LA ABSTENCION Y EL ATUN

Lo más destacado de las elecciones municipales en Catalunya ha sido, sin duda alguna, la alta abstención (más de diez puntos por encima del resto de España). Durante los próximos días se analizaran, con más o menos rigor, las posibles causas del alejamiento entre ciudadanía y políticos, que no de la política. Pero lo cierto es que si no se consulta directamente a quienes no han ido a votar nunca llegaremos a resolver la incógnita.

Como cada partido político llegará a sus propias conclusiones, dependiendo de lo que más le convenga, yo, que fui a votar, he intentado esforzarme en encontrar las mías propias a ver si la próxima me abstengo.

Una primera cuestión es la identidad. Cuando alguien vota lo hace por una formación política concreta. Si uno deposita su voto por el PSC no lo hace ni por ERC ni por ICV-EUiA. Si uno va a una pescadería y al pedir atún le incluyen en la cesta boquerón (ERC) y pescado para sopa (ICV-EUiA) y te lo venden todo como langosta (progresistas y de izquierdas), lo más probable es que no vuelvas. Si esta práctica se convierte en habitual, lo suyo seria envasarlos y venderlos como un solo producto. Pero lo peor es que una mayoría decida hacer una barbacoa (CiU) y a la hora de la verdad tres o cuatro hagan una paella. ¿A que no vuelves?.

Un segundo problema radica en aprovecharse de las etiquetas (izquierdas, centro, derecha) que atribuyen cualidades a unos y efectos nocivos a otros. Proclamar ser un partido progresista, de izquierdas y ecologista aporta tanto como afirmar ser moderado, liberal y demócrata. Son afirmaciones gratuitas y vacías y le recuerda a uno el dicho de que el hábito no hace al monje. Resulta tan despreciable afirmar que a la derecha no le interesan los trabajadores, la vivienda social o el medio ambiente como mantener que la izquierda protege a los terroristas, da más derechos a los inmigrantes o va en contra de los intereses de los empresarios. Pero resulta que el ciudadano, a pesar de lo que piensen muchos políticos, es listo y llega a la conclusión de que cuando se abraza el poder todos “son iguales”. Y entonces, ¿Por quién votar?. ¿Será que da lo mismo?. Cuando a un partido lo despojas de esas falsas particularidades que lo distinguen de los demás no te queda gran cosa.

Quizás sea la antesala de la globalización política o simplemente pueda sostenerse que los políticos no tienen idea de como solucionar los problemas de la ciudadanía y distraen al personal con palabrería que no paga hipotecas, no reduce las listas de espera, no erradica los robos en domicilios, no castiga ejemplarmente a los corruptos, no facilita a los inmigrantes un trabajo justamente remunerado que les permita disfrutar de sus derechos y cumplir con sus obligaciones, no … . Así las cosas no es que los políticos no sepan conectar, es que no tienen nada que comunicar ni argumentos nuevos para captar el voto que tanto reclaman.

Así que, después de darle vueltas al tema, leer prensa escrita y escuchar radio y televisión, he llegado a la sabia conclusión de que en la pescadería no tienen atún, que te quieren colocar boquerón y que antes de ir a una barbacoa te asegures que no te van a dar paella. Igual de absurdo que los discursos políticos. ¿O no?.

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REGALO DE ANIVERSARIO

Ayer fue mi cumpleaños, cuarenta y pocos. Me desperté temprano, a las seis y media, como cada día laborable de mis últimos quince años. Cuando fui al baño encontré una nota en el espejo: «Mi regalo soy yo. Haz lo que desees. Te quiero, Ana». No la desperté (un beso en la mejilla), salí de casa y subí al coche convencido de que lo que pudiera pasar en el mundo durante el resto del día me importaría un bledo. Mientras conducía no podía dejar de imaginar el cuerpo de Ana, su boca, sus pechos, sus nalgas. Apagué la radio e intenté imaginar mil situaciones.

Aproveché la caravana y llamé a Ana que tardó en responder porque estaba en la ducha. Estaba dispuesto disfrutar de mi regalo así que le ordené que cogiese la cámara de filmar, la pusiese frente la cama y, mientras grababa, gozase hasta estallar de placer. Sus gemidos eran cada vez más rápidos, más fuertes, y luego, al oír sus gritos, comprendí que se había corrido. Entonces me di cuenta de cómo se me había agolpado la sangre bajo el pantalón. Luego le mandé que enviase la grabación por correo electrónico al despacho, a la dirección de mi secretaria. «Nos vemos en el despacho y acuérdate todo lo que te he dicho», me despedí.

Al llegar al despacho Gloria, mi secretaria, me felicitó el aniversario con dos besos. Inmediatamente repasó la agenda del día y concluyó con la información de que había recibido un e-mail un tanto extraño remitido desde mi correo personal. «No es ningún error», contesté, «Es mi mujer. Quizás luego venga y nos haga una demostración en directo», añadí. «Hay una mujer, pero no se ve quien és», dijo con una sonrisa incrédula.

