Buscando los pasos dados
La confusión me ha tomado de rehén. Hace lo que quiere conmigo. Si bien, yo debería gozar de una estabilidad emocional, hoy no pude ver ese bienestar, las sombras de la inseguridad me oscurecieron el panorama dejándome sin piso y sin aire. Dejándome solo, atrapado y melancólico por mis fantasmas emocionales. O, tal vez, por ese fantasma que me enamoró: Tu.
Durante unos días no nos hemos comunicado, y me siento el hombre más abandonado del planeta y alrededores. En pocos años conociéndola me he vuelto un dependiente de sus cariños, de su ternura, de su inocencia y de su amistad sincera. No me imagino, a estas alturas de mi vida sin ella.
No podría echarme a navegar corriéndome el riesgo de no encontrarla. Indudablemente me quedaría varado, hundiéndome en mi tristeza, ahogándome en recuerdos. Muriendo por ella.
¿Qué ha pasado? Dejaste de estar en mi imaginación para volverte realidad, aunque tenue, pero realidad.
Parece ser que la receta secreta de nuestra tan increíble relación era precisamente mantenerla en secreto, en un secreto para los ojos del mundo y nuestros también. Y ver la luz nos hizo olvidar, parece, nuestra escencia, nuestro desinterés por lo banal y estético. Éramos más puros. Nuestra comunicación era sui generis.
Hace unos días me pediste que creáramos un lenguaje nuevo para los dos, que hiciéramos al mundo ignorante de lo que entre nosotros pasara ó dijéramos. Te respondí con mucho entusiasmo que te crearía, no solo un lenguaje, sino todo lo que desearas. Si te provocaba tener tu propio mundo, te lo inventaría.
Hoy, estoy convencido que mejor que inventar algo es volver tras los pasos andados y retomar nuestra vieja lengua. La que me hizo enamorar de ti.
Finalmente, todas estas letras no están desnudas. Hoy estas letras están cubiertas con mi melancolía. Melancolía porque siento que las cosas han cambiado y que, en vez de a cada ratito tenerte más, te estoy perdiendo.
El tintero que hoy uso es el de mi corazón, que esta manando sangre a borbotones de puro dolor y pena. Ojalá, como antes, tengas unas palabras de miel listas para darme y alentarme.
Pero si no es mucho pedir, te rogaría que de tu boca cálida y divina saliera un: “no te preocupes Fabrizio, yo te amo. Y nuestro lenguaje es el del amor puro: impredecible, complicado, sacrificado y sufrido; pero al final, es amor del verdadero. El que pocos entienden pero que nosotros hablamos”