La Iglesia contraataca a la Ciudadanía
Nuevamente ha salido el cardenal Rouco a instigar a los católicos contra el Estado. No es la primera vez que lo hace, ni será la última. La cruzada ideológica emprendida contra los infieles rojos no puede parar. Si antes fueron las bodas gays, ahora se vuelve arremeter contra la ya trillada Educación para la Ciudadanía. La llamada a la desobediencia civil, incluso escolar, y a las manifestaciones corren desde la cúpula eclesiástica hasta el último cura del pueblo como reguero de pólvora. Y cual efecto dominó intentan movilizar a cuantos colectivos puedan para crear un clima de inconformismo, de alarmismo y de malestar. Lo hacen siempre tocando las fibras más sensibles, como en este caso la educación de nuestros hijos, lo que más queremos en la vida.
La nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, estaba haciendo falta en los centros educativos. Y que yo sepa no va a sustituir a ninguna otra, sino que va a llenar un vacío educativo que hace mucho tiempo se trata en otros países.
Llevarse las manos a la cabeza pensando en el “adoctrinamiento ideológico” que esta disciplina puede hacer en nuestros hijos es no conocer cómo funciona la escuela hoy día y exagerar las cosas para crear incertidumbre e inseguridad en torno a los valores que transmite la escuela pública y, así de paso, potenciar la escuela privada, auténtica adoctrinadora de la Verdad Suprema.
Unas reflexiones sobre Educación para la Ciudadanía:
Primero: Los profesionales que impartan esta asignatura no van a ser elegidos por el “régimen socialista”. Van a ser personas de a pie, normalitas y corrientes. Maestros y maestras elegidos por el consejo escolar del centro.
Segundo: La asignatura no debería convertirse en una “maría” más, como música o religión. Educación para la Ciudadanía debería ser una asignatura tan importante como las matemáticas.
Tercero: La importancia que se le está dando desde la Iglesia, creo que va a favorecer que esta asignatura entre en el colegio con buen pie para la mayoría de los padres y alumnos, pero con problemas para una minoría, concretamente para los hijos de padres demasiado “creyentes” en las jerarquías eclesiásticas. Esto creerá un problema con los que decidan objetar, porque están en su derecho. ¿Qué hacer con ellos? ¿Qué materia optativa les damos?