A las doce llegó Ana. «Ha llegado tu mujer», me informó Gloria. «Dile que espere, enseguida salgo. Por cierto, fíjate en mi mujer. Creo que hoy se comporta de un modo extraño». Sentada en el sofá que hay en recepción, frente a la mesa de Gloria, Ana reclinó la cabeza en el respaldo, se levantó la falda y abrió las piernas dejando a la vista lo más rosado y húmedo de su ser. Recorrió con sus manos todo su cuerpo, apretando y juntando sus pechos, pellizcando los pezones erectos que se marcaban en la camiseta ajustada. Bajó lentamente buscando el hueco entre las piernas y, cuando lo encontró, introdujo sus dedos, bien al fondo, impregnándolos del flujo viscoso que se desparramaba por el sofá.

Yo era testigo de todo a través de la mampara acristalada que separaba mi despacho de recepción. Cuando irrumpí en escena, Gloria me miró sorprendida, asustada incluso, pero se reprimió y no dijo nada. Mi mujer se levantó como un resorte del sofá y, sin mediar palabra, alcanzó mi mano y me llevó al despacho. Me sentó sobre la mesa, aflojó la corbata y desabrochó la camisa. Notaba su lengua por mi pecho y como sus dientes oprimían mis pezones haciéndome estremecer de excitación. Mientras, sus manos liberaban mi sexo. Hacia un rato que lamía mis ingles, mi sexo, recorriéndolo y empapándolo, estrujándolo con sus manos, provocándome. Buscaba que se me escapara ese grito de placer que iba reprimiendo y sólo entonces, cuando rompí el silencio, hizo que desapareciera en la profundidad de su boca y no le dejó escapar hasta que dejé salir todo lo que llevaba dentro, rindiéndome en su interior.

Giré la cabeza y vi que ella nos estaba mirando a través de las lamas de las cortinas. Apartó su mirada y siguió trabajando. Ana y yo salimos del despacho, nos despedimos, y fuimos a comer. De camino al restaurante llamé a Gloria para decirle que podía tomarse la tarde libre y que lo que había visto era mi regalo de aniversario. «Bien, pero creo que me quedaré. Según parece aún falta que alguien haga una demostración en directo », respondió.

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FLORES PARA PANDORA

Cada noche noto sobre mi espalda el roce cálido, blando y suave de tu cuerpo mientras me abrazas y entonces quiero dormir y despertar rápido para volverte a ver.

Algún día quizás no duerma más para estar siempre contigo.

ÉL
 
Las flores las he plantado, regado y mimado sólo porque son para ti.

Dibujo: ÉL, 2007

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vacaciones para dos......o más.

Después de darle muchas vueltas decidimos tomarnos una semana de vacaciones para los dos solos, sin niños y en el mes de junio. Nuestras vacaciones siempre son en agosto y con la familia al completo. Sara, como siempre, además de escoger el lugar, se cuidó de todos los preparativos: maletas, campamento de los niños, guardería del perro, revisión del coche.
Por la mañana temprano ya habíamos colocado a los niños y al perro. Llegamos a las tres de la tarde con ganas de tomar un baño en la playa y hacer el amor, sin importar el orden. Primero hicimos el amor y, a continuación, nos quedamos irremediablemente dormidos. Para cuando quisimos darnos cuenta ya estaba anocheciendo, así que nos conformamos con tomar una ducha.

El de la inmobiliaria no mentía cuando afirmaba que la casa estaba a pie de playa. Una pequeña valla de piedra encalada separaba el jardín de la arena y las olas, aplacadas por la profundidad de la cala, rompían a unos pocos metros. Apenas veinte casas, todas iguales salvo una, se alienaban frente al mar. Un pinar inmenso aislaba el lugar del mundo y lo convertía en el sitio perfecto para relajarse y olvidarse de los problemas cotidianos.

Después de cenar nos sentamos para contemplar las estrellas y dejar que el sonido del mar nos acunara antes de ir a dormir. Fue entonces cuando una voz, que venía del otro lado de la valla, puso fin a ese momento intimista. Desde la pérgola, por la luz escasa que iluminaba el jardín, apenas se intuían dos personas. Nos acercamos.

- Hola. Magnífica noche, ¿no le parece?. Soy Philippe y ella es Eloise, mi mujer.

- Es una noche perfecta, sin duda – respondí - Soy Luis. Mi mujer, Sara. Hemos llegado esta tarde y apenas hemos tenido tiempo de situarnos aunque Sara ya me advirtió de que se trataba de un lugar encantador.

- No más que sus habitantes – apuntó Eloise en tono levemente seductor – Bueno, no molestamos más. Para cualquier cosa estamos en la casa azul.

- No es ninguna molestia – aclaró Sara – Bonita casa, no he podido evitar fijarme en ella. Sin duda destaca entre las demás.

Al día siguiente fuimos a la playa. Nada más tumbarnos se acercó Eloise que, según nos explicó, llevaba un par de horas tomando el sol. No pude escapar a la atracción de sus enormes pechos, firmes, morenos y resplandecientes por la mezcla de sudor y crema bronceadora. El biquini apenas cubría los pezones.


