que colgaba de una de las paredes, las 20.40H y la puerta no se abría, así que como si todo estuviera premeditado, con tranquilidad, me dirigí hacia el Diván que presidía la clase. Me quité las zapatillas, me desprendí de mis vaqueros y mi camisa de cuadros, solté mi cabello que recogía con una pinza, la dejé en el suelo junto a mis gafas y me tumbé en él. Cuando noté aquellos ojos clavados en mí, me sentí incomoda, pero poco a poco, la seda roja, fue acariciando mi cuerpo, haciéndome olvidar el frío que hacía en la habitación y haciéndome posar con total naturalidad.
Apoyé mi cabeza dejando caer mi cabello por encima de mis pechos, que fueron cogiendo fuerza y calor a medida que mis alumnos clavaban en ellos su mirada. Tumbada de lado, mis piernas se fueron relajando, uno de mis brazos reposaba con total suavidad sobre mi cadera, dejando caer mi mano sobre mi pubis desnudo, produciendo un suave roce con de las yemas de mis dedos sobre mis labios. ¡Deseaba tocarme y meter mis dedos en el interior de mi cuerpo y dejarme llenar por la sintonía a ritmo de Mozart ¡ , pero ni una sola mueca se produjo en mí, ni un solo movimiento rompió la serenidad que se respiraba y durante dos horas, permanecí inerte, sin mover un solo músculo de mi cuerpo.
Cuando concluyó la clase, los muchachos , sin dejar de mirarme, se despidieron hasta la semana siguiente. Me tapé con el albornoz anudándolo en mi cintura que tenía preparado para el hombre que iba a asistir de modelo. Saqué mi maletín de pintura y me senté en frente a uno de los muchos caballetes que estaban deshabitados. Cogí mi pincel y mi paleta y.......... justo cuando me disponía a plasmar la primera pincelada, un pañuelo me tapó los ojos.
Intenté levantarme pero unas fuertes manos volvieron a sentarme con brusquedad , se apoderó de mis manos atándolas con fuerza entre la silla y mi espalda. Cuando estaba a punto de pedir auxilio, una caricia en mi rostro y un chistido de silencio me detuvieron. Se situó justo frente a mí y dejó caer el albornoz por mis hombros, dejando mis pechos al descubierto ...... pechos que lamió una y otra vez hasta dejarlos empapados, mientras de arrebataba el resto de albornoz que cubría mis piernas.
Entonces paró, se detuvo.... ...durante unos segundos pensé que se había ido, ni un roce, ni un aliento, pero el silencio se quebró con un pincel mojado en agua tibia acariciando mi cuello, bajando hacía el contorno de mis senos, dibujándo círculos alrededor de mis pezones, mientras sentía el jadeo de mi propia excitación. Siguió la pincelada marcando un fina línea desde mis pechos hasta Venus y aquel maldito pincel jugó con mi clítoris como una lengua inquieta y húmeda, sedienta de deseo con la suavidad de una pluma.... hasta hacerme explotar en una erupción de arte y sexo que le dio de beber la esencia de todo mi placer.......... pero kería más.... necesitaba más .....................
Desató mis manos y me dirigió hasta el Diván, mientras lamía mi espalda y dejaba escapar sus manos entre mis piernas, no sentía miedo, quería dejarme llevar y terminar la locura que había empezado y que había esperado durante dos horas. Se colocó detrás de mí, empujando con su enorme verga y abriéndose paso entre mis glúteos, enredó su mano en mi pelo y con fuertes sacudidas me penetró una y otra vez, mientras el brazo del Diván me golpeaba en mi vientre al compás de sus movimientos, desembocando en un río fresco de pasión y fuego que arrojó dentro de mí.
Antes de irse, dejó un beso cálido en mi hombro y pasó sus dedos por mi boca, dedos que guardaban mi olor. Me quité el pañuelo rápidamente, pero no pude ver a nadie. Mientras me vestía, me preguntaba cual de aquellos muchachos había pasado la frontera marcada entre maestro y alumno, pero algo escrito en el caballete, en el que me había sentado............. me llamó la atención. Me acerqué y pude leer:
'' La semana que viene, seré puntual.......... llegaré a las 22.30H ''