Para los que no vierais el capítulo de ayer de House,
os pongo en antecedentes. Tienen a una niña de 6 años ingresada y, por diferencias irreconciliables entre sus padres, divorciados, una juez acaba por dictaminar que, mientras la niña esté en el hospital será la doctora Cuddy la que tome las decisiones médicas que considere más adecuadas para su salud. Para House, está tomando decisiones demasiado conservadoras, no está asumiendo riesgos y según él, es eso lo que ha provocado el empeoramiento de la niña, ya que no le ha dejado aplicarle el tratamiento que él quería. En un momento crítico en la salud de la pequeña, House, que sabe que la doctora lleva un tiempo intentando quedarse embarazada, le echa una buena reprimenda a su jefa metiendo totalmente el dedo en la llaga. Le dice algo así como “me alegro de que tus tratamientos no estén dando resultado, serías una madre pésima”
Poco después el doctor Wilson encuentra a la doctora Cuddy deshecha y ésta se desahoga con él contándole lo de sus tratamientos y todas sus dudas sobre si será realmente una buena madre o no, que habían sido acuciadas por su comportamiento, poco cariñoso, con la pequeña, y sobre todo por los comentarios hirientes de House.
Esa escena me hizo pensar algo: una buena madre, ¿nace o se hace? ¿Vosotr@s que pensáis? La misma pregunta valdría para los padres, pero si me lo permitís hoy nos vamos a centrar en las mamis. Os daré mi opinión:
Yo creo que todas las mujeres tenemos un instinto maternal excelente. Es cierto que hay mujeres que no quieren ser madres, pero el instinto lo tienen igual. Trataré de explicarlo mejor con un ejemplo. Todos los bebés cuando nacen tienen el instinto de andar muy vivo. Es cierto, es una de las cosas que comprueban los pediatras en las primeras revisiones. Nunca me olvidaré de la imagen de Sofía, tan chiquitina, toda desnudita y con la cabeza caída porque aún no tenía fuerza para sujetarla y dando pasitos por la camilla del pediatra (sujeta por él, naturalmente) Es un instinto que en unas semanas se adormece, ¡pero no desaparece! Es el mismo instinto que meses más tarde, cuando la musculatura del bebé esté preparada, le permitirá comenzar a
caminar. Con el resto de nuestros instintos pasa lo mismo. Como animales que somos, algunos más racionales que otros, disponemos de un amplio surtido de ellos. La mayoría permanecen adormecidos durante demasiado tiempo porque con nuestro estilo de vida actual no nos parecen necesarios. Pero cuando hacen falta, allí están. Una mujer que no tiene ningún interés en tener hijos tiene su instinto maternal totalmente adormecido. Puede que nunca se le despierte, puede que lo haga a determinada edad. Pero de lo que estoy segura es de que si un día esa mujer tiene un hijo, aunque sea por error, ese instinto estará ahí para mostrarle cómo comportarse con su cría. Otra cosa es hasta qué punto les hacemos caso luego. Estamos tan acostumbrados a tenerlos dormidos que no siempre sabemos escucharlos. Así que supongo que todas somos buenas madres en potencia, pero también tenemos que ir haciéndonos poco a poco. Ya sabéis, la respuesta a las preguntas no suele ser ni sí ni no, ni blanco ni negro, sino todo lo contrario...
Esto me recuerda algunas situaciones curiosas que hemos vivido mi marido y yo. Nos habremos equivocado con nuestra hija mil veces, y las que nos quedan, eso está claro, pero yo soy mucho más instintiva que él y algunas de nuestras discusiones han venido precisamente por eso, por decisiones que yo tomo por instinto, e impongo como madre de la criatura, frente a sus teorías de supernanny.
Por ejemplo, Sofía tuvo una racha en la que se me quedaba frita en el sofá tomando su biberón. A mí me encantaba ese ratito de relax con ella pero mi marido se ponía negro con que la estaba malcriando, que luego no habría forma de que se durmiera sola... jamás me convenció. Sé que muchas teorías desaprueban lo que yo estaba haciendo, pero algo me decía que no había problema, que simplemente estaba cansada y se dormía a medio bibe, pero que no pasaba nada. Y efectivamente. Otras veces me habré equivocado, por supuesto, pero en este caso yo tenía razón. De repente esa racha terminó y Sofía, porque llegaba menos cansada al final del día o por lo que fuera, dejó de dormirse con el biberón. Cuando se lo acababa jugábamos un poquito y enseguida ella misma se dirigía hacia su cuna para que la acostáramos. Después la pasamos a la cama grande y la primera noche la pobre no las tenía todas consigo así que decidí acostarme a su lado hasta que se durmiera. De nuevo bronca de mi marido, que la vas a malacostumbrar y blablabla (estos hombres no aprenden) Sólo tuve que hacerlo la primera noche. Después de unos días de adaptación, en la que había que luchar un poco para llevarla a la cama y quedarse un poquito con ella (pero ya no hacía falta esperar a que se durmiera), enseguida se acostumbró a su nueva cama. Ahora ya tenemos establecida una rutina. Cuesta un poco convencerla para irse a dormir, claro, ella lo que quiere es juerga, pero también está cansada así que protesta un poco pero más o menos se deja llevar a la cama. Allí miramos juntos algún cuento y luego le apagamos la luz. Sí que le gusta que me quede un poquito con ella, pero nada, medio minuto si llega. Enseguida me aparta y se pone “cómoda” para dormir (lo pongo entre comillas porque coge unas posturas rarísimas, pero bueno, ella sabrá...)
Soy consciente de que con esta niña hemos tenido mucha suerte desde el principio con el tema del sueño, así que no pretendo echarme flores por haber conseguido que duerma bien. Sé que es cosa de ella y probablemente con otro bebé el dejarle dormirse en mis brazos con el bibe nos habría traído más problemas, no lo sé. A lo que iba con el ejemplo es a que a veces, tu instinto te está indicando un comportamiento contrario a todas las teorías de supernannies, doctores Estivilles y demás. Y cuando el instinto habla fuerte y claro yo creo que hay que hacerle caso porque es mucho más viejo que todos esos doctores, y más sabe el diablo por viejo que por diablo. Lo mismo con esas teorías, ya trasnochadas por suerte, de no coger al bebé cuando llora... una madre sabe enseguida por qué llora su bebé, cuando tiene hambre, sueño, o simplemente quiere unos cariñitos. Un bebé necesita mucho contacto con su madre y no se va a malcriar porque se le coja en brazos. Al revés, cogiéndolo mucho estaremos potenciando su mejor desarrollo psíquico. El contacto piel con piel es fundamental.
Cierto que los críos enseguida adquieren ciertas picardías para conseguir lo que desean, normal, no saben hablar, de alguna forma se tienen que apañar, pero no tiene nada de malo darle cariñitos a un bebé que los está pidiendo. Algunos necesitan más que otros. Mi hija siempre ha sido, como dice mi madre, muy “desaboría” en ese sentido. Muchas veces la cogíamos y protestaba porque lo que quería era estar tranquilita en su cuco. Otras veces ella misma pedía brazos... no es tan difícil ir descubriendo lo que nuestro bebé necesita, pero hay que escuchar más al instinto y menos a las teorías psicológicas. Y que conste que a mí me encanta la psicología y la encuentro muy útil como base para muchas cosas, pero no llevada a rajatabla. Cualquier cosa hay que aplicarla siempre con sentido común y adaptada a las circunstancias de cada uno y de cada momento, ¿no os parece?