- Me gusta venir sola a la playa – nos dijo – Siempre encuentras un buen cuerpo masculino que admirar, puedes fijarte sin reproche en su paquete e imaginar lo que puede haber escondido detrás del bañador. No es que Philippe sea celoso pero me no me excita tenerlo al lado mientras se me va la imaginación.

- A veces se nos va la vista – dijo Sara mientras me miraba.

- Bueno - continuó Eloise -, mi marido y yo nos preguntábamos si os apetecería venir a cenar esta noche.

Sara asintió. Eloise recogió sus cosas y se despidió sonriendo. Yo no tenía ganas de cenar con nadie pero mi mujer, consciente de lo poco que me gusta ese tipo de compromisos, aceptó la invitación sin darme opción. Entendí que era una pequeña reprimenda por no perder de vista los atributos de Eloise.

Cuando por la noche llegamos a la casa azul, Philippe nos ofreció unas copas de vino blanco. Lo primero que hizo Sara fue manifestar su admiración por la casa y Eloise, alagada, se ofreció a enseñársela. Philippe me retuvo con la excusa de que el sótano me parecería mucho más interesante. Se trataba de un semisótano que, en ambientes bien separados, hacia las veces de garaje, bodega y estudio.

- No te emociones. Se trata de una réplica – aclaró antes de extenderse en la explicación –. Es un Porsche 550 Spyder, como el que le costó la vida a James Dean. El 356 sí es auténtico. Del 54.

- Yo tengo un Renault Megáne, pero es del año pasado. Si quieres podemos cambiarlo por cualquiera de los dos.

- Acompáñame Luis – me pidió mientras se dirigía a la parte destinada al estudio -, los coches, al fin y al cabo, solo son eso, coches. Lo que te voy a enseñar te gustará mucho más.

El estudio estaba lleno de fotografías, desnudos de Eloise. La reconocí, primero, por aquellos pechos grandes que había visto por la mañana. Luego pude disfrutar de todo su cuerpo, sensual, provocativo, puro erotismo. Tuve la sensación de encontrarme en una galería de arte.

Durante la cena las fotografías de Eloise se convirtieron en el tema estrella. Philippe era ingeniero de automoción, de ahí su interés por los coches. Lo de la fotografía era un hobby que compartía con su mujer y reconoció que solo la fotografiaba a ella. Conforme caían las botellas de vino surgían temas cada vez más calientes. Cada uno sugería imágenes excitantes para fotografiar: el cuerpo desnudo de una mujer, el abrazo de dos mujeres desnudas, un hombre y una mujer haciendo el amor, un pene erecto, una eyaculación, una felación. Sara me cogió la mano y la llevó hasta su sexo (¡no llevaba puesto el tanga que le había visto antes de salir de casa!). Noté que estaba completamente mojada, al tiempo que me di cuenta que Philippe no era ajeno a lo que pasaba debajo de la mesa.

Philippe propuso enseñarnos alguno de sus trabajos. Nos condujo al salón. Mientras Eloise preparaba unas copas, él dispuso el equipo de televisión para que pudiéramos ver sus fotografías en una gigantesca pantalla de plasma. Apagó las luces y nos sentamos. Las imágenes mostraban muchas de las escenas sugeridas durante la cena, siempre con Eloise y Philippe como únicos protagonistas. Yo me sentía, no se si por el alcohol o por la compañía, completamente desihibido, eufórico. Estaba muy excitado, pero poco me importaba que se me notase la enorme erección. Miraba el cuerpo de Eloise con deseo, igual que el de Sara.

En un momento de la proyección Philippe se sentó al lado de Sara y empezó a acariciar sus pechos sin que ella mostrase la más mínima intención de rechazarlo. Recorrió con su mano el cuerpo de Sara por encima del vestido, y al bajar, ella abrió las piernas, dejando al descubierto todo su sexo. Él buscó con sus dedos en lo más profundo mientras la respiración de Sara se volvía más intensa y su cuerpo se retorcía de placer. Busqué su mirada y al encontrarnos dejó ir una lujuriosa sonrisa. Ella se levantó y se desprendió del vestido quedando completamente desnuda en el salón, se arrodilló frente a Philippe, sentado en el sofá, le bajó el pantalón y se lanzó con su boca sobre el miembro que se ofrecía sin resistencia. Sara me miró complacida mientras engullía aquel falo. Philippe hizo que se levantase, la cogió de la mano y la llevó a la planta de arriba.

Eloise y yo, de pie frente a frente, nos desnudamos el uno al otro. Recorrí con mi lengua todo su cuerpo, cada rincón, cada centímetro, entreteniéndome allí donde Eloise perdía el control, dónde su cuerpo se estremecía. Me detuve y tumbé a Eloise sobre la alfombra, abrí sus piernas, adentrándome en sus entrañas. Con mi lengua acaricié, amase su clítoris, absorbí su sexo empapado hasta que llegó al orgasmo. Luego la penetré, abriéndome paso en la humedad de su sexo, cada vez más fuerte, más profundo, a un ritmo cada vez más impetuoso hasta que noté que no podía aguantar más mi orgasmo y me dejé ir sobre sus pechos.



