La violencia de género que no cesa I
Estos días, tres casos de violencia de género, doméstica o machista, como prefieran, saltaban a los titulares de las noticias. En ellas, además de regodearse con los hechos, como es habitual, siempre salía el número total de víctimas que van en el año en curso, como un macabro presagio de que no se quedarán ahí. Desde mi modesto juicio, me atrevería a decir como un acicate más para mentes enfermas, que albergan tendencias violentas. Y es que la presión mediática en nuestra sociedad no tiene solución.
Pero no es el tema de los medios de comunicación lo que quería comentar, sino ahondar en el porqué suceden estas cosas. Ya hablé en un post sobre la España profunda, la España de las pasiones incontroladas, algo innato, la herencia de nuestro pasado. Pues bien, a ello habría que añadir que en las últimas décadas se impone un tipo de sociedad supercompetitiva, superconsumista y superdeshumanizada, que genera multitud de problemas mentales en personas aparentemente normales y corrientes.
Las relaciones en el trabajo, el mobbing, el “trepar” a lo más alto, la precariedad laboral, etc. produce tensiones y, por supuesto, vencedores y vencidos.
El agobio de no llegar a fin de mes, de gastar por encima de las posibilidades, de llevar a los hijos a los mejores colegios privados, de hipotecarnos de por vida con la casa, de lucir un coche mejor que el del vecino, etc., produce fuertes encontronazos en la pareja.
El hecho de haber perdido el norte en los auténticos valores espirituales, el no desarrollar proyectos solidarios, el no querer a los que tenemos al lado, el no quererse ni a uno mismo, etc. crea un caldo de cultivo que puede dar lugar a explosiones violentas de ira en personas que llevan por dentro una fuerte carga emocional que no son capaces de disipar por sí mismos.
Además la mayoría de los agresores utilizan el alcohol como refugio para intentar ahogar sus problemas, consiguiendo todo lo contrario: una euforia y una pérdida del control que hacen posible el homicidio. Posteriormente cuando se han dado cuenta de lo que han hecho, su salida es el suicidio para no enfrentarse a la realidad.
Hasta aquí el análisis, pero ¿qué soluciones se podrían dar a este grave problema?
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