- ONU y velocidad: para tomar nota
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Preguntado sobre la conveniencia de establecer un límite de velocidad común para todo el mundo o, al menos, para toda Europa, Capel apuntó que "lo fundamental no es que la velocidad sea alta o baja, sino adecuada", porque "en ocasiones es más peligroso ir a 50 por una vía de 30, que ir a 140 por una autopista", explicó en una entrevista de EFE. http://es.news.yahoo.com/19042007/185/onu-advierte-mas-mil-jovenes-mueren-dia-accidentes-trafico.html
Capel no es cualquiera. Es el director de la División de Transporte de la Comisión de la ONU para Europa (UNECE). Y ha hablado con ocasión de la Semana Mundial de la Seguridad Vial.
Tiene que venir la ONU y poner los puntos sobre las “ies” a algunos países. Primero, enseñando a hablar con precisión a los políticos y a algunos responsables en la materia (no sólo cuando les conviene, sino siempre). Adecuada. Así tiene que ser la velocidad. Una triste señal abandonada a su suerte, no tiene ni la menor idea de cuál es. Y un límite genérico, tampoco.
Segundo, para que el ciudadano y los comunicadores sean críticos y puedan reconocer y separar planes recaudatorios, planes pro-seguridad y planes educacionales.
Con la declaración "En ocasiones es más peligroso ir a 50 por una vía de 30, que ir a 140 por una autopista", termina el artículo. Pues diría más, en mi gran ciudad veo a diario que es más peligroso ir a 50 o a 40 por una vía de 50 que ir a xxx por el peaje Zaragoza-Barcelona. Y que cada cual ponga en la xxx lo adecuado a su coche, su propio estado anímico, las condiciones ambientales, el volumen de vehículos, la situación instantánea del tráfico, las condiciones de mantenimiento del coche, presiones de sus neumáticos adecuadas a la carga, etc, etc… habilidades propias del conductor al margen.
Aprovechando que vienen “de fuera”, con una visión global de conjunto, si las señales inteligentes son "caras",
¿no sería el momento de sustituir muchas señales de prohibido por aquellas cuadradas azules casi olvidadas de velocidad máxima recomendada? Cada uno, que sea responsable de sus actos. Que nada peor que la actual sensación de falsa seguridad por el mero hecho de poner el control de crucero clavado a 131 km/h en la autopista y… a pensar en tus cosas, como si fueses un pasajero más. Cualquiera que viaje entre semana, sabrá de qué le hablo.
- Bruselas contra la seguridad
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Ahora resulta que son los políticos los que están poniendo piedras en el camino de la seguridad del automóvil. Mientras predican una cosa, incluso ponen fondos para que se investigue y avance en la seguridad, se dedican a poner obstáculos en el camino. ¿Por qué no se reservan frecuencias radioeléctricas para que los coches comuniquen entre ellos?
Acabo de bajarme de conducir un cuarteto de coches que “dialogan” entre ellos. Impresionante. Me acerco demasiado deprisa al coche de delante y éste, espontáneamente, enciende su warning y me “flashea” con las luces de freno para advertirme de que me estoy acercando demasiado.
Sigo haciendo de las mías –ojo, en una pista de pruebas, nosotros solos, con los ingenieros responsables de los prototipos- y me acerco a un cruce a una velocidad tal que infiere que me voy a saltar el stop que tengo delante. No sólo avisa al otro coche de lo que parecen mis intenciones, sino que incluso “toca” brevemente el freno y sacude mi asiento para que espabile y frene ante la señal de stop.
¿Magia, costosísimos equipos de James Bond? Pues nada de eso. Cada internauta tiene los componentes que se necesitan para conseguir todo esto ya instalados en su ordenador. A lo sumo debería añadir un GPS si el coche no lo lleva, para “adivinar” mejor la posibilidad de verse envuelto en un alcance. Puesto en el coche, todo esto cuesta lo que un bluetooth de manos libres.
¿Y dónde está el problema? Pues que para que los coches se comuniquen necesitan unas frecuencias radioléctricas. Por seguridad, deberían ser sólo para ellos. En Estados Unidos, que reconocen que un 80 por ciento de los accidentes son por inatención –es lo que tiene ir despacio, con el conductor concentrado en sus pensamientos- rápidamente han reservado una frecuencia. En Europa, no. Ni siquiera se sabe cómo responderán luego las autoridades de telecomunicaciones de cada país miembro. En la Europa Común, ni siquiera todos los países emiten mensajes de tráfico (albricias, España sí, ya está implementado plenamente el TMC, y gratis, a través de Radio Nacional), así que dejar que los coches usen una red para ellos, con la que más adelante pueden hacer negocio, parece que no lo tienen tan claro en Bruselas. Visto el negocio de la telefonía móvil, no quieren dejar que les surjan resquicios por los que pueda fluir dinero sin su control.