Volvimos a casa, uno al lado del otro, caminando por la playa, sin decir nada.

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otro punto de vista....

Teresa hace tiempo ………

 

 Era muy tarde pasadas las nueve de la noche, la jornada laboral está mas que terminada, pero a Teresa nunca le parece bastante, el trabajo la absorbe, la tiene hipnotizada y nunca descansa. Quique le pidió que le dejara un informe de un cliente sobre su mesa, el también es trabajador, pero no tan empedernido como ella, se le ve con pinta de mujeriego, pero ella no puede asegurarlo, pues no le ha visto en ninguna situación comprometida.

 

 Teresa camina por el ancho pasillo de la oficina con la mitad de las luces apagadas, se encuentra sola y parece tener miedo, pero su paso es firme para disimularlo. Lleva el dossier que Quique le a pedido, se lo dejará y se irá a casa a descansar, nadie la espera, pero a ella no le importa. En el silencio de la noche escucha un sonido, viene del despacho de Quique, pero no parece Quique, se acerca despacio y mira por la rendija de la puerta casi cerrada, no puede creer lo que ve. Hay una mujer desnuda de rodillas delante de la mesa de la oficina, esta devorando el miembro de Quique con ansia, con lujuria, Quique tiene sus manos sobre su cabeza y la empuja. Teresa se queda paralizada, sus piernas no responden, su mirada no se aparta, la escena la excita, mira a su alrededor, como si alguien la pudiera descubrir, pero no queda nadie en la oficina, sigue mirando.

 La mujer se levanta y Teresa comprueba que es Eva la que se tumba sobre la mesa del despacho, ofreciendo su sexo a la vista de Teresa y al gusto de Quique, este arrodillado y de espaldas a Teresa da muestras de estar saboreando el sexo de Eva con todo el gusto. Teresa sólo ve la cabeza de Quique, pero se imagina su lengua recorriendo los labios internos de Eva, imagina sus jugos resbalándola por los muslos y los labios de Quique absorbiéndolos. Teresa lleva tanto tiempo en la puerta que ella misma está mojada. Ahora Quique se ha levantado  frota su enorme miembro con las manos y parece crecer todavía mas, se gira.  Teresa solo puede ver las embestidas que Quique realiza, solo puede escuchar los gemidos y gritos que ambos lanzan, ver los músculos contraídos de las piernas de Quique hasta que Eva lanza un enorme gemido y Quique la sigue desplomándose sobre ella. Ahora puede ver las manos de Quique recorriendo el cuerpo de Eva. Ella misma siente sus pezones endurecidos bajo la suave camisa, siente como sus pechos desean que los toquen, los laman y los muerdan, lo que ha visto en el despacho le agrada, lo siente por dentro y la deja ebria  de sexo. Al rato, recobra la compostura y se aparta silenciosa de la puerta, y toma una decisión, ella quiere probarlo……..

Teresa lleva cinco años soñando con lo que vio aquel día, sabe a raíz de los cafés que toman por la mañana que Quique no dudaría acostarse con ella ni un minuto, pero también sabe, que en cuanto se acueste con él, se habrá acabado el misterio, y que esa lujuria que flota en el ambiente cada vez que están juntos, desaparecerá. También tiene sus fantasías con Eva, pero tiene la corazonada de que sabrá cumplirlas las dos con el mismo fin. Tiene que conseguir que Quique la desee para siempre, que haga algo que la demuestre que no será solo un polvo, por eso ella sigue esperando su oportunidad. Y llega, claro que llega, solo hay que esperar el momento oportuno……

 

 Cuando deciden hacer méritos para el puesto de Director, ella maquina un plan que sabe que Quique no puede rechazar. Durante un mes no toma más café, para crearle a Quique una obsesión, y después le ofrece el partido, y el trato.

 

  Sabe que ganará, tiene sus armas escondidas bajo su falda. Sabe que la imaginación de Quique es su mejor baza, y no duda en dejarle claras muestras de lo que le espera si gana, eso le perderá. Sus faldas cada vez mas cortas, su blusa con mas escote cada día y como colofón final el encuentro de Eva en el baño. Desde el día que vio a Eva degustar a Quique, ella no ha dejado de pensar en lo que sería ser empapada por su lengua, tocada por las  manos de una mujer. Sabe las ganas de Eva de conseguir un puesto mejor, de hacerse valer en la empresa y formar parte en su vida social, así después valorar el riesgo, decide ofrecerle ser su compañera en el partido. Eva la está esperando y no se hace de rogar, entre miradas y frases llenas de dobles sentidos, se citan en el cuarto de baño de la empresa donde por fin, Teresa cumple una de sus fantasías.

