Manifiesto desprecio por la vida…

…propia y ajena. Han caído cuatro gotas en la ciudad, una ciudad llena de automovilistas reconvertidos al ciclomotor y al scooter. Inseguros por su inexperiencia, con los pies por fuera porque el suelo resbala y entre dos carriles, porque los coches levantan agua y empapan su ropa veraniega.

No llevo mucho tiempo al volante, ventanillas bajadas para disfrutar del frescor y ahí está, el primero en el suelo.

Un municipal ayuda a poner de pie el scooter caído junto al semáforo del Museo Reina Sofía. No ha sido nada. Lo de siempre, la rayas blancas al frenar. Castellana arriba, tres carriles por sentido, casi sin coches; los recién llegados a las dos ruedas intentan hacer lo de siempre, pero ahora los coches los adelantan nada más ponerse en marcha el semáforo. Incluso hay algunos inconscientes que los achuchan por detrás, para que aceleren. Los motociclistas más sensatos todavía se acuerdan de cuando iban en coche antes del verano y de los parquímetros en el centro y se apartan al carril de la derecha para dejar pasar a los coches. ¡Qué miedo, que desprecio por su vida! Esto no es Londres, donde el suelo está lavado con agua todo el año, los motoristas equipados incluso en verano y curtidos por miles de kilómetros en invierno. Ya se habían acostumbrado a saltarse las normas y a arrasar como ciclistas entre peatones, pero el entorno cambiante los ha puesto en su sitio. Los mejores saben amoldarse, como corresponde.

Otr@s, no. Bolsito colgando gracioso del brazo. Chancletas de moda. Nosotros hemos llegado, aparcado y nos disponemos a cruzar por el paso de peatones. ¡Cuidado!, grito mientras tiro hacia atrás de los críos que llevo cogidos de la mano. Cómo siento ser adivino. La niñita rubia en su scooter no ha hecho ni el menor amago de frenar, de esquivar (de dejarnos pasar, ni hablar), se ve que ya sabía que su destino estaba en nuestras manos: con lo que resbala, o parábamos nosotros o ella se iba a suelo, con nosotros incluidos. Qué manifiesto desprecio por la vida ajena que gente así esté libre para circular, aunque sea a 40 km/h, dentro de la velocidad legal.


Menos Estado paternal y más formar. Y si la mitad no merecemos conducir nuestro propio vehículo, porque nos faltan aptitudes, actitudes, conocimientos o tenemos desórdenes psicológicos al ponernos al volante, habremos creado una nueva profesión pujante: los conductores de alquiler para nuestro propio coche. ¿Acaso no hay pilotos de aviación? A ver qué pasaría si a todos nos diesen permiso para volar avionetas después de unas horas sentados en el Flight Simulator en el ordenador y simplemente demostrar que sabemos levantar el vuelo, aterrizar y aparcar en un hangar. ¿O acaso nos enseñaron algo con más enjundia en la autoescuela?



Publicado 19 julio 06 08:13 por Geschwindy

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Comentarios

# Anonymous Ha opinado el 08 agosto , 2006 13:03:
¿Sólo desprecio por la vida? La DGT practica el desprecio a la inteligencia. En vez de erradicar la falta de formación de la inmensa mayoría de conductores y erradicar los más de 710 puntos negros que hay en las carreteras españolas, pretenden hacernos creer que por la vía de la sanción y la represión conseguirán acabar con los accidentes de tráfico. Hay que ser patán para proponerlo y más patán todavía para creérselo. ¿Cómo puede haber conductores que no sepan qué es el ESP? Y, peor aún, ¿cómo es posible que haya conductores que no sabiendo lo vital que puede llegar a ser el ESP, lo desconecten porque piensan que el coche consume más cuando va conectado, como si fuera el aire acondicionado?. Y lo que es de suicidio colectivo ¿cómo es posible que haya infinidad de sistemas de seguridad que no lo llevan el 100% de los coches y que podrían salvar miles de vidas en Europa? Por ejemplo: el dispositivo de llamada automática de emergencia que alerta por sí solo a los servicios de emergencia en caso de accidente para que lleguen las ambulancias y los equpos de emergencia necesarios. Por ejemplo: el sistema de control de distandia automático, que es capaz de mfrenar el coche por sí solo para evitar colisionnes o reducir la velocidad a la que se producen las mismas debido a una distracción del conductor. Estos dos sistemas son ya una realidad pero sólo lo equipan los coches más caros debido, en buena medida, a la elevada fiscalidad que grava la compra de un coche.
Y luego la DGT nos vende el chocolate del loro del carné por puntos. ¿Quien es el tonto que compra esta ganga?

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