Una mano, no sabe lo que hace la otra. Se pide seguridad, hay un objetivo de bajar los muertos para 2010, pero cuando se abre un nuevo horizonte, se da dinero a los fabricantes –que al final son los que saben más de esto, que es su negocio- para investigar, pero se guardan la llave. No será ésta una solución milagrosa, pero parece prometedora. Cuando americanos y japoneses ya lo tengan implementado, aquí seguiremos mareando la perdiz. Seguirán peleando políticos y fabricantes, unos intentando que el coche sea un robot y se detenga solo, no supere un límite de velocidad o una línea continua, mientras que los segundos intentarán dar la responsabilidad última al conductor, para que sea libre de infringir una norma si con ello puede evitar un mal mayor.
Creo que en el mundo del automóvil puedo presumir de haberlo probado todo; al menos, me he preocupado de acercarme a tocar todo lo que me olía a significativo. Pues desde aquella presentación en Laponia, sobre carreteras heladas, en las que Mercedes nos dejó sus coches más caros y potentes (400 caballos de los de hace una década), sin clavos ni cadenas, pero con ESP, no creo haber visto nada tan prometedor para la seguridad. Están bien radares para mantener la distancia de seguridad, asistentes de frenada, asistentes de carril, faros direccionales… todo información o ayudas puntuales y “cercanas”, pero nada comparable con el vasto mundo de conocimiento anticipado que abre la comunicación entre vehículos. Ya se sabe, información es poder: poder evitar el incidente.
Aun así, no puedo seguir el entusiasmo de Jacinto Quevedo, director del Mueso Elder de la Ciencia y la Tecnología, que con ocasión de un congreso (http://actualidad.terra.es/ciencia/articulo/coches_inteligentes_existen_no_comercializaran_1387427.htm)se dejó llevar por el optimismo de que no habrá choques en el futuro, ni infracciones de tráfico; pero, al menos, hay que apostar por nuevas soluciones para que sólo haya que preocuparse por lo imprevisible.
Qué coincidencia. Justo el día antes de que yo me subiese a estos prototipos, en la misma pista de pruebas, los políticos españoles han conocido en sus carnes lo que puede aportar el ESP a la seguridad. Una compañera de la revista encuentra pertinente que estos dos hechos casi simultáneos compartan páginas de este número de Autopista. Por supuesto. Ojala al verse en el papel los políticos tarden menos en reaccionar. Doce años han pasado desde que supe que existía electrónica capaz de corregir muchos de mis errores de conducción, a condición de acertar a apuntar con el volante a donde quería ir. Doce años han tardado en enterarse nuestros próceres de lo que ESP significa a la seguridad. Precisamente cuando ellos son los encargados de acotar la realidad… que ignoran. A ver si encuentran hueco en sus agendas y siguen el ritmo no ya de los especialistas, simplemente de los periodistas, que hace mucho que hemos comprobado que quienes verdaderamente conocen el camino de la seguridad son aquellos a quienes les van las lentejas en ello: los fabricantes de los coches. Nadie más que ellos quieren conservar a sus clientes, para que repitan y mantengan su negocio.
- El coche de los políticos
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Si piensas que tu coche de última generación lo ha diseñado Ford o Renault o… te equivocas. Lo han diseñado en sus despachos los políticos. Ya lo sabía, pero algunas personas te lo pueden aclarar un poco más. He comido con el responsable de comunicación técnica de General Motors, con despacho justo al lado del responsable de I+D de Opel y, hace unas décadas, director de las revistas de motos y de coches más importantes de Europa, las de motorpresse. Y me ha hecho partícipe de "lo que sufren" los fabricantes con normas apuntando "a todos lados".
Lo más interesante es su visión de cómo tenemos el coche que nos dejan. Tú quieres un coche pequeño, para moverte por ciudad, con las últimas medidas de seguridad y un motor pequeño y económico. Coges una revista, buscas ese coche que te suena desde hace años y te das cuenta de que no existe. El coche se llama igual, digamos Corsa, pero te encuentras con un coche grande, que ya no aparcas fácilmente. Podríamos haber dicho Clio o 207, a todos les pasa igual.
Sucede que si quieres presumir de tener cinco estrellas en la prueba de choque de EuroNcap –dejando al margen que sea o no representativa de la seguridad real, esto es lo que hay- no lo puedes conseguir con menos de cuatro metros de longitud. Necesitas muchos centímetros vacíos por delante del motor, espacio para que las estructuras deformables trabajen. Más longitud, más metal, más peso.
Para cumplir la normativa de protección de peatones, todos los fabricantes han tenido que levantar sus capós, del orden de 8 ó 10 centímetros para aumentar la capacidad de absorción. Los estilístas han tenido que subir innecesariamente las carrocerías para conservar cierto atractivo, lo que no ha impedido que cada vez más coches parezcan aspirantes a monovolúmenes. Más altura, más superficie frontal, ruedas más grandes por razones estéticas, conclusión: peor aerodinámica.
Más peso y peor aerodinámica obligan a que incluso el motor más modesto haya tenido que subir su cilindrada y/o su potencia. Como además hay que reducir las emisiones, “estrangulando” el motor, si se quiere mantener una capacidad de adelantar simplemente similar al coches de hace diez años con igual nombre, te tienes que ir al segundo peldaño de motor. El aumento de consumo con estas premisas es algo “de ley”.