 Eva es una gran amante, la desnuda de cintura para arriba con tacto, tan solo el roce de sus manos ya consigue excitar a Teresa, que lleva cinco años imaginando una escena parecida, la lengua de Eva es caliente y suave, dulce y sensual como sus enormes pechos que se frotan contra los suyos mientras su lengua recorre su cuello. Teresa tiembla bajo el contacto de Eva, se deja amar por las manos expertas, deja que se deslicen entre sus piernas mientras su lengua le recorre los muslos, deja que sus labios le rocen su sexo, mientras que dos dedos deciden explorar dentro, sus gemidos son de escándalo, la sola sensación de saber que Quique estará en la puerta escuchando la hace entrar en el mas absoluto de los éxtasis. Eva continúa saboreándola cuando su cuerpo recibe un  gran orgasmo brutal que hace que se tambalee y pierda el sentido. Es el mejor orgasmo que ha tenido hasta ahora, pero la mejor recompensa llega cuando se despide con un beso de Eva y nota su propio sabor en los labios, Eva se marcha y al abrir la puerta se encuentra sorprendida a Quique, al que besa en los labios, llenándole del sabor del sexo que acaba de comer. Lo que siente Teresa es obsceno, libidinoso, lascivo, deseo.A partir de ese momento Teresa saca todas sus armas, y ataca, cada día más provocativa, cada día más sensual para hacer perder la cabeza a Quique y conseguir su propósito. Llega el día del partido, Quique juega con Patricia, una lesbiana de la oficina muy conocida por Eva, según le explicó esta a Teresa unas horas antes cuando hablaron, y planearon la estrategia, en el vestuario del club de tenis.

 

 Eva había pensado jugar sin sujetador y Teresa llevaba días pensando en hacerlo sin bragas, las dos se excitaron enormemente imaginando a Quique y Patricia cuando se dieran cuenta de que no llevaban ropa interior por la pista de tenis, entre risas y carcajadas la mano de Eva se deslizó entre los pechos de Teresa cuando se estaban duchando, Eva vio la cara desvergonzada de Teresa, y sonrió bajo el agua. Las manos de Teresa la apoyaron con fuerza contra la pared, su boca sedienta la besó con fuerza, su lengua exploró su boca, las manos tocaron los pechos de Eva, sus pezones duros, eran como caramelos jugosos entre los labios de Teresa y recorrió su cuerpo de Eva para beberse el agua que caía por él, Eva estaba encantada con aquellos labios calientes sobre su cuerpo, y se dejó seducir por ellos, su sexo se abrió para que Teresa gozara del fruto de sus caricias y ella tuviera el placer que deseaba. Eva llegó a la cima de su goce bajo una lluvia de agua fría como el hielo y el mordisqueo incesante de unos labios calientes. Salieron de la ducha y esta vez fue Eva la que con su lengua secó toda el agua que quedaba en el cuerpo de Teresa. Así relajadas se dirigieron a jugar un partido de tenis que decidiría mucho mas que su futuro laboral…

Durante el partido, Teresa tuvo oportunidad de mostrarle a Quique su última arma. Se agachó delante de sus narices a recoger una pelota, su falda se levantó y dejó entrever que no había nada mas, al ver la entrepierna de Quique, Teresa supo que había ganado el partido, el mejor ascenso al que puede optar y también al hombre de su vida……..

  

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El partido de tenis

Teresa y Quique son compañeros de trabajo. Desde hace más de cinco años, a la hora del café, ambos se divierten flirteando sin más intención que ponerse calientes. Son menos de cinco minutos de insinuaciones y fantasías. A veces Teresa acaba muy mojada, Quique, que es más salido, con una erección enorme que pasea desde la sala del café hasta a su despacho. Siempre hay algún compañero que aparece pero a ellos no les importa. Sino es Pedro, es Luis, sino Patricia, que es la más joven y acaba entrando en el juego como si fuesen un trío. Teresa sabe que él, se muere por llevársela a la cama y aunque sólo tendría que proponérselo, ella no está segura de dar ese paso.

 Inmediatamente después que el Director de departamento anunciase su jubilación,  Teresa y Quique manifestaron la firme voluntad de aspirar al puesto y ambos estaban decididos a  lo que hiciera falta para que el otro renunciase. Después de un mes sin hora del café, Teresa decidió zanjar la cuestión. Conoce bien la afición de Quique por jugarse en un partido de tenis las cosas más inverosímiles. No obstante, sabía tan bien como Quique que él, por antigüedad y por aquello de ser hombre, tenía más posibilidades de ser el nuevo Director y era consciente de que él no se lo jugaría así, sin más.

Decidida, Teresa asaltó a Quique a la hora del café, esa hora que habían abandonado sin demasiado convencimiento.

-¿Qué te parece? Sé, no soy ninguna ingenua, que tienes más números que yo para ocupar la vacante de Luis. Por eso he pensado que si ganas, aparte de ser el nuevo Director, podrás pedirme lo que quieras. Sí, sí, has oído bien, lo que quieras – propuso Teresa mientras Quique preparaba el café – Si gano, yo seré la próxima Directora – añade.

- Sí, mira, acepto. Supongo que podrás imaginarte lo que te pediré si gano, que ganaré, no lo dudes.

