Senderismo más allá de la imaginación
Cuando volvimos de andar ese viernes prometimos no contar nada de lo que nos sucedió, pero, pasados los días, he llegado al convencimiento de que hay que contarlo, perdóname JA, ya se que nos dimos la mano y juramos silencio, nos van a tomar por mentirosos, nos dijimos, mejor callar, no obstante, a pesar de que pueda ser así, creo que es mejor que se sepa lo que nos pasó y les puede pasar a todos aquellos que se dispongan a dar un sencillo paseo por el campo, intentaré guardar el lugar y por supuesto omitiré nuestros nombres, todo lo demás, intentaré contarlo fielmente.
Como todos los viernes, por la tarde después de comer, quedamos JA y DJ para recorrer algún camino que nos permitiese sudar un poco, respirar aire puro y charlar de todo un poco mientras merendamos a la sombra de algún árbol, en definitiva, pasar una buen tarde practicado senderismo distraído, andar, observar y charlar.
En esta ocasión elegimos un sendero que discurre paralelo a un río, un antiguo camino muy transitado en el pasado ya que unía dos poblaciones importantes de la provincia de Málaga, pero que hoy en día ya sólo lo transitan personas que buscan lo mismo que nosotros.
El día se presentaba agradable, alguna que otra nube nos guarecía de vez en cuando de un sol que aún en septiembre nos achicharraba los cogotes, hasta que, en un momento determinado, un poco antes de cruzar un pequeño puentecillo, una pequeña brisa helada nos hizo titiritar de frío, nos miramos, pero apenas duró unos instantes y pensando que lo habíamos imaginado seguimos caminando.
Justo a continuación, nos debíamos encontrar con las ruinas de una venta o posada que antaño daba cobijo a cientos de arrieros que iban de un sitio a otro transportando o comerciando con lo que podían encontrar. Sin embargo, mi sorpresa fue grande, la posada ya no estaba en ruinas, parecía llena de vida, la fachada blanca impecable, el techo tejado, el huerto adyacente cuidado, la entrada, dotada de una gran puerta de madera abierta y lo que más nos chocó, los ruidos del interior, sonidos de animales, burros y caballos, algunas risas, algunas voces broncas, todas claras, apenas nos separaban unos pocos metros de ellas.
Desde una ventana pudimos ver el patio del edificio, dos personas se lavaban en una gran alberca construida en medio del patio entre dos grandes mulos que bebían del mismo sitio, otros veinte animales, lo menos, estaban sujetos a unas argollas de la pared de enfrente, a la izquierda se veía la entrada a unas dependencias, puede ser que a una tienda, ya que allí colgaban tiras de tocino y en unas canastillas pudimos ver tomates y patatas o puede que fueran boniatos. Al fondo, a la derecha, se adivinaba lo que nos parecieron unas cuadras donde entrevimos más animales y más personas, unas tumbadas en unas especies de sillas de montar y otras trajinando con los caballos o burros.
No recuerdo muy bien cuando tiempo estuvimos mirando por esa ventana, creo que perdimos la noción del tiempo, solo recuerdo que al rato nos sobresaltaron los cascos de otros animales que venían por donde habíamos llegado nosotros, tres en fila y encima del último, un hombre con gorro de paja, piel arrugada y oscura y ojos con aspecto de pocos amigos, según me pareció, así que le inste a JA a irnos inmediatamente.
Caminamos una hora más hasta pararnos a merendar, apenas charlamos, creo que los dos pensábamos en lo mismo pero ninguno de los dos nos atrevíamos a expresar en voz alta, no nos apetecía volver por el mismo camino, sin embargo, no teníamos más remedio, la otra alternativa casi nos obligaba a caminar un montón de horas más, casi toda la noche.
Así que volvimos y según comentamos luego, con una extraña sensación y quizás con miedo, paso a paso empezamos a recorrer el camino de vuelta con el sol ocultándose ya en el horizonte. Lo que pasó a continuación, o mejor dicho, lo que no pasó, nos dejó en silencio hasta que juramos no contarlo, al pasar por la posada que encontramos hacía apenas unas horas llena de vida, la volvimos a encontrar como la recordaba de hace unos meses, en ruinas, sin puerta, sin tejado, los muros de las paredes medio derrumbados, sin un ruido, ni un animal, ni una persona, nada, todo había desaparecido.
¿Qué vimos?, ¿qué nos pasó?, ¿a dónde fuimos?, no tengo ni idea, ni tampoco JA, que no quiere saber nada del tema, solo he intentado contar lo que nos pasó aquella tarde de viernes que practicamos senderismo.
DJ
Este texto nos lo ha facilitado un buen amigo nuestro, al que, por nuestra parte, concedemos máximo rigor, honestidad y seriedad. Sin embargo, los acontecimientos narrados son tan extraordinarios que el GPS se reserva su opinión sobre los mismos.
GPS Senderismo Familiar
Después de tanto tiempo, hoy 29 de noviembre de 2.006, me he decidido a revelar públicamente una foto que me entregó Maruchi pocos días después de su vuelta de San Francisco. La foto, hecha con su móvil, es de su marido, JA, a las pocos horas de fallecer, ¿qué extraña enfermedad padeció para dejarle en ese estado en apenas unos pocos días?, ni idea, pero por lo menos que se sepa de que hay enfermedades, en este mundo o en otro, aterradoras, ¡andar con cuidado!.