Puedes elegir el estilo que quieras, puedes elegir la marca, pero esta situación te la encontrarás en todos ellos. Coches más grandes, más pesados, con peor aerodinámica y no necesariamente más grandes en su interior. Más seguros, más gastones y más caros. 1.100 kilos el Opel más pequeño, con una aceleración similar a la de aquellos 127. Con cierta perspectiva, a veces parece que el resultado de las normas llevan al mundo a sitios peores que lo que pretenden arreglar.
- ¿Radares como baratijas?: mejor tarifa plana
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¿Quién le engaña, señor Navarro? Los puntos no es lo que le importa al Estado. No se inquiete si no consigue quitar carnés. Para lo que sirven los radares sirven para afinar las cuentas del Estado y de los municipios.Qué más da que usted no consiga quitar un carné. Quítale puntos del carné de los furgoneteros, todo el día haciendo “pirulas”, y bajará la productividad del país. Persigue las irregularidades del transporte y bajará la productividad del país. Quítales todos los puntos y seguirán rodando –no van a dejar de llevar el sueldo a casa-, aunque lo hagan ilegales. Así se explica la manga ancha que se ve en las fuerzas del orden, que no se creen lo que les mandan. Que nadie se preocupe. El presidente ha prometido que pondrá más radares automáticos. Declaración hecha a la Guardia Civil en un intento vano de contentarla con baratijas. Al menos, se quitarán esa mala imagen de perseguidores de absurdos que les estaban haciendo dar cada vez que detienen a un conductor “normal” en una conducción también normal.
Dan baratijas en forma de cajas recaudadoras en lugar de medios. Eso sí, alguien habrá hecho notar que el descenso de la velocidad media ha significado una disminución del consumo de combustible –que está muy bien-, y que está haciendo un agujero en los ingresos esperables por el gobierno. Por suerte, alguien se ha acordado de que Europa había conminado a España a igualar los impuestos sobre combustible para armonizar entre los países de la comunidad. Pues habrá que hacerlo cuanto antes, no sea que los radares no estén instalados a tiempo y la caída de ingresos extraídos al automovilista sea realmente grave.
Mucho ojo, porque esta vaca puede que ya no esté dispuesta a dar más leche. Los bolsillos del automovilista están exhaustos. Veo en televisión que han tardado cuatro meses en enviar las denuncias de un nuevo radar fijo. A 38.000 conductores ignorantes del gran peligro de circular por esa vía las cuentas no les salen. Les hubiese ido mejor no ir a trabajar durante ese tiempo, porque, a denuncia diaria… Por eso han salido a la calle a protestar (y han vuelto a ser multados por las cosas más variopintas). El día que todos nos movilicemos por el sentido común –hay colectivos que propugnan colapsar ciudades circulando a 50 km/h por las grandes avenidas, otros hablan de no pasar nunca ningún límite para cortarles la recaudación durante un mes, etc- quizá se inventen otra manera de maquillar los presupuestos, no sea que los escándalos del ladrillazo acaben siendo los del radarazo, como en Gran Bretaña. Que se os está viendo el plumero.
Un día escuche una sandez: “a ver cuando ponen una tarifa plana de velocidad en autopista para poder ir a 140 ó 150”. Pues pasan los meses y lo veo más y más congruente. Puesto que se trata de recaudar, puesto que las máquinas recaudadores no están en puntos negros, no están en puntos donde las circunstancias te dictan levantar el pie sino seguir como venías, pues pides una tregua, pagas un fijo mensual (y ya lo haces en forma de impuesto en la gasolina de más que consumes) y te quitas el estrés de pensar que, aunque conduces mucho más lento que hace unos años, todavía te puede venir una multa no sabes de done. Ya pagas un impuesto de circulación, un impuesto de detención (¿o en su ciudad no hay “zona de estacionamiento regulado”?), por qué no un impuesto de “sobrevelocidad en lugares habilitados para ello”. Se designan los lugares –empezando por las autopistas de peaje-, la sobrevelocidad razonable y ya está, otro impuesto a pagar, con la ventaja de no tener sorpresas. Porque no hace falta que nos engañen. Si hasta Malta está buscando reducir los heridos en accidentes y los accidentes, no los muertos. No nos traten como delincuentes por ir en coche con la familia, que ya hay bastantes como para buscar uno en cada automovilista.
- Escándalo en Gran Bretaña con los radares
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Derecho de pernada disfrazado de seguridad
Un periodista se hace pasar por comprador de radares de tráfico de un país del Este y el director ejecutivo de la empresa que los suministra, y exjefe de policía responsable de las cámaras, “canta de plano”: “ganaréis tanto dinero que no sabréis qué hacer con él”.
