No está de moda (o paga y calla, lelo…)
Resulta que los
coches modernos, potentes no están de moda. Que para qué hacer coches que corran más de 120 km/h (o 130 dirán los franceses, o 140 los austríacos o italianos, según a qué velocidad sus próceres dictaminen que a sus ciudadanos les aparece el “efecto túnel”). Resulta que lo que sí está de
moda es atacar al coche y a sus
conductores.

Conductores que, una vez que se bajan del mismo, también increpan al resto de los conductores: mejor estaría todo si sólo condujesen ellos.
Quien menos entiende esto es el
pagano que ha comprado un coche recientemente, uno de esos que
gastan menos que hace diez años y que contaminan la décima parte que hace quince. De esos que llevan toda suerte de complicados sistemas de depuración de impurezas, con su tubo de
escape lleno de metales preciosos que ha pagado bien caros y que atan más que un matrimonio, pues hay que mantenerlos en perfecto estado de revista si no se quiere que el coche pierda potencia, hay que cuidar -y pagar- en las revisiones periódicas y que, además, aumenta las posibilidades de ser “suspendido” en futuros exámenes de ITV porque tiene el listón puesto mucho más complicado de franquear.
El coche del pagano ofrece también los últimos sistemas de
seguridad para prevenir un accidente, para
proteger a los demás en caso de verse implicado en uno y repleto de explosivos para aliviar las consecuencias de un golpe en los ocupantes. Sería ideal para el seguro, pero no, como es nuevo paga más que sus congéneres. Eso, porque
paga seguro. Quiere protegerlo mientras paga las letras. De los dos coches que tiene a su lado, según las estadísticas, uno no tendrá seguro.

No hay estadísticas de cuántos no tienen carné, pero ya llegarán, y se sentirá, además de conductor paganini, aún más tonto y desamparado, porque este individuo se ha convertido en un
perseguido social. Y más si vive en una de las grandes ciudades de España, ahora que su carné peligra si transita por una de las grandes avenidas de tres carriles y da la casualidad de que están vacías.
El otro día bajaba por una de ellas, en franca cuesta abajo y allí los vi, al fondo, con el radar. Quité el pie del acelerador y dejé caer el coche. Paso a su lado y miro el marcador. ¡Mierda…70 km/h!, pero si voy parado.
Me han pillado y los había visto cien metros antes. Pobre desgraciado que apoya los controles de velocidad en Madrid o Barcelona, quizá pensando en que quitarán de la circulación a esos salteadores de semáforos en rojo, de stops o a los que nunca esperan en la fila para incorporarse o salir de una vía. No,
los van a pillar a ellos, que cumplen con todo.

Si tu coche se arrastra por la carretera, descuadrado, sólo se pone en marcha tras largos momentos de incertidumbre, sería incapaz de pasar la ITV y la última vez que lo hizo fue con unos neumáticos alquilados ex profeso para la ocasión, entonces la Administración parece mirar a otro lado, por ese extraño
derecho a la motorización, por modesta que sea tu economía. Que, si derrochas gasolina, más dinero que va a las arcas, parece que piensan.
Decididamente, lo que parece una moda es el
acoso y derribo al automovilista. Primero le haces comprarse una casa lejos del trabajo, que le obliga a hacer más kilómetros al mes que los que hacía su padre en un año. Luego, le cobras en un
peaje para entrar al casco urbano si no quiere malgastar tiempo y dinero detenido en el
atasco de acceso. Aun así, se traga tal atasco que suma una hora al volante y está contento por fichar en hora. Al llegar, gendarmes electrónicos
le cobran por estacionar y unos serenos a sueldo de una empresa intermediaria, lejos de vigilar que alguien maltrate su herramienta de transporte –que no es otra cosa para la mayoría-, vigilan que no se exceda el tiempo que allí lo ha aparcado.

Con la excusa de ir a fumar un pitillo, mantienen a la Hacienda estatal, y pueden salir a la calle a colocar un ticket nuevo para la Hacienda local. Quizá, haciendo números, no le hubiese salido a cuenta irse a vivir tan lejos, pero ¿quién iba a saber que lo que sí está de moda es castigar el coche? Dieciocho euros ir de punta a punta de España en avión -si andas listo-, dice alguna publicidad. Dieciocho euros en tres días de ir al trabajo. Es como en su día pasó con el tabaco o con el alcohol. Primero, Papá Estado te convence de que es imprescindible –especialmente para sus ingresos, para la industria instalada, para fomentar el gasto público- ser un ciudadano con coche. Ahora dan la vuelta a la tortilla y resulta que eres un “enganchado” y tienes que pagar hasta por desembarazarte de él.
Luego, tienes que soportar a los que ya han dejado de fumar y la edad les ha hecho olvidar los “colocones” juveniles. Ahora te vienen a preguntar ¿Y por qué vienes en coche?

Pones cara de no entender la pregunta, porque, si tienes que llevar al enano al colegio en autobús, volver al trabajo en metro, darte una pequeña caminata hasta que llegas a la empresa, en menos de una semana te denuncian por malos tratos al niño por las ojeras que lleva o llegas tan tarde y cansado que te ponen rumbo a la oficina de empleo, tú verás. Ah, y el carrito del bebé lo llevas de pendiente durante todo el día para poder recogerlo luego en la “guarde”. ¿Que por qué vengo en coche? Porque disfruto cuando me fustigan.