Por los cuatro vientos
Hará un par de años atravesamos la Maroma de Norte a Sur y de Sur a Norte, dos grupos, cada uno por cada lado hasta el punto de encuentro, el poste geodésico de la cumbre de la Maroma, situada a 2.065/2.069 metros sobre el nivel del mar. Y para bajar, el grupo que subió por Canillas regresó por el Robledal y el del Robledal por Canillas de Aceituno.
El pasado sábado, 26 de mayo de 2.007, realizamos otra gran travesía, una que, junto con la pasada, envuelve con dos inmensos cuerdas de trayectos a la enorme montaña que es la Maroma, unos subieron por el Este y otros por el Oeste, y los que ascendieron por el Oeste bajarón por las Llanadas de Sedella y los que subieron por el Este retornaron por el Alcazar de Alcaucín.

A las 10 de la mañana, el grupo “Llanadas” comienza su andadura, atraviesa la verde llanura, entre toros y terneras que miran amenazantes. Algo más tarde, sobre las 11, el grupo “Alcazar” inicia la ascensión de los aproximadamente 1.220 metros que les separa de la cumbre de la Maroma por la pista forestal que llega hasta la Loma de las Víboras.

Foto de arriba: el grupo "Llanadas".
El GPS en la cumbre de la Maroma
Después de 3 tranquilas horas de relajado paseo (el desnivel asciende a poco mas de 400 metros), el grupo “Llanadas” llega a la cumbre, casi al mismo tiempo que otros muchos montañeros que se van acercando desde los cuatro puntos cardinales, todos confluyendo hacia el inmenso poste geodésico de la Maroma.
Al rato, por el Oeste, después de poco más de 3 horas de recorrido, aparece el grupo “Alcazar”, con Pablo a la cabeza, sonriente, tirando de los demás.
La vuelta se complicó para los dos grupos, ninguno conocía el camino de vuelta y aunque se dieron los unos a los otros un montón de explicaciones, ambos acabaron perdidos por la Sierra de Alhama, Tejeda y Almijara.
El grupo “Llanadas” salvó la situación gracias a Manolo, quién se empeñó en llevar al grupo por una inhóspita cañada, la que, no se sabe muy bien si por pura suerte o por una inmensa sabiduría campestre, condujo al grupo hasta el sendero principal.
El del “Alcazar”, a base de recorrer metros y más metros, abajo y arriba, entre espeso matorral y afilado pedregal, después de algo más de 3 horas, consiguió llegar, sano y salvo, hasta su destino, las Llanadas de Sedella.
En definitiva, un día magnífico, excelente compañía, recorrido variado, hermosos paisajes, algunos espectaculares como los que se divisan desde el Tajo Voladero, y un poquito de emoción, ¿se puede pedir algo más?.
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