La revelación la ha hecho el Mail on Sunday británico. Un antiguo responsable de tráfico se ha convertido en el fichaje de la compañía de radares, para asesorar sobre el uso fructífero de estos productos. Y ante potenciales clientes se explaya a gusto: “Hay que colocarlas allí donde se pueda para cazar hombres de negocios por las mañanas y mamás a la vuelta del colegio por la tarde”, “colocarlas en lugares nuevos es como tener un talonario de cheques en blanco” y lindezas por el estilo.
Completo, en inglés, http://www.mailonsunday.co.uk/pages/live/articles/news/news.html?in_article_id=410449&in_page_id=1770&ico=Homepage&icl=TabModule&icc=NEWS&ct=5
Llegará el día en que nuestro políticos se otorguen de nuevo el derecho de pernada con excusas como prevenir enfermedades sexuales. ¿Nos dejaremos hacer, como con todos los desmanes por los que pasamos por necesitar un automóvil?
- Niños, peligrosos como buscar un teléfono
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Tras la elección del ganador de nuestro concurso de dibujo en Autopista, en colaboración con Nissan y la Universidad de Valencia, seguimos charlando de “nuestro tema” común y nuestro vicio: el automóvil. Un catedrático bromeaba con “cuántos puntos te tenían que quitar por llevar niños detrás”. Tras unos instantes de silencio, aquellos con hijos encontramos el sentido, conocedores de la capacidad del ser humano de corta edad para desconcentrar al conductor. Casi por azar –no hay como dejar al cerebro que busque nuevos temas de interés-, internet me ha dado datos al respecto al día siguiente.
Un estudio financiado por la NHTSA, realizado por Neil D. Lerner (lernern1@westat.com), ha evaluado en un grupo de 45 participantes el riesgo de diversas acciones durante la conducción. Sorpresa: negociar con los niños obtiene en el estudio el mismo nivel de riesgo que el hecho de buscar un número de teléfono mientras se conduce.
Lo más peligroso, según el estudio, tomar notas mientras se habla por teléfono al volante. Cambiar de emisora, resulta más peligroso que una conversacion breve al teléfono. Venga, ¿cuándo caerán tres puntos por pasarse de la Cope a la Ser? (o viceversa)
Informe completo en: http://ppc.uiowa.edu/driving-assessment/2005/final/index.htm (ojo, ponencia 73 (la última))
- Para Flor, madre de Helena, sobre la velocidad
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Este ladrillo tan largo no es digno de llamarse un comentario, pero Flor, te tengo que dar mi sincero punto de vista. Y por supuesto, invitar a quienes me lean a visitar también tu blog: http://fzhelenmamy.blogs.terra.es.No me desgasta hablar de la velocidad, quizá porque sé que es una causa perdida.
Y qué es la vida si no te dedicas a defender causas que se pueden ver perdidas.
Sé que la velocidad no tiene ningún futuro. Ejemplo. Hace tiempo tuve un debate en televisión con un portavoz ecologista que en el camerino me reconoció las maravillas del tren Ave, qué bien se va, qué descansado, lo bueno que es poder ir, hacer una cosa y volver cuando todavía es de día… hasta que se puso delante de las cámaras a criticar que dónde íbamos tan deprisa en esta sociedad, los pájaros que morían al chocar, el ecosistema invadido…(??). Toda esa hipocresía es lo que me puede desgastar, porque no la entiendo.
Las normas son para la convivencia. Y la circulación rodada está repleta de normas para ayudar a ella. Las líneas discontinuas orientan sobre si esa zona puede ser propicia para adelantar a un vehículo más lento. Las líneas continuas informan sobre la nula conveniencia de hacerlo. Si alguien se dedica a implantar una norma general –algo así como “en este país todas las líneas son continuas”, o viceversa- habrá dejado de ser una ayuda a la convivencia. Unos las respetarán y las sufrirán aun a sabiendas de su inutilidad, con inhumano desánimo, y otros se las saltarán por el mismo argumento.
Conozco una norma general, que no hace distingos, que vale igual si hay visibilidad y si no la hay, si la adherencia de la vía baja a la mitad o a la tercera parte por la climatología, si hay mucho o poco tráfico a mi alrededor..., que existe incluso si no hay una señal. Es la limitación genérica de velocidad.
Vivo en una gran ciudad y veo velocidades increíbles en calles pensadas para no aparcar en ellas, en las que los coches aparcan y pasas con los espejos a medio metro de los coches aparcados: deberían estar limitadas específicamente a 30, pero no lo están. Y la gente pasa a 50 o algo más. Veo cómo todos evolucionamos a 70 km/h en una calle de tres carriles y cómo alguno se desmarca a esa velocidad, cómo los autobuses municipales superan de largo los 50 ahora en agosto… Luego, la mayoría no es que no sepa coger el volante, es que una mano no va siquiera en el volante, codo en alto en la ventanilla.
Cualquier coche de los que conduzco habitualmente se detiene en 40 metros o menos desde 100 km/h. Pero si es de noche, quizá no vea con exactitud con la misma antelación y la misma frenada se estire hasta los 50 metros. Si llueve, nada me salva de recorrer 80 metros antes de pararme. Y en suelo verdaderamente deslizante me iré a los 130 metros si nada me detiene antes. Pero ahí seguirá impertérrita esa señal redonda de 120, estúpida, que no me informa de nada.
