Ays, creo que ya lo he comentado más de una vez por aquí pero ¡esto de estar embarazada es un rollo sentimental...!
Os cuento, a mi todas las mañanas cuando salgo de casa hacia el garage (no está en la misma finca) me dan amablemente el ADN
y aprovecho para echarle un vistazo de camino al coche. Peeeeerooo, desde que estoy

embarazada, más de una vez me ha pasado que al leer algún artículo o columna, las hormonas me traicionan y acabo con la lagrimilla pugnando por salir de mi ojo. Ayer lo consiguió la jodida. Aún me acuerdo la cara de preocupación del pobre señor que se cruzó conmigo al verme toda compungida intentando retener las lágrimas... y encima es que no os creáis que fue por ninguna desgracia acaecida, no. Fue por la cosa más tonta. La columnista Monserrat Domínguez contaba así que después de 25 años de fumadora había encontrado por fín SU razón para dejarlo:
“ayer mi hija, que acaba de aprender a juntar letras, leyó en el paquete “Fumar puede ser causa de una muerte lenta y dolorosa”. Y la angustia que reflejó su carita, con apenas seis años, es la razón que finalmente he hecho mía.”
¿Os parece motivo para derramar lágrimas tontamente?
¡Hace falta estar embarazadísima! Pues oye, sólo de pensar en lo que sentiría la pobre niña al pensar en una muerte lenta y dolorosa de su madre... uff, ¡la llorera que me entró! Las que me seguís hace tiempo recordaréis algún episodio parecido relacionado con una carrera popular en zaragoza, ¿os acordáis? Y que siempre me den estas cosas en la calle, oye, a la vista de todo el mundo...
Esto en cuanto a la tristeza. Pero no os creáis que el resto de sentimientos andan mucho más allá. A última hora de la mañana tenía tocólogo (todo bien, por cierto, ya vamos por la fase de meterte palitos para tomar muestras en plan CSI, argh) Llego y
pequeña muñequita recién nacida en los brazos, con los ojos muy abiertos, descubriendo el mundo, vaya... Pues hala, a mirarla con cara (y sonrisa) de boba y a babear bien a gusto. Sé que esto no es exclusivo de las embarazadas, que a muchas mujeres y algunos hombres se les van los ojos detrás de un bebé chiquitín, pero tampoco es mi caso, hombre, suelo mirarlos, no digo que no, un bebé es un bebé y siempre llama la atención, al menos a mí. ¡Pero no con esa cosilla por dentro que parecía que me iba a derretir!
Y para acabar de rematar el día, sustillo con mi abuela. Llego a comer al mediodia (como con mis padres porque es donde está Sofia y mi marido come en el trabajo) y me la encuentro pachuchilla, pero bueno, otras veces ya le ha pasado, no parecía nada fuera de lo normal. Y al fin y al cabo la mujer tiene una salud de hierro y está fenomenal para su edad, pero claro, su edad es mucha edad, que de 94 años, y tan bien llevados, no puede presumir todo el mundo... Pues sí, sí, paso otra vez por la tarde por casa de mis padres a buscar el jarabe de Sofia que me lo había olvidado y me encuentro con una ambulancia en la puerta. Me pegó todo un bote por dentro... hasta el pobre Guillermo, yo creo. No tenía por qué ser para ella, claro, pero estando malucha... pues sí, lo era. Más susto para el cuerpo. Y sí, yo creo que también los sustos son más sustos estando gordi... menos mal, que en un plazo relativamente breve para tratarse de urgencias, ya tuvimos noticias tranquilizadoras y nada, se ha quedado en un susto... pero encima ya sabéis, en esas edades... pues cualquier cosa preocupa más.