Un día 9 de agosto
A veces me sorprendo a mi misma reprobando actitudes. Como en estos momentos contemplando, desde mi ventana, a un centenar de jóvenes adolescentes guarreando los momentos previos al cohete anunciador de las fiestas patronales de mi ciudad.
La ropa que fue blanca inmaculada hasta hace tan solo unos minutos, se ha teñido de rojo vino de garrafa y cuelga hecha jirones en sus juveniles cuerpos. El olor a alcohol envuelve y deshace el de los ramilletes de albahaca prendidos en las verdes pañoletas....
Me recuerdo yo y mi mirada a la de mi abuela, y me recuerdo yo y mis palabras a las de mi padre desaprobando. Nunca vivieron y sintieron las fiestas. No eran de aquí. Nunca me transmitieron ese sentir de muchas familias amigas que temblaban y se emocionaban con el dance... Me recuerdo a ellos mirando a nuestros hijos como nos miraban a nosotros.... Murmurando.
Me acuerdo de mí aunque apenas me recuerdo...
Tal vez porque la sensación de cutrez festiva que me invade y contemplo desde la ventana empaña mi memoria...
Tal vez porque hace ya tiempo que he dejado de sentir el alma perdida de mi ciudad.......
El Viento.