Cuando probaba coches con regularidad, mi recorrido tenía una curva recomendada a 70. Ni el mejor piloto, con el mejor coche de rallies, conseguiría pasarla por su carril a 40 km/h. Quizá lo conseguiría si usurpase los dos carriles –invisible lo que había al otro lado- para él. Si no había accidentes con ese “consejo” es porque por allí no pasaba un alma. ¿No sería mejor una versión a la inglesa –“despacio”, o “despacio, despacio”- y que cada cuál adapte la velocidad que debe? ¿Cómo alguien se atreve a sugerir qué velocidad es la adecuada o la admisible sin conocer nada de cuándo, quién y cómo va a usar esa información tan inútilmente concreta (e interpretada como falsa por pesimista por gran parte de los usuarios de esa información)?
También tenía aquél recorrido mío una vaguada en el asfalto, en bajada, invisible por falta de contraste por las sombras de los árboles, que literalmente te sacaba de la carretera justo antes de una curva. Aquí habían sido juiciosos, el nulo tránsito no parecía sugerir la necesidad de invertir ahí en arreglos de vía, pero al menos había esa señal triangular que indicaba “curvas peligrosas” y allá cada cual. Eso es lo que necesita un conductor. Estar alerta y que te digan cuándo aguzar aún más la atención. No dogmas.
Mira, hay conductores que adivinas peligrosos incluso a menos de 50. Sabes que si algo puede torcerse en los próximos segundos delante de tu coche, van a ser ellos los desencadenantes. Se delatan solos, les suele sobrar una mano para conducir –la usan para gesticular, para el movil, para fumar, para llevarla colgando por fuera de la puerta…-, usan su carril y un poco del adyacente, intermitentes -¿qué es eso?-, la cabeza la giran para hablar, no para mirar el espejo, el retrovisor derecho va doblado para no romperlo o porque se le ha olvidado colocarlo bien al arrancar o para caber mejor por los huecos, no ayudan a la fluidez del tráfico sino que miran apenas delante de su capó para resolver “su batalla” al volante metro a metro.
Para ellos los semáforos rojos no se consolidan como tales si te da tiempo a sobrepasarlos antes de contar hasta tres segundos. Una noche, de joven, me volví a casa andando después de sufrir que quien me llevaba practicase esta última interpretación del semáforo. Años después, para mi sorpresa, ahora practican esta teoría una gran mayoría, incluso los gremios de profesionales de la conducción urbana (al menos en Madrid). El naranja ya ha dejado de ser “frena”, sino “acelera incluso si circulabas “parado”.
Avasallar en el ceda el paso o en el cambio de carril era sólo una disciplina de “profesionales de la conducción”, que en los últimos años se ha contagiado al resto. Todo esto sí es violencia rutera, como dicen en Francia, y no tiene nada que ver con rodar a 130 por autopista (uy, perdón, en Francia, aquí el peligro es a más de 120)(no, no debería frivolizar). Y esto, y los frenazos para molestar al de detrás y los volantazos para dejarlos encerrados, y todo lo que se ve a diario en una ciudad, que se salda con algún grito y algo de chapa en entorno urbano, a 90 km/h, en vías como la M30 se convierte en algo muy serio. A velocidades en las que las inercias de los coches entran en consideración –ya no basta con apuntar con el volante para que el coche vaya en esa dirección, pero esto no te lo enseña nadie, ni siquiera llevar conduciendo veinte años sin más- no se pueden aplicar esas “técnicas de mala educación”, que pasan impunes y casi siempre inmunes en la ciudad. A velocidades más altas, no mucho más altas, muchas maniobras bruscas tiene difícil recuperación, y entones las técnicas de violencia rutera aprehendidas en la ciudad son nefastas. Y las puede realizar, de manera más o menos cotidiana, ese señor padre de familia que siempre pasa a 80 por debajo del radar de 90 de las vías rápidas.
Puestos a ser idealistas, creo que sí habría que dejar fuera de la circulación al setenta por ciento de los que conducimos, al estilo de los ertzainas que sancionaron al setenta por ciento de los que se cruzaron con ellos, según ví ayer en la televisión. O incluso podríamos dejarnos fuera a todos, y a empezar de cero, con enseñanza gradual, permiso de conducir por etapas (ligadas a la pericia al volante, pero no sólo eso), con pruebas psicotécnicas (sobre todo, “psico”) de verdad (en mi último reconocimento me dijeron, “usted oye bien, ¿verdad?”, y pasé)…, cursos de reciclaje cada cinco años. ¿Sabías que en Suecia no sacas el carné si no demuestras que dominas el coche cuando derrapa (y allí no sirve el truco de hacer el examen en verano, como haríamos aquí)? Pues en España nos encontramos con que un lector nuestro (sí, interesado en los coches, gastándose el dinero para informarse), nos llegó a escribir pensando que se le habían roto los frenos, porque el pedal se puso a vibrar (claro, era el ABS actuando). Nadie le había enseñado, nadie le había obligado durante su aprendizaje a utilizarlo. ¿Quién le tiene que formar, el vendedor del coche? Todos tendríamos que chocar una o más veces contra un coche de tamaño real, aunque de goma espuma y “sólo” 200 kilos. Que el corazón se te encoja y, luego, aprender a esquivarlo. Aprender a reconocer en ejercicios simulados en qué situaciones, si algo se tuerce, el coche te llevará y no tú a él. Conducir no es guiar. Estamos muy equivocados. Tú tienes que llevar el coche, no él a ti.
