Marruecos
La entrada en Marruecos
Nada más entrar en el puesto aduanero nos dejan muy claro lo que nos espera, un “funcionario”, trabajando entre los policías, para agilizar los trámites, nos dice entre dientes, “prepara un billete para nosotros”. Le damos 5 euros y pasamos la frontera rápidamente. Paco, curiosamente, nos guía sin problemas por las calles de Tánger hasta la autopista que nos debe llevar hasta nuestro primer objetivo, Fez.
Por el camino, en un área de descanso, otros turistas nos cuentan sus experiencias con la policía marroquí: según nos dijeron, uno suelen llevar, en una nevera, botellas de cerveza y vino para ofrecérselas a los policías cuando las exigencias de éstos así lo aconsejan, otros decían llevar chocolate y bombotes, incluso los había quiénes decían meter un billete de 100 dh (unos 10 euros) entre el pasaporte para facilitar la “comprensión” policial.
Por nuestra parte, no podemos decir ni aconsejar nada al respecto, tuvimos la suerte de encontrarlos ocupados con otros vehículos a los numerosos controles policiales.
Fez
Llegamos sin problemas, directamente al hotel, preguntándonos que espíritu, benigno o maligno había poseído a Paco para que dicha circunstancia se produjera, el que lo conoce sabe muy bien a que me refiero, él que se suele perder atravesando a lo ancho un campo de fútbol, no se perdió guiándonos por tierras de Marruecos, ¡no era él!.
Visitamos la ciudad, su medina, declarada patrimonio de la humanidad, la recorremos, en principio, acompaños con un “guía local”, con el que, ¡como no!, al final discutimos sobre el precio y condiciones pactadas, y solos al final de la tarde, sumergiéndonos en el ambiente colorido que nos ofrece sus cientos de callejuelas y sus miles de pequeños comercios.

El “guía local” nos lleva a ver unas instalaciones de curtido y tintado de pieles de cordero y camello, las atravesamos, el olor es fuerte, pasamos por pasillos estrechos, subimos y bajamos escalerillas por las que casi tenemos que gatear, llegamos a los tejados de la ciudad y a un sendero que, atravesando una zona de chabolas o talleres artesanales, nos lleva a lo alto de uno de los pequeños montes que rodean la ciudad, desde donde tenemos una buena panorámica de Fez.
En su momento determinado, al finalizar el día, vivimos algunos momentos de tensión, las luces se iban apagando poco a poco, las gentes iban desapareciendo de las calles y el grupo seguía a Paco que constantemente nos repetía, no os preocupéis, fiaros de mi instinto, pero lo cierto era que a cada paso las callejuelas se hacía cada vez más angostas, menos transitables, apenas veíamos comercios abiertos, solo veíamos una luz de tarde en tarde.
- ¿Paco?, ¿te has pedido?
- Me temo que si, ya no se donde estamos.
Caras y gestos de preocupación, nos encontramos en un laberinto extraño sin apenas luz y ojos que nos miran desde las sombras, ¡Pacooooooo, sácanos ya de aquí, por lo que más quieras!, le gritamos casi al unísono, volvemos sobre nuestros pasos, casi a la carrera y tras recorrer unos cuantos kilómetros, calle tras calle, por fin, encontramos la salida.
Marrakech
Llegamos más tarde de lo planeado, la falta de alguna que otra indicación en la carretera o algún pequeño despiste nos condujo más al sur de lo previsto, casi nos topamos de frente con la frontera de Mauritania sino llega a ser porque en un momento dado, en el que se suponía, según el plano que interpretaba nuestro guía (el Presidente del GPS), que estábamos llegando a Marrakech, situado en el interior de Marruecos, alguien dijo con sorpresa, “anda, pero si estamos al lado del mar”, total, vuelta atrás y unos cuantos cientos de kilómetros más.
Por la noche nos adentramos en el ambiente sin igual de la frenética plaza de los “Contadores de Cuentos”, Jemaa el Fna, donde miles de personas se agrupan en unos cuantos cientos de metros cuadrados para disfrutar de la luz, de la música, de la comida de todo tipo de especialidades marroquíes entre multitud de olores agradables y el espeso humo de las barbacoas y pasar un rato divertido con las múltiples actividades que ofrecen los bereberes para ganarse unos cuantas monedas.

Al día siguiente, visitamos la colorida, divertida y segura medina de Marrakech, mientras nos partíamos de risa escuchando el francés de Paco, que solo entendíamos nosotros y nadie más, y eso que no tenemos ni idea del idioma gabacho.
El regreso lo efectuamos sin novedad alguna, despacio y con tiempo de sobra.
La salida de Marruecos
Llegamos al puerto de Tánger en donde atravesamos varios puestos de control policial hasta que empiezan a surgir un montón de “funcionarios”, “empleados de compañías navieras” o “vete a saber que”, pretendiéndote ayudar en los trámites de embarque. Uno te indica que le sigas para sellar los pasaportes insistiendo repetidamente que le vayas preparando un “billete para ellos”, otro te hace avanzar unos pocos metros y te reclama su parte del botín, más adelante hay que sellar los papeles del coche ante dos policías que te miran con cara de pocos amigos mientras un nuevo “funcionario” te solicita una nueva contribución. Pagamos a algunos que nos parecen “complicados” y a otros los mandamos a “tomar por culo” directamente.
Por lo pelos no cogemos el barco anterior, así que tenemos que esperar en el muelle al nuestro, que saldrá con, por lo menos, dos horas de retraso. Un niño nos pide algo de comer, se lo damos y sale una docena más, nos quedamos sorprendidos, no nos piden dinero, ¡nos piden comida!.

De pronto, lo coches de delante nuestro se ponen en marcha y corren rápidamente hacia un nuevo destino, el embarque se va a efectuar en otro lugar, todos maniobran frenéticamente por el muelle, nadie se quiere quedar sin plaza en el barco, parece una carrera de autos locos, una desbandada desesperada de automóviles sin normas ni leyes de tráfico, solo embarcarán los más hábiles y rápidos, los más fuertes.
Sin saber muy bien como, llegamos a las bodegas del barco, ya casi nos encontramos en nuestro país, España, respiramos con tranquilidad, el viaje ha sido un éxito.
La agencia de viajes, "Paco Tours", ha funcionado de maravilla, los itinerarios, los billetes, los hoteles, las visitas, todo estaba previsto por un precio razonable.
GPS Senderismo Familiar Costa del Sol