OSCAR BARNACK
Su obra es apenas conocida. No escaló las cumbres de la fama ni de la riqueza. Fue un hombre oscuro y tímido. Su nombre permanecería en el olvido si no fuese porque el instrumento inventado por él -la Leica- cambió casi por entero la tendencia de la fotografía y, secundariamente, impulsó los procesos de fabricación de nuevas emulsiones sensibles.
Barnack empezó a trabajar en la fábrica de la casa Leitz, en Wetzlar, Alemania, en 1911, como jefe de departamento de investigaciones. La empresa Leitz gozaba de un renombre mundial por la calidad de los microscopios y aparatos de física que construía. Barnack era un ferviente aficionado a la fotografía y a la cinematografía; su constitución débil no le permitía acarrear consigo las grandes cámaras de placas que por aquel entonces eran tan populares. Empezó la construcción de una cámara de pequeño formato, más que por nada para emplearla para ensayar las emulsiones para las cámaras cinematográficas. Poco a poco se adueñó de él la idea de que dicha cámara podría ser un fin en si misma, no meramente un medio, por lo cual se esmeró mucho, hasta el extremo que en 1914 el prototipo de la cámara Leica fue presentado a los directores de Leitz.
Fuente: La fotografía es fácil – Ediciones Afha – Undécima edición octubre de 1973
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