|
|
9 meses por delante
A las embarazadas se nos atribuyen múltiples síntomas, síndromes y, en definitiva todo lo que se les va ocurriendo a las cabecitas pensantes de turno.
A mí el que más gracia me hace es el famoso “síndrome del nido” Se supone que a las muejres, en la última etapa del embarazo nos da por recoger y limpiar la casa como locas, cual pajarillos afanosos preparando su nidito para los nuevos polluelos. Y es cierto, he conocido casos de tremendas barrigas a una mujer pegadas trepando por banquetas o escaleras con la imperiosa necesidad de ordenar el altillo del armario... ¿¿¿??? Por supuesto hay cosas que tienen cierta lógica. Tener la casa lo más limpia y ordenada posible para la llegada del bebé, incluso adelantar cierto trabajo en previsión de unos primeros días algo caóticos. Entiendo a quien aprovecha para cocinar en mayores cantidades y congelar para unos cuantos días. Entiendo a quien se entretiene lavando, planchando y ordenando la ropita para el chiquitín, no deja de hacer una ilusión loca ver esas prenditas tan diminutas y anticiparse a la llegada del muñequito que las rellenará.
Y el caso es que no me importaría a mí que me diera el dichoso síndrome, aunque sólo fuera un poquito... porque las cosas como son. A mí las tareas del hogar no me han entusiasmado nunca. Las hago porque no me queda más remedio, pero si de normal me gustan poco, durante el embarazo pasan a ser tareas más que odiadas. Y sí, en ocasiones estoy limpiando o recogiendo algo y veo otras cosas que habría que hacer. Y me digo a mí misma “uy, esto necesita un buen repaso a fondo” o “ a ver si me meto a ordenar este armario” pero en eso me quedo... debe ser que no termina de entrarme a fondo a mí el síndrome este famoso...
Por lo que sí me suele dar en estas mañanas de limpieza es por pensar (una vez más) que deberíamos tener a alguien aunque nada más fuera unas horitas a la semana para que nos quitara lo más gordo, lo que más pereza da siempre hacer, lo que se va quedando semana tras semana hasta que te armas de valor y te pones con ellos. Léase, ventanas, baldosas de cocina o baños, puertas, ese armario metálico de la terraza que llevo siglos diciendo que voy a limpiar a fondo fondísimo... pero al tacañete de mi marido no hay quien lo convenza de gastarse el dinero en eso... y no me quejo, que las tareas de la casa las llevamos bien repartidas y él hace su parte sin protestar (o no más que yo, al menos) pero... pero sí, ¡qué demonios! Claro que me quejo, que no me hace ninguna gracia tener que dedicar mi tiempo libre a limpiar y ordenar, con lo bien que estaría yo disfrutando por ahí con mi familia...
¿Alguna sufrió durante su embarazo el síndrome del nido? Seguro que tenéis anécdotas curiosas que contarnos al respecto...
Notificación de comentarios
Si quieres recibir un email cuando se actualice este artículo, por favor, regístrate aquí
Suscribir a los comentarios de este artículo
|
|
|