Desde ese momento, Quique no podía dejar de imaginar lo que haría con Teresa. La imaginaba desnuda, encima de él, acariciándole los pechos, lamiéndolos. Penetrándola una, dos y más veces, en posturas imposibles. Luego ella recorriendo su cuerpo hasta que se deja ir con el solo contacto de su lengua.Quique aceptó que el partido de tenis fuese de dobles con la condición de que cada uno buscase su pareja entre el personal de la empresa. Había pasado una semana y Quique no paraba de imaginarla desnuda, más aún desde que Jesús, el de marketing, le había llamado para confirmarle que seria su pareja en el partido. Jesús, adicto a los gimnasios, es un gran jugador de tenis. Teresa contaba con Eva.

Quique siempre ha pensado que Eva tiene un buen culo y unas tetas enormes a conjunto pero, a pesar de que reconocer que juega muy bien, estaba convencido que no tiene nada que hacer ante el revés de Jesús. Desde que Quique aceptara el reto, Teresa aparecía en la oficina con unas minifaldas cortas, muy cortas y se pasaba el día recogiendo cosas del suelo. Se cuidaba mucho de no abrocharse todos los botones de la camisa y había prescindido del sujetador. Se aseguraba de que Quique estuviese bien cerca y que, día a día,  fuese perdiendo la concentración.

Teresa afirmó no tener nada que ver, pero lo cierto es que Jesús se había roto una pierna. Presa de los nervios Quique llamó a Pedro quien, siguiendo instrucciones de Teresa, se había ido de viaje a la sucursal de Frankfurt. Quedaban cuatro días y para entonces sólo podía contar con Patricia que, por otro lado, estaba encantada con los juegos amorosos de los dos contendientes. Estaba convencida que Teresa y Quique se acostaban juntos e incluso había albergado la esperanza de meterse en la cama con ellos.

Quique había leído la nota de Teresa. A la hora señalada la había seguido al lavabo y siguiendo las indicaciones puso el oído en la puerta. Los gritos que se oían dentro excitaron tanto a Quique que no tardó en notar la erección mientras intentaba imaginar como ella se estaba masturbando. Se abrió la puerta y salió Eva que, sonriendo, besó los labios de Quique impregnándolos con el aroma de Teresa . Desconcertado, Quique miró a Teresa que aún se estaba subiendo las bragas. A juzgar por la expresión de satisfacción de Teresa, Eva debe comer coños tan bien como juega a tenis, pensó Quique.

Cuando Patricia y Quique llegaron, Teresa y Eva ya les estaban esperando en la pista de tenis. Nada que hacer, se dijo Quique. Eva no llevaba sujetador y sus pezones se marcaban en la camiseta ajustada como si fueran a salir disparados de un momento a otro.  Teresa se acercó a la red y, dándole la espalda, abrió las piernas y se inclinó hacia delante para recoger una pelota. Quique no tardo en darse cuenta que no había bragas. Fue solo un instante pero se le quedó gravada la imagen de sus nalgas y del sexo rosado que se escondía ahí dentro. Pensaba que esta vez Teresa había ido demasiado pero le asaltaba continuamente el deseo de penetrarla allí mismo. Quique no sabía si Patricia entendía realmente lo que pasaba, pero ella no dejaba de mirar su sexo que estaba a punto de explotar. Se acerco a ella y sin saber muy bien porqué, le pidió que se quitase las bragas a lo que Patricia, muy acalorada, accedió.

 Quique felicitó a Teresa por su victoria. Luego se dirigió al vestuario y mientras se relajaba en el jacuzzi intentaba recrear los cuerpos de las tres en el partido.  Sólo por ello la derrota había valido la pena y, al fin y al cabo, lo del puesto de Director no era tan interesante, pensó.

 Luego sumergió la cabeza.Quique sacó la cabeza del agua y mientras recuperaba la visión, alguien entró en el jacuzzi. Al cabo de unos segundos reconoció a Teresa. Estaba desnuda y dispuesta a poner en práctica todo lo hablado en horas y horas de café.......

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aclaración sobre ÉL y pandora

Me veo un poco obligada a explicaros la historia y el porqué de este blog, no por vosotros, los que me leéis o los que decís lo que pensáis, sino por mi misma, bueno, también porque aliena21 lo pidió y me parece que Milú se hizo un lío también, aunque queda mejor en(t)redo. jejeje.

 He aquí mi historia: 

En mi otro blog La caja de Pandora, descubrí a una persona con la que me sentí identificada de momento al leer sus textos, escribía sobre su suegro, (los que me conocéis ya habéis leído algún que otro post sobre la mía) yo le contestaba sus post y le invitaba a ver el mío, la verdad es que fui la única persona que le comentó algún post (esto es orgullo mío jajajaja) me gustó su estilo que creí sincero, hasta que un día vi un comentario en el que decía que le iba a dar la vuelta a su blog.

