Crítica: "PDC2: El cofre dle hombre muerto"
Le damos un 6
Es difícil superar la emoción que produce una película cualquiera. Mucho más costoso resulta lograr los efectos provocados por una desternillante y sorprendente cinta de aventuras que pretendía revitalizar el cine de piratas.
La búsqueda de la intensidad y la originalidad provoca el agotamiento en el espectador que asiste a la historia de El cofre del hombre muerto, completando la emprendida por La maldición de la Perla Negra aunque un tanto descafeinada
Pero no importa... Parece que el verano es la época del año ideal para perdonar ciertos atrevimientos: todo sea por entretenerse. Los paseos por Port Royal, la isla Tortuga y los dominios de los Pelegostos bien merecen que paguemos la entrada de cine. La cinta está llena de detalles, pero esto no es nuevo: recuerde al dichoso mono que roba una moneda del tesoro maldito tras los títulos de créditos finales en la Piratas de Caribe original, convertida de manera inevitable en saga.
A estas alturas no tiene ningún mérito apuntar que Johnny Depp construye un singular pirata, menos excéntrico ahora que en su primera aparición hace tres años. Aún así, su Jack Sparrow tiene un deje amanerado a pesar de ser uno de los más ¿valerosos? capitanes de barco, aunque cuidado con las diferentes versiones de doblaje. Eso nos conduce a buscar el asombro en otras cuestiones, quizás en apariciones estelares y vueltas de guión que vinculan la secuela al título originario.
Aventuras un tanto simples que en esta ocasión beben de 20.000 leguas de viajes submarino, trío de estrellas y una realización estudiada para dejar boquiabiertos a grandes y pequeños... Si la fórmula tiene éxito ¿por qué no explotarla? Esta segunda entrega de piratas atípicos también está unida de manera indisoluble a la tercera, que resolverá muchas dudas.
Todo está cuidado al máximo, de no ser así habría sido muy irresponsable tirar a la basura 160 millones de euros: la ambientación, los efectos especiales, el varado de la Perla Negra y la amenaza del Kraken, un tema musical tocado a órgano por tentáculos en el corazón del Holandés Errante... Pero el envoltorio no se antepone al calado psicológico de los personajes principales. Es cierto que todos responden a patrones típicos de corsarios, villanos y padres protectores –La princesa prometida ofrece un buen catalogo a este respecto-, pero hay roles que se diversifican, como el de Knightley, ya que la chica del pirata se convierte en pirata, para los que piensen que el mar es territorio masculino.
Apta para todos los públicos, nos quedan dudas acerca de si los más jóvenes no tendrán pesadillas con los monstruos de nueva hornada, más acuáticos y menos cariñosos que sus predecesores, otrora humanos -ya se sabe, la vida en la mar embrutece-. Tampoco es muy digerible su duración, cerca de dos horas y media, llena de guiños –no muy brillantes, por lo general- que pretenden atrapar nuestra atención, más dispersa que en la primera película.
Tendremos que esperar a la siguiente para cambiar nuestra opinión sobre esta nueva franquicia hollywoodiense que a no ser que introduzca nuevas tramas y personajes (el de la bruja Tía Dalma promete) puede acabar en mera fábrica de churros.
Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.