Ella

Estaba andando por Capileira y tras subir un repecho, allí estaba ella, sola, sentada en una piedra, casi tropiezo del susto. Cuando practicas senderismo por caminos poco transitados es muy fácil que no veas a nadie en mucho tiempo y una aparición de una mujer como ella, de belleza singular, impresiona al más curtido de los hombres. Me repuse como pude, hablamos sobre lo que se suele hablar en estos casos, a donde vas, por donde vienes, del calor, los kilómetros recorridos y cosas así, nada importante. Al rato, como no sabía que más decirle, le hice una foto, la de la izquierda con Capileira al fondo y me despedí, ni siquiera le pregunté por su nombre, tampoco me preguntó por el mío.