Quita de la circulación conductores faltos de aptitudes (por causas físicas o falta de técnicas de conducción), de actitudes (psicópatas y otros desequilibrados encubiertos), y se acabarán muchos accidentes que no son tales. Y todavía habrá más de los que desearíamos. El pasado sábado vi a una septuagenaria en un coche de autoescuela, a la que le estaban enseñando ¡cómo abrir la puerta desde dentro! Pero dónde vamos. El coche es una necesidad para muchos, una ayuda, pero conducir no es un derecho natural. Te puedes dejar conducir por otros y hay profesionales que se ganan la vida con ello y serían mejores. ¿Que es cómodo y tienes ventajas? Pues claro. Y las avionetas pequeñas, casi más, y la gente no pilota avionetas, porque hay que prepararse y la formación cuesta dinero (tampoco tanto, no mucho menos que formarse para conducir bien).
Tengo un hijo al que le encantan los coches. Desde antes de que hablase, qué se le va a hacer. Ojalá que con mi causa perdida consiguiese que la Administración le protegiese quitando de la circulación al menos un pequeño porcentaje de los “discapacitados” a los que me he referido. Sí, no todos podemos ser ebanistas, pero todos queremos llevar nuestro propio vehículo. Pero si de algo estoy seguro es de que el método para reconocer a los sujetos indeseables no pasa por hacerles una foto en una autopista o una autovía.
- Límite de velocidad científico
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La regla del percentil 85
No tiene desperdicio. “El único sistema de control del vehículo realmente inteligente está entre las orejas del conductor”. Así se las gasta la Asociación de Conductores Británicos, http://www.abd.org.uk, una página que se merece una visita si quieres ver que hay más gente que piensa que, por ir a 130 en ciertas autopistas, en ciertas condiciones, no eres un asocial blandiendo en un bar una pistola sin seguro, como desde la Administración te quieren hacer creer. 
Y he aprendido mucho de las conclusiones que extraen de años de estudios y estadísticas del tráfico británico (allí no se lleva el que inventen ellos, ni hay Peres Navarros que copian sólo una parte del examen y esperan aprobar todas las asignaturas, defendiéndolo con aquél “si a ellos les ha funcionado, no veo razón para que no funcione aquí”, con referencia a la cruzada del carné por puntos).
Lo más notable, y para no aburrir, es que allí los expertos de ingeniería de tráfico reconocen que el límite de velocidad debería ser la velocidad correspondiente al percentil 85 de la vía. Eso significa una velocidad que sólo es superada por el 15 por ciento restante de los usuarios.
Resulta que los que circulan rápido, entre un 80 y 90 por ciento más rápidos que el resto, son los más seguros y los que menos accidentes tienen. Mantienen su atención, son competentes al volante y sus coches los acompañan. Los hay que van más rápidos, pero se ven envueltos en más incidentes. Y los hay que van más lentos y más inseguros.
Por eso piden que no se fijen límites de velocidad arbitrariamente bajos. Según ellos, si bajasen los límites arbitrariamente verías:
1- que los conductores más seguros se los saltarán incluso sin querer (a ver si se creen que los navegadores con el mapa de los radares se compran porque uno se sabe un delincuente),
2- que alguno menos competente traspasará los límites porque ve que todos le adelantan,
3- mucho incompetente acelerará su ritmo natural hasta un límite que cree alcanzable con gran nivel de seguridad porque así se lo indica la Administración con sus señales.
¿A que parece un retrato de lo que ha pasado en España? Sólo le falta añadir:
4- que los profesionales se los saltan (y piden cierta manga ancha, que por algo saben lo que llevan entre las manos).
En esta asociación parecen adivinos… de nuestras cosas. Cualquiera lo ve desde aquí e incluso desde fuera. Quizá no en los despachos ni desde el coche oficial. Desde ellos se nos considera incapaces de aprender Seguridad Vial. Así que, ¿para qué enseñarla si no va a calar durante una legislatura?
P.S.: Ahora esta asociación se queja de que “el excesivo énfasis en la importancia de los límites de velocidad está dañando esa cultura de seguridad que convirtió nuestras carreteras -[las británicas]- en las más seguras del mundo” y pide un supervisor independiente para evitar que “autoridades de índole local rebajen los límites con criterios crematísticos en lugar de criterios de seguridad”. No, si ya decía yo que parecían visionarios: lo mismo alguno de ellos vive en nuestro país.
