Después de más de un año en Terra, he decidido que en adelante no actualizaré "Geografía Subjetiva" más en este portal y me centraré en otro portal de blog. Os dejo la dirección por si os interesa seguir leyendo "Geografía Subjetiva".

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No es que no me guste la afamada Feria de Abril de mi tierra, sino que resulta que la odio. Podría no gustarme, como otras muchas cosas, pero con la Feria he dado un paso más y ha podido concitar un conjunto de sentimientos y juicios negativos que normalmente entran en lo que llamamos odio.

Desde mi condición de sevillano que, por cuestiones laborales, está fuera de Sevilla pero que vuelve muy a menudo, quiero dejar en la Blogosfera este manifiesto, más como desahogo que otra cosa.

A pesar de que el odio es un estado algo irracional, algunas causas y motivos sí tengo, por lo que iré exponiéndolo por parte, sin enrollarme e intentado ser sintético. El primer motivo de mi odio por la Feria de Abril es que no es una fiesta de los sevillanos.

Sí, la paga la ciudad, el Ayuntamiento recauda unas cuantas tasas y presta muchos servicios, pero no todos los ciudadanos (y muchos menos los visitantes de fuera), pueden participar en esta fiesta que se hace sobre terreno público y a costas de las arcas municipales.

Creo que Sevilla es uno de los pocos sitios que conozco en los ni siquiera sus propios ciudadanos tienen derecho a participar en una fiesta local. La mayoría de las casetas son privadas, con su guarda de seguridad en la puerta y con un precio altísimo para ser socio de ellas, así como una fuerte selección social a la hora de admitir socios, si el precio no es lo suficientemente disuasivo.

Las pocas casetas públicas que quedan (distritos municipales y partidos políticos) no llegan a ser veinte dentro de un recinto con más de mil. Además están descuidadas, porque se conciben como una especie de contenedor para que los pobres desgraciados que no tengan caseta puedan meterse en algún sitio. Son algo así como hospicios feriales.

Si uno no tiene caseta (la mayoría de los sevillanos no la tienen) y no quiere estar de la manita de uno que sí la tiene (como si fuera un desamparado recogido misericordemente) y, además, desea ir a la Feria, sólo tiene la opción de dar paseos por las calles del recinto ferial.

La Feria de Abril es la expresión más clara del clasismo, elitismo de tercera y de la estructura internamente discriminatoria de la sociedad sevillana, pero lo peor de todo ello es que se paga con fondos públicos.

Cuando el actual alcalde propuso un nuevo recinto en el que las nuevas casetas fueran casi todas públicas, en régimen de concesión, muchos se echaron las manos a la cabeza y diciendo que la Feria iba a perder su esencia (en palabras del entonces portavoz municipal del PP, Jaime Reynaud). La verdad es que el señor Reynaud tenía razón, si la Feria se hace para todos, la Feria pierde su esencia, que es el clasismo, el elitismo de tercera categoría y la discriminación de la mayoría de los sevillanos.

Después hay otros elementos que hacen que odie la Feria. Bebida cara, vino aguada, comida también cara y a un precio digno de un restaurante de cocina creativa. El albero (una tierra amarilla que se utiliza para las calles) recorriendo los pulmones. Atascos de caballos en las horas vespertinas. Obligatoriedad de pasarlo bien y la sensación de estar viviendo una reedición sevillana de las “hogueras de las vanidades”.

Total, que cuando toca la Feria ni la piso, aunque me encuentre en Sevilla. Es en las pocas cosas en las que he conseguido una mínima coherencia existencial: no voy a donde me excluyen y a donde, en todo caso, se dan unos factores que no me gustan.

El actual Alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, va a batir un récord en la política local. Será, cuando acabe su actual mandato, la persona que más tiempo haya sido Alcalde de Sevilla. Es un logro difícil para una persona que siempre lo ha tenido todo en contra, incluso su primera candidatura a la Alcaldía, ganada en las primarias a José Rodríguez de la Borbolla, ex Presidente de la Junta de Andalucía.

El frente mediático con el que se Monteseirín tiene que lidiar todos los días harían palidecer al que ha soportado Zapatero la pasada legislatura. A pesar de ello, logró tras las elecciones de 2007 reeditar el pacto con IU, empatando en concejales y sólo con tres mil votos por detrás.

Los dos socios de gobierno tienen un gran fallo en comunicación política (asunto que tanto me preocupa), pero han conseguido remozar muchos de los barrios de Sevilla (esos que no salen en los periódicos y que estos no explican nunca su voto), reestructurar el centro de la Ciudad (contra las movilizaciones y mentiras de unos comerciantes entregados al PP) y éxitos tan emblemáticos como el carril bici (con miles de usuarios todos los días).

