Sierra Real de Istan
Casi al amanecer entramos a la Sierra de las Nieves por el carril de Quejigales. En el primer cruce nos desviamos a la derecha en dirección a la Fuenfría, uno de los parajes más hermosos y entrañables de la sierra.
En el siguiente cruce, donde se encuentra la fuente de agua fría que da nombre a la zona, justo enfrente de las dependencias de las Minas del Robledal, giramos a la izquierda, buscando el puerto de las Trincheruelas (confundido por muchos por el del Robledal), (el Puerto del Robledal lo podemos localizar siguiendo el carril que parte del cruce, ascendente y en dirección sur).

Pasado el Puerto de las Trincheruelas, continuamos la marcha parando de vez en cuando para admirar las vistas, la Alcazaba y el Torrecilla a la izquierda, generosos en grandeza, y el perverso Encinetas, a la derecha, al que sentimos saborear su venganza por las lesiones que nos guardó en la mochila el día que lo conquistamos.
Dejamos a la derecha el cerro del Duque y a la izquierda un ramal que desciende a Río Verde y enlaza con el que nos podría llevar de nuevo al carril de Quejigales (izquierda) o a Tolox (derecha), pasando por el Puerto de las Golondrinas.

Nosotros seguimos al encuentro de nuestro primer objetivo, la Plaza de Armas de Sierra Real. Al poco nos topamos con las fantásticas vistas del Puerto de la Refriega (foto de la izquierda), desde donde parten cuatro carriles, el que nos trae; el de la derecha, que nos debe llevar, en primer lugar, al Castaño Santo y, en segundo, a San Pedro de Alcántara; el de la izquierda, sin salida, y el de frente, que se adentra en Sierra Real y nos podría conducir hasta la Villa de Istán.
Continuamos de frente por el estrecho carril hasta encontrarnos con otro que parte a la izquierda y que, según los planos consultados, nos debería dejar muy próximos a la cumbre de la montaña conocida como Plaza de Armas, auque para confirmar ese extremo tendremos que volver otro día cuando la maldición del Encinetas pierda su fuerza y nos lo permita.
Retrocedemos al Puerto de la Refriega para dirigirnos, por el carril antes indicado, al Hoyo del Bote, paraje donde encontramos un sorprendente castaño, el Castaño Santo de Istán: un coloso arbóreo de entre 500 y 1.000 años de edad, dependiendo de las fuentes consultadas, rodeado de, entre otros, enormes alcornoques, quejigos y mucha jara tiñendo de blanco el paisaje.

Comemos, descansamos al amparo del Castaño Santo, quién nos reconforta con una enorme dosis de energía y continuamos nuestro rumbo, ya para finalizar el día, en dirección a San Pedro de Alcántara.
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