Arévalo

EL DIA ANTERIOR, 27 DE NOVIEMBRE

Recibimos malas noticias, el tío Alberto ha pasado una mala noche y los ánimos empiezan a decaer. El mayor de los hermanos Sisí, siempre alegre, siempre sonriendo, con su característico humor inteligente que siempre nos ha reconfortado a todos, está pasando un mal momento.

Surgen las dudas, ¿vamos?, ¿anulamos el viaje?, ¿que hacer?, a estas alturas ya se han producido muchas bajas y otras surgen a última hora, Conchita no va, Susana se solidariza con Maribel y Carmina y dice que tampoco, hablo con Maríamercedes y también tiene sus dudas, propone Madrid como alternativa y quedamos en anular el viaje, hablo con Paloma y más dudas, además tiene un hijo con fiebre, pero al final de la conversación, tira del carro, ¿vamos Paloma?, le pregunto, vamos, me contesta, vuelvo hablar con Maríamercedes y todo queda dispuesto para empezar el viaje.

Alberto se había mostrado favorable a la continuidad de lo planeado y para nostros  había quedado claro. Pero a la vuelta nos enteramos de que las dudas continuaron en el transcurso de la tarde/noche, Maríamercedes nos mandó un correo a las 21:48 diciendo que se suspendía definitivamente el viaje a Arévalo, a las 22:32 Silvia exponía su desacuerdo y a las 22:44, Paloma, otra vez tirando del carro, ponía de nuevo las cosas en su sitio, la Comunidad del Castillo, o lo que quedaba de ella, se ponía en marcha.

También a la vuelta, nos enteramos, por Carmina, de que el tío Alberto sigue siendo el más fuerte, de que sigue manteniéndose alegre, decía el sábado, “venga, vámonos todos a Arévalo”, no vino, pero una vez más nos ha dado una gran lección, gracias tío Alberto.

LA PARTIDA, 28 DE NOVIEMBRE

Con las maletas hechas y todo preparado, muy temprano, los de Mijas, nos subimos a la furgoneta que habíamos alquilado. Me siento en el sillón del conductor, lo pongo en marcha e intento quitar el freno de mano, lo intento una y otra vez y nada que no, que o se mueve. Tras diez minutos de forcejeos infructuosos deduzco que está estropeado y llamamos al encargado que llega al cabo de la media hora, se sube a la furgoneta y ras, ras, ras, y ya está, sin problemas, no le pasa nada al freno de mano,  sólo que hay que tener más fuerza que la que yo tengo en el brazo izquierdo a mis 45 años, así que pongo cara de circunstancias, oculto como puedo mi vergüenza y nos vamos a por los de la Cala.

Ya estamos todos en camino, ocho miembros de la Comunidad del Castillo, Inma, Isabel, Sonia, Raquel, Laura, Marta, Cristina y el conductor, Kiko.

A la hora de comer paramos en Aranjuez y  visitamos su Palacio. A la salida llamamos a Paloma, ¿por donde vais?, nos pregunta,  comoooo, por Arajuezzzz?, empezar a moveros rápidamente, nos dice o nos regaña, que nosotros vamos por Guadarrama y se está levantando un temporal tremendo.



Lo que nos faltaba, después de lo del freno de mano, un temporal tremendo. Así, sin saber lo que nos espera, atravesamos la M40 de Madrid, cientos y cientos de coches, caravanas por todas partes, aunque, por suerte, ninguna en nuestra dirección, uf, nos libramos por lo menos de esa pesadilla.

En Guadarrama nos encontramos algo de lluvia, algo de niebla, pero nada importante, nada que nos impida llegar a nuestro destino, alguien dice, ¡pero que exagerada es Paloma¡ y todos los demás asienten, pues si, ¡esta niña siempre ha sido muy exgerá!.

Llegando a Arévalo, Silvia nos llama, ¿no seréis vosotros los de la furgoneta gris con matrícula de Málaga?, las luces dicen que si, van delante nuestra a pocos metros, la Comunidad del Castillo se va juntando, ya vamos diez, Carlos y Silvia nos guían hasta el pueblo.

LA LLEGADA, 28 DE NOVIEMBRE

Después de once horas de viaje, por fin, llegamos. En el hotel, en lo alto de la escalera de entrada, nos recibe Maríamercedes, con los brazos levantados, como una gran Madre, como una gran Mamma, como diciendo, venid a mis brazos que ya estáis a salvo de tormentas y tempestades. Ya ha llegado todo el mundo y todo son besos, abrazos y sonrisas, Paloma y Pepe, Méleles y Miguel, Mireya y las tías, Memes y Maripera, tan guapísimas y alegres como siempre, y con los diez que acabamos de llegar, recuento dieciocho representantes de la Comunidad del Castillo.

Después de la cena, muy bien organizada, algún día habrá que dar las gracias a Maríamercedes por todos sus esfuerzos, algunos pocos se van de copas y los más, a dormir, que mañana nos espera un día muy duro, ¡hay que tomar el Castillo!.

¿Detalles escabrosos?, los hubo, ¿historias del género negro de la familia?, se contaron, tanto este día como el siguiente, pero, ya sabéis, esas cosas ya se han olvidado, así somos la familia Sisí, la memoria la tenemos ocupada con otros recuerdos, quizás el próximo año, acompañados de una par de vasos de manzanilla de Jerez, recordemos los detalles y las historias que acabamos de olvidar.

EL CASTILLO Y EL CEMENTERIO, 29 DE NOVIEMBRE

Continuará ... o por lo menos, eso se dijo entonces, pero lo cierto es que nunca se escribió nada más sobre el viaje a Arévalo.

Publicado viernes, 21 de julio de 2006 10:37 por Calamorro
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Comentarios

# Sisí

viernes, 21 de julio de 2006 13:04 by
En el cementerio de Arévalo encontranmos a nuestros antepasados:
http://familiasisi.blogspot.com/

# mariamercedes

viernes, 11 de agosto de 2006 23:19 by
Madre mia. !como recuerdo aquel día!.
fue nuestro primer encuentro. Tantos años sin vernos, sin conocernos. Ahora que lo he leido lo he vuelto a revivir.
Ya no solo falta el Tío Alberto, pobrecito, también falta el Tío Toni. Que pena, tantos años tantos recuerdos con los dos. Lo único que me consuela es que ellos eran mayores y es ley de vida que se hayan ido y que en estos momentos los demás, más jóvenes que ellos, estaís bien. Dios nos oiga y haga en esta familia lo que por ley nos toca a cada uno y no antes.

# re: Arévalo

viernes, 21 de marzo de 2008 0:37 by blanca

Mi madre tenía un primo que se llamaba Alberto y vivía en Sanjurjo.También tenía un humor inteligente y era super cariñoso. Mi madre lo quería mucho. Era de los Revilla,(marido de Primitiva Sisí).Mi madre y mi tía se fueron con él en avioneta cuando mi madre tenía unos 10 años, y las llevó a Melilla a que visitaran a sus abuelos que vivían allí.Los antepasados de mi madre eran médicos militares y farmaceuticos militares.

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