A Monteseirín se le critica todo, absolutamente todo. Los que un día dicen que un proyecto es inútil a los dos días dicen que ya lleva una semana de retraso algo que es imprescindible o se traen a un arquitecto inglés o alemán para que diga que el modelo del Ayuntamiento es malísimo y que él, por unos cuantos millones, hace lo mismo pero con otro espíritu. Dicen que es el peor y más nefasto alcalde que Sevilla ha tenido, pero nunca dicen los motivos de su juicio.

Con la excepción de la remodelación de “El Prado” me cuesta recordar algo que el PP hiciera en Sevilla en los ocho años en los que formó parte del equipo de gobierno municipal. Eso sí, muchas fotos si les hicieron, todos los medios les reían las gracias y decían que lo estaban haciendo estupendamente, la pena es que no decían qué estaban haciendo tan bien.

La noticia de que se ha abierto una página web para propugnar que Esperanza Aguirre sea la Presidente del Gobierno en 2012 saltó ayer a la Blogosfera. A la hora que es la página ha sido retirada.

Por el tono de las entradas que pude leer ayer, la inspiración era la propia de “Libertad Digital” y el tono pues he oído no resultaba novedoso. El hecho de que alguien proponga una candidata a la Presidencia del Gobierno y la promocione fuera de los cauces normales de un partido (barones, camarillas y esas cosas) sí que es novedoso.

Es evidente que la notoriedad de esa promoción y su publicidad sí es novedosa. Circunstancias tales como que se anuncie sin expresar un vínculo ineludible con el “proyecto” del PP, que se critique abiertamente las decisiones del Presidente del PP y que hasta se pusiera un formulario para enviar cartas de queja a Rajoy dejan en mal lugar a Esperanza Aguirre, pues a los partidos no le gusta nada este tipo de cosas.

Tan descarado es el daño que esta página, que incluso ha sido noticia en “El Mundo”, puede hacerle a Esperanza Aguirre que parece hecha por los adversarios de la “lideresa”. Si estos forofos de Aguirre tienen tan poca idea de política y de las consecuencias de una acción como la que han realizado, esto mismo dice poco de su propuesta de que Aguirre sea Presidenta.

Los de izquierdas nos estamos divirtiendo como críos, viendo como la “derecha mediática” emplea sus armas contra los suyos y le dicen de todo a Rajoy por la designación de Soraya Sáenz de Santamaría como portavoz del Grupo Parlamentario en el Congreso. Con lo pesado que son estos chicos de la “derecha mediática” la cosa promete mucho y por mucho tiempo.

¿Es adecuada la decisión de Rajoy en términos de comunicación política, es decir, para los ciudadanos y no tanto para las cuestiones internas del Partido Popular? A estas alturas resulta ya evidente que Rajoy se ha querido dotar de una guardia pretoriana para hacer de una vez lo que él quiera, que ya le toca después de cuatro años de ser una marioneta.

Ese mensaje tiene algunos problemas. El primero es que reconoces que has sido una marioneta y eso no gusta mucho a los votantes. El segundo es que si no contentas a parte de tu apoyo externo, te quedas solo y siempre es más divertido darle caña a los tuyos (porque sabes más de ellos) que seguir con Zapatero, para el que hay que buscar otro idioma para incorporar nuevos insultos. El tercer problema es que transmite poca confianza en los dirigentes de su propio partido.

Vayamos ahora a analizar a la persona elegida. Soraya Sáenz de Santamaría es poco conocida por la mayoría de los ciudadanos, pero eso no es un inconveniente porque si quieres dar otra imagen es bueno tirar de banquillo. Lo negativo viene del hecho de que su aparición en primera línea ha sido objeto de polémica.

Yo me alegro que alguien de mi cohorte por fin ocupe un puesto relevante, no obstante, Soraya Sáenz de Santamaría tiene un problema de imagen bastante gordo: la ves y piensas que es una niña pija, por más que ahora salgan diciéndonos que ayudó a su tío panadero en los veranos.

Su forma de vestir, de peinarse y el primer apellido es un conjunto que a muchos españoles les produce rechazo. Algunos dirán que no tiene culpa de tener ese primer apellido, pero no sabrán que, por ejemplo Esperanza Aguirre tiene Gil de Biedma como segundo apellido y que Ruiz Gallardón es realmente “Ruiz-Gallardón”. Ellos tienen visión política hasta en eso, Soraya no.