 

Me alegré mucho, pues aún me gustó mas, si os dais cuenta el mío es mas o menos variado, lo mismo hablo de mi suegra, que de un polvo con un mosso d’esquadra ( el cuerpo del deseo, ficticio jejejeeje) también llegué a explicar un cuento de niños, de todo un poco vamos. Pensé que hasta nos parecíamos y que llegaríamos a ser amigos virtuales, y ahí quedó la cosa, escribió una historia erótica que me encantó  y ya era parte de mi blog, pues lo puse en mis enlaces. El chico en cuestión decía llamarse buscón, no actualizaba su blog pero yo seguía visitándolo, es conocida mi adicción al blogging jajaja.

 

 En mi casa, yo le explico a mi ÉL las historias de los blogs como si fueran reales, menos las que se ve que son relatos o historias, las que están escritas en tono personal yo me las creo, ¡es que soy muy sencilla!!!!!!! Él en cambio piensa que muchas de ellas son falsas, pero no me importa, no llega a hacerme cambiar de opinión, sencilla pero convencida jajaja. Además le enseño todos los textos para que me dé su opinión sobre lo que publico, a él le gusta que se me vaya la olla con mis historias!!! sobre todo las eróticas………

 

El caso es que un día mi ÉL, se trajo un portátil de la empresa, al ir yo a por mi dosis diaria de blogs, encontré que alguien tenía puesto el ID y no era el mío, allí se destapó que mi ÉL tenía un blog y que me lo había estado ocultando deliberadamente, me sentó fatal puesto que yo si que compartía con el lo que hacía.

 

La discusión se fue acalorando hasta que no sé como, me di cuenta de que no solo tenía un blog, si no que además era uno de mis enlaces, pero no llegaba a descubrir cual era, nadie se ajustaba a su perfil, nadie, eso seguro. Al final reconoció quien era, y yo me sentí engañada, había estado comentándole sus post como si fueran de otra persona, como si fueran ciertos. Incluso yo le había explicado la historia del pobre buscón, y no noté nada, no sospeché nada!!!!!!!!!!  Me explicó que para él solo era un juego, una manera de acercarse a mi de otra forma (un engaño, vamos) se había fabricado un personaje que conectara conmigo, no sé con que fin.

 

Al final la cosa pasó, y pudimos ir hablando del tema, es que soy todo corazón y cuando me duele, me duele, aunque para algunos sea una tontería para mi fue importante. El me dijo que le gustaría tener un blog, pero no disponía de tiempo suficiente para mantenerlo, así que creamos EN(T)REDOS este blog es cosa de los dos, un  enredo entre dos,  pero ninguno ejercemos de juez sobre lo que el otro escribe, sois vosotros los que lo hacéis y todos sois bienvenidos.

Para acabar os diré que en teoría de momento el escribe algo bajo el nombre de ÉL y yo le contesto con Pandora, normalmente yo no tendré idea de lo que el escribe hasta que lo publique y el no sabrá de mi hasta que lo publique también. ( he de deciros que eso es la teoría, pero que en realidad, hoy he visto un pedacito de la historia que está preparando y el estilo en su forma de escribir es…….muy muy, pero que muy diferente del mío, en fin su gusto no es el mío, que quede claro que lo ha escrito ÉL) En mi blog la caja de Pandora, nunca ha escrito nadie que no sea yo, lo que pasa es que descubrí, que podía hacerlo tanto desde mi lado masculino, como desde mi lado femenino, la primera sorprendida fui yo misma.

Contestaré a aliena21 diciendo, que si creyó que la historia de la ventana era cierta, ÉL consiguió su objetivo al explicarla.

 

Chicas/os es todo vuestro!!!!!!!!!!!!!!

 

besos en(t)redados.

pandora.

 

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desde el otro lado de la ventana.

Desde que Susana comentó la posibilidad de hacer juntos las vacaciones, no había dejado de pensar en ti, como andas, como hablas, nada que ver con Álvaro, siempre presumiendo, siempre aparentando, creo que solo se casó conmigo para aparentar. El tema del sexo es otra cosa, para eso si que vale, para lo demás no. A veces pienso que si no fuera por lo bien que sabe hacerlo, no estaría con él, buscaría a alguien como tú, tranquilo, pacífico, sereno…..¿serás en todo igual? A veces le pregunto a Susana, no descaradamente, si no que le explico algo íntimo,  así le doy pie a explicar cosas vuestras, habla poco, no le gusta hablar de sexo. Recuerdo bien aquel día, Álvaro no dejaba de insistir en hacer el amor en la terraza, a mi no me seducía la idea, dado que no estábamos solos en la casa y hay que respetar la intimidad de los demás, pero te vi, y algo se encendió dentro. Comenzó a besarme dentro de la piscina, me acariciaba el cuerpo como si fuera una serpiente, deslizándose sobre él, tu no te fuiste, te quedaste mirando por la ventana, sentía tus ojos sobre mi piel mientras Álvaro me tocaba, me besaba, es una sensación única el saberte contemplada haciendo el amor. Como alguien espía a otra persona, en algo tan íntimo  como hacer el amor, habrá gente que se escandalice, pero a mi me gustó. Me senté sobre él mirando la ventana, veía tu sombra a través de las lamas de la cocina, te sabía allí. Durante todo el día me habías estado mirando, me habías deseado, sin embargo, debes amar mucho a Susana, para poder lograr evitarme.

