ESCRIBE...O REVIENTA

La historia de todos los días
YA NO TENÍA NOMBRE

Hay cosas que mejor no saber. Mejor cubrirse con un grueso manto de grasa insensible y dedicarse a alimentar con leña seca el fuego de un invierno que promete ser eterno. Mejor no pensar. Mejor no levantar la vista del fuego. Ir de una llama a otra. Las estrellas que se ven desde el fondo de los pozos no son de fiar. El fuego dentro del pozo. Mirando el fuego dentro del pozo me veo como un cadáver en su propia autopsia. Así, pareciera que mi centro de gravedad no tuviera a su vez un centro de gravedad al cual tomar de referencia, de modo y manera tal que se desplazaba de un lugar a otro como una peonza loca, despeñándose por precipicios y alcanzando exhausto cimas insondables, y yo con él. Ya no tenía nombre. Todo lo importante había huido de mí, dejando en su lugar un deje amargo.

Publicado el: martes, 09 de febrero de 2010 22:40 por gimbel

Comentarios

Elena ha opinado:

¿Qué hubiera sido del mundo; de mi, de ti, de aquel…si el pozo no nos hubiera dejado ver alguna estrella?. Ni son de fiar, ni no fiables. En el fondo solo tienen el cometido de mostrarnos el camino de salida, aunque huyan cuando estemos en lo alto del brocal. En la forma, solo nos dicen que el pozo no es un lugar cerrado. Es mucho.

En ese pozo hemos reposado, cuando nos quitaron aquello que creíamos importante, casi siempre identificaciones externas, para tener algún asidero.  Fue necesario reconstruir alguna cosa que nadie nos pudiera quitar. Alguna cosa, cuya importancia, no dependiera de nadie ajeno a nosotros. Alguna cosa que nos hiciera mirar las estrellas como compañeras de viaje, pero en absoluto salvadoras de la negritud de nuestra alma, que fue necesario convencer a golpe de martillo, hasta acrisolarla o transmutarla desde la desafiante muerte que produce el dolor, hasta la suave melodía de otro amanecer, ya distintos y con nueva piel.

Tienen esa cosa los pozos, que siempre nos invitan a quedarnos en ellos y cuando los ojos cansados ven pasar una estrella, el pozo te dice: sigue aquí y alimenta el fuego de mis sombras, porque ellas son espejo de las tuyas y si me alimentas no tendrás que trepar por la paredes en busca de una estrella que no parece de fiar. Ni siquiera se atreve el pozo a afirmar que la estrella que ves, es el reflejo de la estrella que llevas dentro y esa si es de fiar, aunque la otra desaparezca cuando veas la tuya.

Son así de maquiavélicos  los pozos.  Si todo son reflejos, también las luces son eso…¡reflejos de uno mismo!

# febrero 10, 2010 1:05
¿Qué opinas?

(requerido) 

(requerido) 

(opcional)

(requerido) 

(requerido) 
 

Notificación de comentarios

Si quieres recibir un email cuando se actualice este artículo, por favor, regístrate aquí

Suscribir a los comentarios de este artículo RSS