Se me podrá decir que frivolizo la política hablando de ropa, apellidos y peinados, pero si hablamos comunicación política, la imagen es importante porque la primera imagen que se tiene de alguien es difícil de removerla. Como hábilmente le cuelguen la etiqueta de “arribista”, “niñata” o “pija” es sumamente difícil quitársela. Aunque es peor ser llamada la “niña de Rajoy”.

La “derecha mediática” la trata como una novata y en el PSOE, que no son precisamente tontos, aprovechan para poder a sus pesos pesados, con imagen de seriedad y autoridad, junto a ella para que los periodistas tomen sus fotografías e inmortalicen la cara de un “comprensivo” Alonso y de un terminante Jáuregui, mientras ella aparece como una diputada nueva, teniendo que mirar para arriba, e intentado codearse con los importantes.

Uno de los argumentos que, por lo visto, emplea Federico Jiménez Losantos para atacar a Rajoy es que los medios más cercanos a la izquierda han visto con buenos ojos la elección de Soraya Sáenz de Santamaría como portavoz parlamentaria.

Aplicando rigurosamente la doctrina de que si el adversario político y mediático aplaude algo, entonces eso es malo, y que si lo rechazo, entonces es bueno. Toma los titulares de algunos medios y los pronunciamientos de otros medios para convertirlos en argumentos como Rajoy.

No es la primera que lo hace, más bien es una pauta de su comportamiento. No hay nada más peligroso, en el mundo político, que tener una pauta de comportamiento tan simple y tan fácilmente previsible como ésta.

Cualquiera puede conocer esta pauta de comportamiento y utilizarla a favor de sus intereses. Para que Federico Jiménez Losantos salte contra alguien, sólo es necesario alabarlo, y él se olvidará de las consecuencias de sus palabras.

No descubro nada si digo que a la izquierda lo que más le conviene políticamente es que en el PP haya un conflicto cuanto más duro y duradero mejor. Si se llega al extremo, poco probable, de producirse una escisión, en Ferraz montan una fiesta mayor que las de una victoria en las Elecciones Generales.

Los sectores más conservadores de la derecha española, siguiendo a su referente radiofónico, han reaccionado desbordándose. Su previsibilidad excesiva les puede convertir en víctimas de sus propios adversarios políticos, pues siempre reaccionan como se espera que hagan y basta mover una ficha para conseguir de ellos el comportamiento deseado incluso contra los intereses que defienden.

Leyendo a nuestro Becario en Moncloa durante la campaña, he de confesar que tuve un sobresalto. Se preguntaba, al final de entrada, sobre la posibilidad de un posible pacto de gobierno entre el PSOE y el PP. Ahora, pasadas las elecciones y con un poco de tranquilidad, me gustaría valorar esa posibilidad.

De lo que no cabe duda es que el gobierno hubiera salido el que hubiese tenido más respaldo parlamentario en la historia de la democracia: 323 diputados. Ésta sería la única ventaja. ¿Cuáles son las desventajas tanto para el sistema como para los dos partidos? Hagamos un poco de política especulativa mientras esperamos la segunda investidura de Zapatero.

1) El sistema se quedaría sin una oposición consistente y articulada, que pueda constituirse en una alternativa a ese hipotético gobierno bipartito. La oposición es una lata por dos motivos, el primero es que es desagradable estar en ella y el segundo procede de las molestias que provoca cuando se está en el gobierno. La imposibilidad de una alternativa a los dos partidos del gobierno en las siguientes elecciones provocaría un incremento notable de la abstención.

2) Sólo dos partidos (IU y UPyD) asumirían la labor opositora a nivel nacional, lo que les proporcionaría una mayor notoriedad y la posibilidad de robarles apoyos al PSOE y al PP respectivamente. Serían los destinatarios “naturales” de los descontentos con la coalición, pero tampoco sería descartable el surgimiento de un partido netamente conservador (por ser generoso con el adjetivo). Sería el momento de las opciones más radicales e incluso de las contrarias al sistema.

3) En cada de uno de los partidos habría un gran malestar, pero que sería ridículo respecto al de los votantes en los que su voto tenía una finalidad negativa (evitar que alguien permanezca o llegue al gobierno). No puedo negarme al tormentoso morbo que me produce imaginar a Zapatero de Presidente con Rajoy de Vicepresidente en la foto de familia que el Consejo de Ministros se hace al empezar.

4) En todo caso el gobierno estaría formado por ministros de segunda fila, ya que los dos partidos se obligarían a descartar a las figuras de más peso del adversario. Lo mismo, contradiciéndome respecto al anterior punto, la Presidencia y la Vicepresidencia no recaerían en ninguno de los dos líderes.

