Una mañana de mayo.
He deambulado por la rambla
He subido flanqueada por los puestos de las flores
perfectamente ordenadas
que contrastan con mis ovillados pensamientos
Su aroma se confunde con la brisa del mar de esta ciudad
que pienso tanto
Me he detenido delante de la terraza saturada de miradas ávidas
de ánonimos cuerpos
Sentada, en la misma mesa de aquel día, he sacado mi libreta...
Pero todo bulle en mi cabeza y me siento incapaz
de hilvanar unas letras
He sentido, siento, el dolor de ese adiós
lluvioso y pasajero
Pero entonces sus lágrimas brotaron de un recelo
de un vaticinado olvido
En la realidad de hoy
nacen en silencio, ocultas tras mis gafas,
llorando un desencuentro cierto
Y el aire gris que se respira
a tan sólo unos metros del Mediterráneo
me separa de ti como una densa niebla
y me impide leer tus palabras a destiempo
Hay en mí una ceguera protectora
Un cristal empañado de forzados silencios
temerosos de gritar
Porque nos hemos perdido
Me he perdido en el ayer.....
En un instante.