 Deslizaba mis manos sobre mis pechos, pensando que eran las tuyas, dejé que Álvaro me lamiera pensando que era tu lengua la que lo hacía, mientras me sujetaba por la cintura, con ímpetu, con furia, mientras mis piernas apoyadas en el suelo tomaban impulso para volver a montar sobre él, mientras, me imaginaba lo excitado que debías estar y me estimulaba todavía más. Disfruté del sexo con Álvaro como nunca, de hecho, el lo notó, y me lo dijo, le contesté que debía ser el calor, la playa, el sol, las vacaciones, cualquier cosa me servía, aunque yo sabía que era por ti, por tu mirada desde la oscuridad. Te tengo metido dentro de mi cabeza y no te puedo sacar, por las noches me desvelo pensando en ti, en como sería ser amada por ti, en como sería amarte. Fui a buscar la botella de champaña una madrugada que Álvaro estaba dormido, no era para él, a un movimiento tuyo, yo habría respondido, pero no te moviste, ni siquiera reaccionaste al verme desnuda, la botella era para nosotros, para compartirla en la playa, para ver el amanecer juntos, abrazados sobre la arena, después de habernos amado, quería hacerlo. 

Pero me faltó un empujoncito, solo alcancé a decirte que tomaras un baño, pero me refería a los dos, no me entendiste. Es nuestro sino, frases de doble sentido, que parecen decir lo contrario de lo que queremos……. en fin, ya veremos cuando nos vayamos otra vez juntos…….

 

enviado por parami | 16 comentarios
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la ventana

Era el verano de mi treinta y dos cumpleaños. Marta y Susana, que es mi mujer, decidieron ir de vacaciones a Mallorca. Meses antes, en una cena de presentación, conocí a la pareja de Marta. Me pareció un tipo repelente, pendenciero y engreído y, en ese momento, me arrepentí de haber apoyado la idea de Susana de pasar unos días de julio juntos en una casa frente a la playa. La casa, elegida evidentemente por Álvaro, era insuperable y, aunque me costaba reconocerlo, pensé que quizás lo había juzgado precipitadamente, eso sí, después de mi primer baño en la piscina. Álvaro se había levantado temprano para su sesión de footing y, a pesar de mi negativa del día anterior a acompañarle, no pudo evitar despertarme. Cuando lo oí cerrar la puerta me levanté y, sintiéndome a salvo, me dirigí a la piscina. Me detuve al pasar por delante de su habitación. Allí estaba ella, completamente desnuda, tumbada bocabajo sobre la cama y sin nada que la cubriera. Durante unos segundos me quedé contemplando aquel maravilloso cuerpo. Me asustó la idea de que pudiera descubrirme, así que bajé a la cocina. No podía pensar en otra cosa y decidí volver: ya no estaba.


Aquella mañana, como todas las demás, fuimos a la playa. Marta y Susana son unas incondicionales del top less y ello, no sin razón, me costó una buena bronca. Durante el resto del día mi mujer no paró de reprocharme el hecho de que no dejase de mirar con descaro los pechos de Marta. No era la primera vez que estaba con Marta en la playa pero, a diferencia de otras veces, la situación me excitaba. Me desperté a las tres de la mañana. Susana dormía profundamente después de un día agotador. La visita de varios museos, monumentos y barrios históricos, a pesar del cansancio, supuso un alivio después de las primeras jornadas de playa. Estaba sediento y bajé en busca de una botella de agua. Los postigos de lamas de la cocina dejaban pasar la luz azulona de la piscina y a través de la ventana, entreabierta para soportar las noches calurosas, se colaban las risas de Marta y Álvaro. Sin encender la luz y resguardado por la oscuridad de la casa, me quedé mirando. Sólo podía ver las cabezas de ambos frente a frente, devorándose mutuamente, entrelazando sus cuerpos dentro del agua, girando para sumergirse y volver a salir bruscamente en un juego que me pareció interminable. Luego, fuera de la piscina, Álvaro se echó en una tumbona y ella se puso encima a horcajadas de cara a la ventana. Hicieron el amor.


Al cabo de unos días, mientras tomaba agua para aliviar la sed y miraba por la misma ventana, recordaba la imagen de Álvaro y Marta en la piscina. Era muy temprano y el sol ya descubría sus intenciones de no dar tregua. En ese momento entró Marta en la cocina, sin hacer ruido para no despertar a nadie. Supongo que no esperaba encontrar a nadie pues iba desnuda. Mi presencia pareció no importarle en absoluto, se fue a la nevera y cogió una botella de champagne. Cuando se plantó frente a mi me di cuenta que tenia su coño rasurado y mi cuerpo se estremeció de la excitación. Deberías tomar un baño, a esta hora el agua esta fría, me dijo. Y se fue a su habitación.

 

enviado por parami | 411 comentarios
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