5) La negociación del programa de gobierno sería una verdadera tortura. Cada uno de los dos partidos querría evidenciar las diferencias programáticas para luego jactarse que su gran adversario ha tenido que tragar. El programa de gobierno sería un homenaje al inmovilismo (no tocar nada de lo hecho anteriormente), con algún premio de consolación para cada grupo.

6) La confianza entre los miembros del gobierno sería problemática. Si el ministro de Hacienda dota generosamente un ministerio llevado por el otro partido, los suyos se subirán por las paredes. Tendrían que negociar cada línea de los Presupuestos y cuando unos Presupuestos son fruto de un acuerdo, no llevan una línea de acción y solamente sirven para mantener al Estado con vida.

7) La verdad es que no encuentra la necesidad que hubiera tenido organizar un gobierno de este tipo y me congratulo con que nadie haya intentado formar ese engendro político. Comprendo este tipo de gobierno en épocas tan críticas como una guerra, tal y como hicieron laboristas y conservadores en el Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial.

8) Personalmente sentiría una gran decepción.

El poco peso interno que Andalucía tiene dentro del PSOE y del PP clama al cielo. Andalucía es la comunidad autónoma que más militante aporta a cada uno de estos dos partidos, entre el 20% y el 25% de los militantes socialistas y populares.

El peso de Andalucía no sólo es importante en términos de militancia, sino también en los diputados aportados a los respectivos grupos parlamentarios, ya que tanto en el PSOE como en el PP, no en vano cuenta con ocho provincias y es la comunidad más poblada.

En cambio la relevancia de Andalucía en las decisiones de los dos grandes partidos es mínima, reduciéndose a unas cuotas en las ejecutivas y cuando se gobierna, en el Gobierno.

La mayor aportación de diputados al Grupo Socialista procede del PSOE-A: treinta y seis y es la segunda diferencia más importante. En cambio no parece que el PSOE-A marque ninguna línea política o exponga alguna preferencia dentro del PSOE, como sí hacen el PSC (con once diputados menos) y el PSE (con veintisiete diputados menos).

Ahora que en el PP se habla de renovación, están en boca de todos los líderes y las opiniones de los dirigentes regionales de Madrid (con siete diputados menos) y de la Comunidad Valenciana (con seis diputados menos). La aportación de diputados al PP de cualquiera de estas dos comunidades es significativamente inferior a la que hace el PP-A. La región que más aporta es un perpetuo convidado de piedra en esta aparente renovación.

La conclusión no puede ser otra que el peso que a Andalucía le dan sus numerosísimos militantes y sus grandes aportaciones a los dos grupos parlamentarios no se traducen en un peso político equivalente de Andalucía dentro de los dos grandes partidos. Parece que los andaluces, militantes y diputados, solamente están para hacer bulto, formar una parte disciplinada y sonriente de la mayoría interna de turno y para poco más. El Andalucismo que ambas formaciones dicen profesar no deja de ser pura retórica.

 

PSOE

PP

Andalucía

36

25

Cataluña

25

8

Madrid

18

15

C. Valenciana

19

14

Euskadi

9

3

Países como Suiza, Luxemburgo o Liechtenstein siempre se nos han presentado a los españoles como arquetipos de sociedad democráticas, con unas economías robustas, unos derechos amplios y unos servicios públicos que son la envidia de todos los tiempos.

Sabíamos que en estos países en los bancos había productos financieros famosos por su secretismo y que atraían a las mayores fortunas del mundo, pero en la niebla de ese secretismo se moría nuestro conocimiento.

A lo largo de las últimas décadas nos hemos enterado que estos paraísos de la cultura occidental se han financiado con las fortunas desviadas del fraude fiscal, de la corrupción política, del tráfico de armas, las indecentes cantidades de dinero de las más crueles dictaduras, del crimen organizado o de las bandas terroristas. Estos días hemos conocido que ETA guarda su dinero en el finísimo y principesco estado de Liechtenstein.

La ecuanimidad, la humanidad y la rectitud de los ciudadanos de estos países, cualidades que han hecho época, se han edificado sobre las injusticias, los crímenes, los robos, las hambrunas, las guerras y todos los vicios morales y políticos que son los únicos capaces de engendrar estas fortunas secretas.

El secreto es su negocio, pero realmente la muerte es el verdadero negocio de estos impolutos países. Son sepulcros blanqueados; podredumbre con un excelente aspecto externo. Por lo menos, que a nadie se les ocurra volver a ponernos a esos países de ejemplo para nada.

