El partido de tenis
Teresa y Quique son compañeros de trabajo. Desde hace más de cinco años, a la hora del café, ambos se divierten flirteando sin más intención que ponerse calientes. Son menos de cinco minutos de insinuaciones y fantasías. A veces Teresa acaba muy mojada, Quique, que es más salido, con una erección enorme que pasea desde la sala del café hasta a su despacho. Siempre hay algún compañero que aparece pero a ellos no les importa. Sino es Pedro, es Luis, sino Patricia, que es la más joven y acaba entrando en el juego como si fuesen un trío. Teresa sabe que él, se muere por llevársela a la cama y aunque sólo tendría que proponérselo, ella no está segura de dar ese paso.
Inmediatamente después que el Director de departamento anunciase su jubilación, Teresa y Quique manifestaron la firme voluntad de aspirar al puesto y ambos estaban decididos a lo que hiciera falta para que el otro renunciase. Después de un mes sin hora del café, Teresa decidió zanjar la cuestión. Conoce bien la afición de Quique por jugarse en un partido de tenis las cosas más inverosímiles. No obstante, sabía tan bien como Quique que él, por antigüedad y por aquello de ser hombre, tenía más posibilidades de ser el nuevo Director y era consciente de que él no se lo jugaría así, sin más.
Decidida, Teresa asaltó a Quique a la hora del café, esa hora que habían abandonado sin demasiado convencimiento.
-¿Qué te parece? Sé, no soy ninguna ingenua, que tienes más números que yo para ocupar la vacante de Luis. Por eso he pensado que si ganas, aparte de ser el nuevo Director, podrás pedirme lo que quieras. Sí, sí, has oído bien, lo que quieras – propuso Teresa mientras Quique preparaba el café – Si gano, yo seré la próxima Directora – añade.
- Sí, mira, acepto. Supongo que podrás imaginarte lo que te pediré si gano, que ganaré, no lo dudes.
Desde ese momento, Quique no podía dejar de imaginar lo que haría con Teresa. La imaginaba desnuda, encima de él, acariciándole los pechos, lamiéndolos. Penetrándola una, dos y más veces, en posturas imposibles. Luego ella recorriendo su cuerpo hasta que se deja ir con el solo contacto de su lengua.
Quique aceptó que el partido de tenis fuese de dobles con la condición de que cada uno buscase su pareja entre el personal de la empresa. Había pasado una semana y Quique no paraba de imaginarla desnuda, más aún desde que Jesús, el de marketing, le había llamado para confirmarle que seria su pareja en el partido. Jesús, adicto a los gimnasios, es un gran jugador de tenis. Teresa contaba con Eva.
Quique siempre ha pensado que Eva tiene un buen culo y unas tetas enormes a conjunto pero, a pesar de que reconocer que juega muy bien, estaba convencido que no tiene nada que hacer ante el revés de Jesús. Desde que Quique aceptara el reto, Teresa aparecía en la oficina con unas minifaldas cortas, muy cortas y se pasaba el día recogiendo cosas del suelo. Se cuidaba mucho de no abrocharse todos los botones de la camisa y había prescindido del sujetador. Se aseguraba de que Quique estuviese bien cerca y que, día a día, fuese perdiendo la concentración.
Teresa afirmó no tener nada que ver, pero lo cierto es que Jesús se había roto una pierna. Presa de los nervios Quique llamó a Pedro quien, siguiendo instrucciones de Teresa, se había ido de viaje a la sucursal de Frankfurt. Quedaban cuatro días y para entonces sólo podía contar con Patricia que, por otro lado, estaba encantada con los juegos amorosos de los dos contendientes. Estaba convencida que Teresa y Quique se acostaban juntos e incluso había albergado la esperanza de meterse en la cama con ellos.
Quique había leído la nota de Teresa. A la hora señalada la había seguido al lavabo y siguiendo las indicaciones puso el oído en la puerta. Los gritos que se oían dentro excitaron tanto a Quique que no tardó en notar la erección mientras intentaba imaginar como ella se estaba masturbando. Se abrió la puerta y salió Eva que, sonriendo, besó los labios de Quique impregnándolos con el aroma de Teresa . Desconcertado, Quique miró a Teresa que aún se estaba subiendo las bragas. A juzgar por la expresión de satisfacción de Teresa, Eva debe comer coños tan bien como juega a tenis, pensó Quique.
Cuando Patricia y Quique llegaron, Teresa y Eva ya les estaban esperando en la pista de tenis. Nada que hacer, se dijo Quique. Eva no llevaba sujetador y sus pezones se marcaban en la camiseta ajustada como si fueran a salir disparados de un momento a otro. Teresa se acercó a la red y, dándole la espalda, abrió las piernas y se inclinó hacia delante para recoger una pelota. Quique no tardo en darse cuenta que no había bragas. Fue solo un instante pero se le quedó gravada la imagen de sus nalgas y del sexo rosado que se escondía ahí dentro. Pensaba que esta vez Teresa había ido demasiado pero le asaltaba continuamente el deseo de penetrarla allí mismo. Quique no sabía si Patricia entendía realmente lo que pasaba, pero ella no dejaba de mirar su sexo que estaba a punto de explotar. Se acerco a ella y sin saber muy bien porqué, le pidió que se quitase las bragas a lo que Patricia, muy acalorada, accedió.
Quique felicitó a Teresa por su victoria. Luego se dirigió al vestuario y mientras se relajaba en el jacuzzi intentaba recrear los cuerpos de las tres en el partido. Sólo por ello la derrota había valido la pena y, al fin y al cabo, lo del puesto de Director no era tan interesante, pensó.
Luego sumergió la cabeza.Quique sacó la cabeza del agua y mientras recuperaba la visión, alguien entró en el jacuzzi. Al cabo de unos segundos reconoció a Teresa. Estaba desnuda y dispuesta a poner en práctica todo lo hablado en horas y horas de café.......