- “Vendo puntos por no usar”
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Mira que anuncios:
“¿Te has jubilado?¿Apenas conduces? Tus puntos valen mucho. Te compramos tus puntos, incluso te ayudamos a obtener la renovación de tu permiso. Llámanos al móvil xxxxxxxxxx”.
“Por no usar. Vendo puntos de carné a buen precio. Sólo para faltas leves. Preguntar por ….”
Todavía no los he visto, pero yo me imagino los anuncios de esta guisa. Si hay compraventa de puntos de Iberia Plus –no, si ya sé que está prohibido-, del Travel Club y de todos esos programas de fidelización… ¿cómo no va a haber un “banco de puntos”? Si hasta España compra “derechos” de emisiones de CO2 a los pobres para poder contaminar más e incumplir el protocolo de Kyoto. Otra cosa no, pero de maquillar las apariencias sabemos un rato. Yo, por de pronto, voy a intentar poner diez de mis puntos en ebay, porque como cada vez tengo menos para gasolina y no gano para parquímetros, estoy por “valorizar” mi carné, a ver cuánto me dan. Aunque no sé si venderlo en moda (porque ya no lo está esto del coche), antigüedades (porque nos lo cambiarán pronto por otro), en coches o en motor y accesorios.
- ¿Celdas en multipropiedad?
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¿Usted realmente se ve yendo esposado a la cárcel de Cuatro Caminos?¿O a Soto del Real? Yo propongo que Administraciones Penitenciarias se sumen al “boom” inmobiliario.
Celda-vivienda en régimen de multipropiedad. Servicio de habitaciones, ducha y baño privados, televisión con DVD y satélite e internet.
No se trata de que hayas hecho algo que sientas manifiestamente malo, se trata de que en una autopista despejada debes ir manifiestamente despacio para no incumplir la ley. Como nadie se lo cree, se dispara la venta de localización de radares vía GPS, sociedades de recursos de multas, algunos osados entran en lo también ilegal localizadores de ondas de radar. Así que, igual que te haces un seguro por si no puedes pagar la hipoteca, ¿qué menos que garantizarse un tránsito cómodo por si, como en el juego de la oca –sólo por participar, te puede tocar-, te mandan a la cárcel?
- Manifiesto desprecio por la vida…
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…propia y ajena. Han caído cuatro gotas en la ciudad, una ciudad llena de automovilistas reconvertidos al ciclomotor y al scooter. Inseguros por su inexperiencia, con los pies por fuera porque el suelo resbala y entre dos carriles, porque los coches levantan agua y empapan su ropa veraniega.
No llevo mucho tiempo al volante, ventanillas bajadas para disfrutar del frescor y ahí está, el primero en el suelo.

Un municipal ayuda a poner de pie el scooter caído junto al semáforo del Museo Reina Sofía. No ha sido nada. Lo de siempre, la rayas blancas al frenar. Castellana arriba, tres carriles por sentido, casi sin coches; los recién llegados a las dos ruedas intentan hacer lo de siempre, pero ahora los coches los adelantan nada más ponerse en marcha el semáforo. Incluso hay algunos inconscientes que los achuchan por detrás, para que aceleren. Los motociclistas más sensatos todavía se acuerdan de cuando iban en coche antes del verano y de los parquímetros en el centro y se apartan al carril de la derecha para dejar pasar a los coches. ¡Qué miedo, que desprecio por su vida! Esto no es Londres, donde el suelo está lavado con agua todo el año, los motoristas equipados incluso en verano y curtidos por miles de kilómetros en invierno. Ya se habían acostumbrado a saltarse las normas y a arrasar como ciclistas entre peatones, pero el entorno cambiante los ha puesto en su sitio. Los mejores saben amoldarse, como corresponde.
Otr@s, no. Bolsito colgando gracioso del brazo. Chancletas de moda. Nosotros hemos llegado, aparcado y nos disponemos a cruzar por el paso de peatones. ¡Cuidado!, grito mientras tiro hacia atrás de los críos que llevo cogidos de la mano. Cómo siento ser adivino. La niñita rubia en su scooter no ha hecho ni el menor amago de frenar, de esquivar (de dejarnos pasar, ni hablar), se ve que ya sabía que su destino estaba en nuestras manos: con lo que resbala, o parábamos nosotros o ella se iba a suelo, con nosotros incluidos. Qué manifiesto desprecio por la vida ajena que gente así esté libre para circular, aunque sea a 40 km/h, dentro de la velocidad legal.

Menos Estado paternal y más formar. Y si la mitad no merecemos conducir nuestro propio vehículo, porque nos faltan aptitudes, actitudes, conocimientos o tenemos desórdenes psicológicos al ponernos al volante, habremos creado una nueva profesión pujante: los conductores de alquiler para nuestro propio coche. ¿Acaso no hay pilotos de aviación? A ver qué pasaría si a todos nos diesen permiso para volar avionetas después de unas horas sentados en el Flight Simulator en el ordenador y simplemente demostrar que sabemos levantar el vuelo, aterrizar y aparcar en un hangar. ¿O acaso nos enseñaron algo con más enjundia en la autoescuela?