Quiero hacer un paréntesis en la política, para intentar reflexionar sobre Fernando Alonso y sobre los motivos por los que este chico no me cae demasiado en gracia.

Ante todo tengo que reconocer el esfuerzo, el trabajo y la dedicación que Fernando Alonso ha tenido a lo largo de su vida para conseguir los objetivos que se había marcado. Los sacrificios han debido ser muchos y onerosos, pero en su caso han tenido la satisfacción de alcanzar lo que buscaba.

No me cae demasiado en gracia porque tengo la sensación (absolutamente subjetiva) de que Fernando Alonso se avergüenza un poquito de nosotros, que es español porque no tiene más remedio (lo cual es muy orteguiano, dicho sea de paso), pero que las peculiaridades y el “glamour” de la Fórmula 1 la siente incompatible con lo “catetillo” que somos los españoles.

Para mí la Fórmula 1, antes que él llegase, era la versión dominical de los reportajes de “La 2”. Desde que comenzó en esta categoría, yo y millones vivimos las carreras como un acontecimiento de primer orden, hemos aprendido una barbaridad sobre este deporte y hasta hemos reventado de alegría con un adelantamiento o un tropiezo de Raikonen o Hamilton.

Nosotros que realmente de lo que sabemos es de fútbol, reinterpretamos futbolísticamente la Fórmula 1. Puede que a pesar de los esfuerzos de “Telecinco” sigamos siendo unos ignorantes y que para nosotros un sexto puesto no valga nada, aunque sea un logro significativo. Todo esto puede ser cierto, pero nosotros y nuestra presencia por millones delante de la televisión es lo que hizo que un español principiante tuviera patrocinadores y que ahora estos paguen un buen dinero para llevar su marca en un coche al que todo un país le va a prestar atención.

¿Qué le pediría a Fernando Alonso? Evidentemente no le puedo pedir a él ni a nadie un fervor patriótico que ni yo poseo, pero sí me gustaría ver complicidad por su parte hacia los aficionados españoles que recorren kilómetros para verlo en los circuitos europeos. No le puedo solicitar que sea ni más simpático ni más carismático (cada cual es como es), pero sí que cuando termina una temporada no pasa nada por dedicarte siete días a pasar por todas las cadenas de televisión y radio comentando que tal has visto el campeonato de ese año

En cierto modo somos sus clientes. Era un mercado por conquistar y nos hemos dejado asaltar por la Fórmula 1 comandada por Alonso. Sólo pedimos ser tratados como unos aficionados más, no como simple cuota de pantalla. Una vez liberado por el propio Alonso del débito de la fidelidad a un compatriota, yo animo a Raikonen, que me parece un gran piloto y que por fin pudo ganar su primer campeonato.

Zapatero no hace ni veinte días que ha ganado sus segundas Elecciones Generales. Evidentemente nadie habla de su sucesión porque la victoria embriaga tanto que parece que va a ser continua, porque él no ha insinuado nada sobre si aspirará a un tercer mandato y porque en un partido que gobierna todos quieren estar a buenas con el jefe.

Pero la sucesión de los líderes políticos es algo tan natural como la muerte en los seres vivos. Ninguno es eterno. Zapatero que no es tonto, aunque la derecha lo minusvalore y desprecia a pesar de las derrotas que le propina sí tiene en cuenta este factor y puede que esté preparando su propia sucesión.

¿Cuál puede ser el próximo líder socialista? José Bono, a quien Zapatero le arrebató la Secretaría General del PSOE contra todo pronóstico en 2004. ¿Por qué Bono?

José Bono, aunque protagonizase una dimisión sonora allá por abril de 2006, no ha criticado al Presidente del Gobierno, ni a la línea política del PSOE, a lo sumo a dado a entender muy veladamente para luego cerrar filas con la dirección de su partido. Es un hombre de partido y eso es una de las cosas que más se valora en el PSOE.

La política de Zapatero está hundiendo a la izquierda más allá del PSOE y con los méritos que añaden los dirigentes de IU puede que al menos para la propia legislatura la resurrección no sea posible. Se ha constatado que el dogma de que a mayor participación, victoria de la izquierda, puede que no sea general del todo (especialmente si descendemos del nivel nacional y nos vamos a las circunscripciones), por lo que ir a por electorado del PP con un candidato más centrista sería razonable desde una perspectiva puramente electoral.

