Capítulo XXXVIII: El socialismo ha muerto

“El socialismo ha muerto”, esta era la conclusión a la que llegaba Anthony Giddens a finales del siglo pasado. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el año 2002 y autor ideológico de la “Tercera Vía”. Corriente auspiciada por los laboristas ingleses, bajo el liderato de Tony Blair, y los demócratas de Bill Clinton en Estados Unidos. Donde se propone un punto intermedio entre el liberalismo y la socialdemocracia, con la intención de articular una nueva ideología tras el fracaso del programa económico socialista, lo que se evidenció con la caída del muro de Berlín acontecida el 9 de Noviembre de 1989. Definida por el ex Primer Ministro del Reino Unido del siguiente modo: “Es una Tercera vía porque está más allá de una vieja izquierda preocupada por el control estatal, los impuestos elevados y los intereses de los productores.”

Y es que los preceptos marxistas se hilvanan desde una perspectiva económica, surgiendo con la única pretensión de transformar la sociedad burguesa de su época.

Marx abogaba por la supremacía del proletariado y el control del Estado por este. Sociedad en la que se expropiarían los medios de producción a los particulares, que pasarían a formar parte de la colectividad, recayendo en el gobierno la planificación de los recursos.

Siendo la agencia de planificación central la encargada de determinar: ¿qué producir?, ¿cómo hacerlo? y ¿para quién? Radicando aquí su primordial error, puesto que es imposible procesar la plenitud de datos existentes, al objeto de dictar una certera resolución. No existiendo nada más eficiente para coordinar la actividad económica que el propio mercado.

Conclusión a la que igualmente llegaría la extinta Unión Soviética, al poner en práctica el proceso radical de reforma económica denominado Perestroika. Disolviéndose en 1991 y renunciando el nuevo estado ruso a cualquier identificación con el marxismo. Luego de contemplar: la desmedida burocracia surgida, la aparición de un vasto mercado negro y la indisciplina financiera.

Y es que, como opinara el eminente filósofo liberal Karl Popper, los grandes males de la sociedad habitualmente no nacieron de seres malvados, ni malintencionados, sino que brotaron como resultado de las premisas planteadas por sujetos adscritos a los más nobles ideales. (Leer más)

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