LA ABSTENCION Y EL ATUN
Lo más destacado de las elecciones municipales en Catalunya ha sido, sin duda alguna, la alta abstención (más de diez puntos por encima del resto de España). Durante los próximos días se analizaran, con más o menos rigor, las posibles causas del alejamiento entre ciudadanía y políticos, que no de la política. Pero lo cierto es que si no se consulta directamente a quienes no han ido a votar nunca llegaremos a resolver la incógnita.
Como cada partido político llegará a sus propias conclusiones, dependiendo de lo que más le convenga, yo, que fui a votar, he intentado esforzarme en encontrar las mías propias a ver si la próxima me abstengo.
Una primera cuestión es la identidad. Cuando alguien vota lo hace por una formación política concreta. Si uno deposita su voto por el PSC no lo hace ni por ERC ni por ICV-EUiA. Si uno va a una pescadería y al pedir atún le incluyen en la cesta boquerón (ERC) y pescado para sopa (ICV-EUiA) y te lo venden todo como langosta (progresistas y de izquierdas), lo más probable es que no vuelvas. Si esta práctica se convierte en habitual, lo suyo seria envasarlos y venderlos como un solo producto. Pero lo peor es que una mayoría decida hacer una barbacoa (CiU) y a la hora de la verdad tres o cuatro hagan una paella. ¿A que no vuelves?.
Un segundo problema radica en aprovecharse de las etiquetas (izquierdas, centro, derecha) que atribuyen cualidades a unos y efectos nocivos a otros. Proclamar ser un partido progresista, de izquierdas y ecologista aporta tanto como afirmar ser moderado, liberal y demócrata. Son afirmaciones gratuitas y vacías y le recuerda a uno el dicho de que el hábito no hace al monje. Resulta tan despreciable afirmar que a la derecha no le interesan los trabajadores, la vivienda social o el medio ambiente como mantener que la izquierda protege a los terroristas, da más derechos a los inmigrantes o va en contra de los intereses de los empresarios. Pero resulta que el ciudadano, a pesar de lo que piensen muchos políticos, es listo y llega a la conclusión de que cuando se abraza el poder todos “son iguales”. Y entonces, ¿Por quién votar?. ¿Será que da lo mismo?. Cuando a un partido lo despojas de esas falsas particularidades que lo distinguen de los demás no te queda gran cosa.
Quizás sea la antesala de la globalización política o simplemente pueda sostenerse que los políticos no tienen idea de como solucionar los problemas de la ciudadanía y distraen al personal con palabrería que no paga hipotecas, no reduce las listas de espera, no erradica los robos en domicilios, no castiga ejemplarmente a los corruptos, no facilita a los inmigrantes un trabajo justamente remunerado que les permita disfrutar de sus derechos y cumplir con sus obligaciones, no … . Así las cosas no es que los políticos no sepan conectar, es que no tienen nada que comunicar ni argumentos nuevos para captar el voto que tanto reclaman.
Así que, después de darle vueltas al tema, leer prensa escrita y escuchar radio y televisión, he llegado a la sabia conclusión de que en la pescadería no tienen atún, que te quieren colocar boquerón y que antes de ir a una barbacoa te asegures que no te van a dar paella. Igual de absurdo que los discursos políticos. ¿O no?.