Lo poco que quieren a Bono los nacionalistas lo estamos viendo este día con las negociaciones para que tenga apoyos suficientes para ir elegido Presidente del Congreso. Los nacionalistas “periféricos” no lo quieren, lo cual lo hace un santo mártir a los ojos del electorado nacionalista español. El hecho de que su partido cuenta con él como Presidente del Congreso, con la proyección pública que ese puesto tiene, indica claramente que se le tiene preparado por lo que pueda pasar.

Una buena parte del electorado del PP podría estar dispuesta para votar a un candidato de las características de Bono. Esto votos ganados al PP compensarían la pérdida de votos por la izquierda, no sólo numéricamente sino en el juego de las distancias con los populares. Por cada voto que se le arrebatase al PP, este partido necesitaría tres votos para adelantar al PP. La pregunta es si este grupo de votantes del PP estarían dispuestos a cambiar sólo a causa de Bono, aunque no es del todo descartable, toda vez que las Elecciones Generales son cada día más unas elecciones presidenciales que unas elecciones legislativas.

Bono tiene a favor que es un triunfador electoral en Castilla-La Mancha. Ganó las seis elecciones a la que se presentó como candidato a Presidencia regional y todas con mayoría absoluta. Esto es especialmente notable cuando en Castilla-La Mancha ha experimentado un giro significativo al PP desde 1993, es decir, el PSOE regional obtiene victorias donde el PSOE nacional cosecha derrotas. Esto sí puede ser tomado como una prueba de que tiene capacidad de quitarle votos a la derecha. En su etapa de ministro era el más conocido, dos veces el más valorado, aunque también producía uno de los mayores rechazos.

Obviamente, no todo son ventajas para una hipotética candidatura de Bono. Buena parte del PSOE se ha sentido incómoda ante sus declaraciones, aunque todos le reconocen la fidelidad a las siglas y muchos socialistas se reconocen silenciosamente en sus palabras. El hecho de que los obispos estuviesen encantado con él, sería un problema dentro del partido.

Aunque en todo caso el mayor problema que tiene Bono procede de las únicas elecciones que ha perdido. Era el candidato favorito para hacerse con la Secretaría en el XXXIV Congreso y un diputado leonés, prácticamente desconocido, va y por un margen estrechísimo le gana. Es difícil que los socialistas quieran darle una oportunidad al perdedor y más cuando ya es un veterano. Tendría más posibilidades de suceder a Zapatero si él es quien renuncia a volver a presentarse que si la elección del nuevo candidato es fruto de una hipotética derrota electoral en 2012.

La izquierda siempre ha sido muy reacia a los Estados Unidos como un todo, como política, como forma de vida, como cultural y como referente. El otro día leí una entrada de Lluís Pérez Lozano (en catalán y en castellano) en la que reivindicaba el liderazgo que la Norteamérica progresista ha tenido en las democracias occidentales, y achacaba a la influencia de la propaganda soviética en los años sesenta y setenta la alergia que la mayor parte de la izquierda catalana (y no diría que española) tiene a los Estados Unidos.

Guste o no los Estados Unidos son la democracia más antigua de las existentes y ha servido de modelo, más o menos confesado, a las diversas democracias occidentales. La democracia estadounidense exhibe sus virtudes y también sus defectos, lo cual ha sido una pedagogía impagable para los países que se adentraban en esta forma de gobierno.

No podemos dudar que en los Estados Unidos, los liberales (denominación local para la izquierda) han sido el motor del cambio y la transformación de este país. Los liberales han hecho de los Estados Unidos un referente en muchos planos, desde colocar a Norteamérica como primera potencia mundial a la efectividad de los derechos civiles reconocidos en la Constitución.

Se nos ha querido hacer creer que los Estados Unidos es un oscuro imperio de lo conservador. Pero pronto se olvida que Clinton ganó con tranquilidad sus dos elecciones presidenciales, que Al Gore obtuvo la mayoría de los votos populares (que no de mandatos) en 2000, que actualmente tanto la Cámara de Representantes como el Senado tienen mayorías bastante liberales, así como la mayor parte de los gobernadores de los diversos estados.

En España cuando gana la izquierda hay quienes dicen que es debido a la ignorancia de los españoles, pero buena parte de la izquierda española piensa que en Estados Unidos ganan los republicanos porque los estadounidenses son unos ignorantes. Reconozcámosles a los estadounidenses una sabiduría política al menos igual de consistente que la nuestra y seamos capaz de admitir que la decadencia de los liberales en los ochenta y primera parte de los noventa se debió en buena parte a política no renovadas y a creer que la sociedad no había evolucionado desde la época de F. D. Roosevelt.