- Escuela de hampones
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Dicen los expertos que la cárcel no redime y que no enseña nada bueno. Ya lo veremos, cuando a las saturadas prisiones españolas lleguen autocares repletos de convictos de Tráfico.Muchos de ellos, peligros sociales reales, pero otros muchos inadvertidos conductores que han superado su tasa de despiste –inexcusable, eso sí, eso de despistarse- al volante. Aprenderán todas esas tretas con las que consiguen enormes tráficos de coches de lujo desaparecidos hacia países del Este, aprenderán maniobras evasivas para zafarse de controles la vigilancia, sobre papeles y registro de vehículos que los hagan transparentes, clonado de matrículas, fundido de dos coches siniestrados para hacer uno nuevo, tráfico de airbags para talleres. Vamos, la educación automovilística que no han dado al conductor, en formato cursillo intensivo y además, gratis. El problema es que quizá, los profesores salgan antes de lo que se acaba un contrato temporal y los conductores se quedarán solos llenando cárceles y sin formación .
- Ruedas delatoras
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Hoy he visto cómo un todo terreno coreano bajaba una rampa de garaje a unos 20 por hora, mientras los neumáticos chirriaban escandalosamente.

A este conductor, más le vale que cambie los neumáticos coreanos por otros más civilizados europeos –aunque también los fabriquen en oriente-, o que cambie de coche, o que nunca haga curvas cerradas. No sea que un bienintencionado miembro de las fuerzas del orden pueda ver en su actitud una conducción temeraria y su ahorro le salga por un pico en abogados. Y tú, cuidadito con lo que dicen tus ruedas de ti.
- Elliot Ness y la velocidad
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He visto la luz. Atracadores, bandas, traficantes… todos sin domicilio conocido. Según entran, salen, por lo visto. Sólo tienen un punto débil. Conducen.
Y seguro que, dado que no respetan nada, ¿van a respetar los radares móviles? Aquí está la clave. Quizá no les puedan imputar nada con el video de la policia deteniéndolos entrando por el techo de un banco, pero cuando los pille un radar móvil… al talego. Ness, qué inepto eras. Si hubieses puesto estimadores de velocidad en las carreteras… Por si acaso, el mismo día el Gobierno también ha previsto expulsión fulminante al funcionario que acepte regalos.
- América a nuestro alcance
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Ya es oficial. El 80 por ciento de los accidentes en Estados Unidos es por no prestar atención a la conducción.
Y quién va a hacerlo, en una autopista despejada, a 55
millas por hora. En España, la revista Tráfico señala que este tipo de accidentes asciende al 40 por ciento. Ya sabemos hacia donde vamos los europeos salvo Alemania.
En Estados Unidos siempre han ido por delante. Y las limitaciones de velocidad han hecho un tipo de conductor que no ha comprado coches europeos
hasta que no tuvieron portavasos. Y eso que alguno de los máximos directivos de la industria local reconocía que nunca podrían hacer coches más seguros que los de un país en los que no había límites de velocidad y cuyos coches, por tanto, estaban preparados para exigencias mucho mayores que las legales.
Ya tenemos un nuevo objetivo. Circular tan despacio que no haga falta preocuparse del volante, confiados en que la lentitud nos dará seguridad, como nos dicen nuestros próceres. Podremos pensar en nuestras cosas, ir bebiendo, fumando, escuchando atentos la radio, estudiar en el navegador las mejores rutas, lo que sea… Como se desprende de sus eslogans, el mejor conductor es el que respeta el límite de velocidad. Claro que sí, cuando alcancemos ese 80 por ciento de accidentes por distracción, eso sí, despacito, veremos si es posible dar marcha atrás y parecernos un poco más a Alemania, en el que uno es responsable de lo que hace, aunque las instrucciones del microondas no especifiquen que “no se puede meter dentro el gato para secarlo”.
Y no se trataba de estudios de accidentes, sino del seguimiento en coches monitorizados de cien coches durante más de un año, por parte de la agencia NHTSA en colaboración con la Universidad de Virginia.
http://www.vtnews.vt.edu/story.php?relyear=2006&itemno=237
Lo mejor de todo, es que incluso sabiéndose vigilados, los ha habido que han fumado, bebido y se han visto implicados en 82 accidentes. ¿Por qué no hablar de conducción responsable?¿Quién es el Estado para obligar a un idiota a que se ponga el casco/el cinturón? La responsabilidad de Papá Estado debería terminar cuando hasta el último poseedor del carné de conducir haya visto en directo un crash-test (que para algo tienen que servir los campos de fútbol y sus pantallas gigantes en verano) coche contra coche, con/sin cinturón, coche contra moto… Todo pasa por transmitir que llevar 1,5 toneladas (y subiendo) avanzando a 50 metros por segundo, es algo muy serio. Lo demás son paños calientes o incitación a la dejación de responsabilidad. Eso sí, despacito.