Depresión premenstrual
Qué malo es el síndrome premenstrual, aparte de que solo me apetece comer chocolate en cantidades industriales, me siento tan triste. Cualquier cosa me afecta, tengo ganas de llorar y me siento sin fuerzas para nada.
Estoy aquí sentada viendo la gala especial de OT, que ya es para deprimirse el plan una noche de víspera de fiesta, pero bueno. Y estoy ahí con mi chandal, y mi gato al lado, viendo lo guapas que están todas en la tele, lo divina que está Jennifer López y lo bien que cantan, y que tienen un montón de gente que las admira, se ganan la vida con lo que les gusta y encima se lo pasan bien. Pues sí. Qué mala es la envidia. Y no hago más que repetirme, tranquila que cuando están en su casa también estarán con sus trapos de estar por casa, poniéndose la crema para los granos y con la pinza en los pelos. Seguro que entonces no están tan divinas de la muerte.
Pero como eso no lo veo, no me anima.
Yo quiero ir a la tele solo para que me peinen y me maquillen así de bien y por una vez en mi vida verme como una estrella de Hollywood. Porque para qué engañarnos, no estoy mal y una hace lo que puede con el rimmel y el pintalabios, pero me falta mucho para estar tan mona.
Ay, madre mía, qué depresión. Volveré al sofá junto a mi gato que de vez en cuando también me mira no sé si con admiración o más bien con cara de pedir algo, y que se me arrima para que le haga mimos. Algo es algo. La verdad que a mi gato no lo cambio por nada.