Programáticamente Barack Obama no es el más liberal de los candidatos presidenciales que han tenido los demócratas. Pero Obama sí despierta el entusiasmo de los liberales. ¿Por qué? Porque Obama sabe transmitir con una oratoria brillante una identidad que todo el mundo tiene dentro de sí, una identidad de comunidad en la que hay que cuidar a todos sus miembros y recurre a la emoción. Ya lo dijo George Lakoff (a quien también Lluís Pérez  cita) no se vota según datos o “verdades”, sino según identidades.

La propaganda comunista que más éxito tuvo en Europa Occidental no era aquella que glorificaba a la Unión Soviética (cosa difícil ya que se conocían los horrores de la URSS), sino la que atacó sistemáticamente a los Estados Unidos. La propaganda comunista consiguió crear pocos comunistas pero sí multitudes de antiamericanos. Con ese prejuicio antiamericano se ha pretendido inocular el virus de la duda sobre la democracia como sistema, ya que si el arquetipo es perverso, sus reflejos tienen que serlo aún más.

Pienso que es hora que la izquierda europea deje de ser tan antiamericana; ya ha llegado el momento en el que declararse de izquierda y tener una visión amplia sobre los Estados Unidos no sean socialmente incompatibles; hay que rechazar el tópico que ser de izquierdas es ser forzosamente antimericano.

Esto no quiere decir que haya que caer en un movimiento pendular y ahora la izquierda quede embelesada por la democracia americana. Somos conscientes de lo bueno y lo malo que han hecho los Estados Unidos, mi invitación no es consistir en decir que nos debemos olvidar de lo malo, sino que no nos debemos olvidar de lo bueno.

En 1977 se celebraron las primeras elecciones democráticas en España después de más de cuarenta años. La democracia era un sistema consolidado en lo que se ha llamado "los países de nuestro entorno", es decir, en Europa Occidental y nosotros apenas teníamos tradición, derrochábamos mucha ilusión y buscábamos referentes en nuestro alrededor para guiarnos en un camino que podía ser difícil pero a la vez prometedor.

Pasados unos pocos años, con una recién estrenada Constitución y unas pocas elecciones en nuestras urnas, era lógico pensar que el proceso de democratización no estaba concluido, que los ciudadanos teníamos que adquirir una mayor y mejor conciencias democrático y que los usos y costumbres de otros países podían seguir sirviéndonos para no dar palos de ciego.

Pero el tiempo no pasa en balde y nuestra democracia, naciente en los años setenta y adolescente en los primeros ochenta, ya tiene más de treinta años. Un amplio sector de la población (los nacidos a partir de 1970) hemos crecido en un ambiente democrático y éste es tan connatural a nosotros como nuestras familias.

A pesar de que llevamos más de treinta años de democracia, de que han gobernado España tres partidos políticos diferentes, hemos tenido diez elecciones generales, un montón de autonómicas y municipales, varias consultas por medio de referéndum y un conjunto de derechos fundamentales y de libertades públicas que tienen un respeto razonable y una consideración general, es muy curioso y extraño que siga habiendo personas que digan que nuestra democracia es joven y inmadura y que aquí no pasa lo que pasa en las democracias más consolidadas.

Quienes recurren a este concepto suelen hablar de Francia, con una democracia restaurada en los años cincuenta y suspendida a causa de la crisis de la Guerra de Argelia; se refieren a Alemania, un país que todos los que hemos estudiado algo de Historia en el Bachillerato sabemos perfectamente que prácticamente es un recién llegado a la democracia en 1948, cuando se promulgó la Ley Fundamental de Bonn, pues la República de Weimar casi nunca tuvo apoyo social, como demostraron los acontecimientos que condujeron a 1934. Hablan de Italia y es cuando yo me muero de risa, porque se olvidan del larguísimo gobierno nada democrático de Mussolini y de un sistema establecido después de la Segunda Guerra Mundial que saltó por lo alto al final de los años ochenta. Los ejemplos se pueden multiplicar.

En 1977, Alemania e Italia sólo llevaban veintinueve años de continuidad democrática, hoy España lleva treinta y uno. ¿Por qué Alemania o Italia eran democracias consolidadas a los veintinueve años y España es una democracia no consolidada a los treinta y uno? ¿Cuántos años o siglos requerirá nuestro país para merecer el calificativo de democracia consolidada?

El problema es que el concepto de “democracia consolidada”, que ha sido y es tan utilizado en algunos medios, es un eufemismo para decir que España realmente no es una democracia, sino un inicio de democracia, porque las cosas que pasan en España no pasarían si fuésemos una democracia consolidada. ¿Y qué es lo que pasa? Básicamente lo que aturde al que utiliza este argumento es que las elecciones las gane la izquierda y piensa que en otros países no pasa eso, sin saber que sí pasa y pasa mucho.

Pero este eufemismo, si bien es el principal, tiene algunos hijos. Muchas personas dicen que tal o cual cosa no pasa en las “democracias más consolidadas”, pero lo realmente hacen es atribuir a la inmadurez democrática española lo que no les gusta, estructural o coyunturalmente, desde que haya nacionalistas en Las Cortes, la Ley D´Hondt (que no termina de saber qué es), la limitación de mandatos, la estructura del Tribunal Constitucional, el matrimonio homosexual o el sistema de gobierno del Poder Judicial.

España ya tiene derecho a considerarse una “democracia consolidada” y a que nadie cuestione la validez o invalidez de nuestro sistema político porque no le guste una decisión, una circunstancia o un resultado electoral.

Rajoy es uno de los peores líderes políticos que han visto los treinta años de democracia española. Él solito se mete en unos terrenos en los que nadie le llama, propone cosas que nadie puede ver utilidad y que, y es lo peor, a nadie le interesa.

En el tramo final de la campaña electoral le pidió al PSOE que si él ganaba las elecciones, se abstuviera en el debate de investidura para facilitarle gobernar. El problema es no ha ganado las elecciones (las ha perdido aunque no se lo crean) y ahora un listo del PSOE ha recordado esas palabras y le invita a abstenerse en la investidura de Zapatero, esto es, no le pide otra cosa que coherencia con sus propias propuestas.

Rajoy creyó que pedirle la abstención al PSOE transmitía la idea de que ya se preparaba para gobernar antes de ganar las elecciones. El PSOE, que no está precisamente lleno de tontos, se calló y esperó.

Nadie espera ni esperaba que el principal partido de la oposición se abstenga en la investidura, porque para algo encabeza la oposición que consiste precisamente en eso, en oponerse y es una pésima manera de comenzar la oposición no votando en contra del programa de gobierno del partido al que le tendrás que decir no porque el sistema así te lo pide. En política sólo hay que sacar algo nuevo cuando la única posibilidad es que salgas ganador, todo lo demás es una torpeza.

Pidió al PSOE la abstención y ahora tendrá que justificar como pueda que va a votar en contra. Su absurda propuesta le va a forzar en tener que explicar a diestro y siniestro que el PP rechaza el programa de Zapatero, no convencerá a nadie y quedará como su primera mentira incluso antes de constituirse el Congreso.

Si en vez de intentar ser ingenioso, arriesgado ni urdir inútiles encerronas durante la campaña, se hubiera quedado calladito, dentro de unas semanas hubiera votado “no”, que es lo que todo el mundo ve lógico y comenzaba tan ricamente sus nuevos cuatro años de fracaso opositor, en vez de iniciar la legislatura con un gol en contra antes de saltar al campo.

Se llama “diputado o candidato cunero” a aquel que no procede o está vinculado con la circunscripción por la que es elegido o en la que se presenta. En todas las elecciones unas formaciones políticas se acusan a otras de presentar cuneros en sus listas.

¿Es importante ser, tener vínculos o vivir en la provincia en la que un candidato se presenta? La respuesta es relativa, ya que depende del tipo de formación política que sostenga esa candidatura. Si la candidatura es nacionalista o regionalista pues sería paradójico que presentase a alguien que no ha pisado nunca la tierra amada y prometida a la que se aspira a representar.

Si el partido que presenta la candidatura es un partido de esos que se llaman de “ámbito nacional”, poco importa de donde son los candidatos. Se trata de formar un grupo parlamentario con capacidad política y conocimientos en la basta región de actuación del Estado y claro, asignar capacidad oratoria a un provincia, conocimiento en medio ambiente a otra y en temas de contratación pública a otra puede que no funcione.

La circunscripción con más cuneros es Madrid, provincia en la que ninguna de las cuatro formaciones que han obtenido escaño tenía una candidatura encabeza por un madrileño o madrileña. Han tenido a un leonés, un coruñés, un asturiano y una vizcaína como primeras espadas y nadie se ha quejado por ello.

Si a alguien no le gusta que la candidatura de un partido en su provincia sea encabezada o esté compuesta por alguien de otra provincia, tiene la sencilla opción de no votarles y así mostrar su rechazo a esta invasión interprovincial. De todas formas creo que la encuesta postelectoral del CIS no mencionará a los candidatos cuneros entre aquellos criterios que los españoles confiesan que han sido determinantes a la hora de decidir su voto.

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