
Había una, dos , o tres veces, hace poco, mucho o muchísimo tiempo una enorme montaña que tenía tres pueblos.
En la falda, la parte mas baja de la montaña, estaba situado el pueblo mas grande, que tenía muchos habitantes. Subiendo la montaña, se encontraba el pueblo mediano con menos habitantes, claro. Ya por fin un poco mas arriba se encontraba el pueblo pequeño con pocos habitantes. Y en la cima de la montaña alguien, alguna vez, había construido un enorme castillo, que ahora lo habitaba el gigantesco Monstruo de las Siete Cabezas que tenía cinco.
El terrible y enorme Monstruo de las Siete Cabezas que tenía cinco tenía la fea costumbre , de vez en cuando, de salir de castillo y comerse un habitante del pueblo pequeño, varios del pueblo mediano y algunos mas del pueblo grande. Lo hacía una vez cada siete meses y cada siente años tenía uno de descanso , aprovechaba y se iba de vacaciones , eran entonces cuando los habitantes podían respirar tranquilos.
Cada año que pasaba a los pueblos de la montaña les quedaban menos habitantes. El pueblo grande se hacía mas pequeño, el pueblo mediano se hacía también, por supuesto, mas pequeño, y al pequeño apenas si le quedaban . Si la cosa continuaba así, dentro de poco no quedaría nadie .
Pero un día... de repente, sorprendiendo a todos, la Jirafa Serafina que vivía en el pueblo mayor de los tres muy enfadada por lo que el monstruo estaba haciendo... Se colocó la peineta, se pintó los labios, se cambió el lunar de sitio, de una mejilla a la otra , se remangó su falda de sevillana , roja y de lunares blancos , montó un tremendo zapateado y dijo:
- ¡ Se acabó, se acabó y se acabó!. Ahora mismo me pongo en camino y ese Monstruo de las Siete Cabezas que tiene cinco me va a oír. ¡Esto se acabó, se acabó y se acabó!.
La gente no se lo podía creer , la jirafa Serafina parecía dispuesta a todo. ¿ Sería capaz de ver al Monstruo de las Siete Cabezas que tenía cinco?. Pero ...¿Qué le diría ?. ¿Qué le haría?. Intentaron convencerla para que no subiera hacia el castillo, pero no pudieron. La jirafa Serafina repetía una y otra vez.
_ ¡Se acabó, se acabó y se acabó!. ¡No intentéis ni detenerme ni seguirme, os lo advierto!. Tengo que ver a ese Monstruo de las Siete Cabezas que tiene cinco y decirle que esto... ¡Se acabó, se acabó y se acabó!.
Parecía tan decidida y estaba tan enfadada que todos los habitantes del pueblo mayor la dejaron ir hacia el siguiente pueblo, montaña arriba donde se encontraba el pueblo mediano. En el último momento cuando ya apenas lograban verla en el horizonte, a alguien se le ocurrió que como estaba tan enfadada sería muy fácil seguirla, iba tan furiosa y caminaba tan deprisa que no se molestaba en mirar hacia atrás. Así pues todos la siguieron.
La jirafa serafina llegó al pueblo mediano y en un periquete se montó un tremendo revuelo. Rápidamente todos se dirigieron a la plaza del pueblo pues algo importante tenía que decirles la jirafa Serafina. Pero antes de hablar Serafina... Se colocó la peineta, se pintó los labios, se cambió el lunar de sitio, de una mejilla a la otra , se remangó su falda de sevillana , roja y de lunares blancos , montó un tremendo zapateado y dijo:
_ ¡Se acabó, se acabó y se acabó!. ¡No intentéis ni detenerme ni seguirme, os lo advierto!. Tengo que ver a ese Monstruo de las Siete Cabezas que tiene cinco y decirle que esto... ¡Se acabó, se acabó y se acabó!.
Nadie pudo decir nada, antes de que alguien se le ocurriera preguntar algo Serafina comenzó a marcharse en dirección a lo mas alto, hacia arriba de la montaña para llegar al pueblo mas pequeño. Repitiendo sus ultimas palabras como si sólo pudiera decir eso.
- ¡ Se acabó, se acabó y se acabó!. Ahora mismo me pongo en camino y ese Monstruo de las Siete Cabezas que tiene cinco me va a oír. ¡Esto se acabó, se acabó y se acabó!.
Al momento de la desaparición de Serafina fueron llegando a la plaza los habitantes del pueblo grande, se les notó mucho que la venían siguiendo. Todos venían con los cuellos de sus jerséis , gabardinas o abrigos subidos, algunos tenían sombreros, otros bufandas, y gafas de sol la mayoría. El que encabezaba el grupo tenían una enorme lupa en una de sus manos y en la otra una enorme pipa de caramelo de fresa. Parecían una manada de espías novatos que estaban aprendiendo el oficio. Los habitantes del pueblo mediado siguieron junto con los del pueblo grande, sin decir ni mu, tras las huellas de la jirafa . En esta historia a cada momento hay mas espías.
Con lo rápido que marchaba Serafina poco tardó en llegar al pueblo pequeño. Volvió a ocurrir lo mismo que en los anteriores, sólo que esta vez todo fue mas rápido. Coincidió que los pocos habitantes del pueblo pequeño estaban todos en la plaza hablando, por cierto, de lo que casi siempre hablaban . Efectivamente, del enorme y terrible monstruo de las Siete Cabezas que tenía cinco. En ese preciso momento que Serafina escuchó lo que estaban diciendo les interrumpió bruscamente y les dijo:
_ ¡Se acabó, se acabó y se acabó!. ¡No intentéis ni detenerme ni seguirme, os lo advierto!. Tengo que ver a ese Monstruo de las Siete Cabezas que tiene cinco y decirle que esto... ¡Se acabó, se acabó y se acabó!.
A los pocos habitantes de aquel pueblo tan pequeño les cogió por sorpresa el terrible enfado de Serafina y tampoco pudieron decirle nada. No les dio tiempo ni de preguntar ni de despedirse de ella. Lo último que escucharon de su boca fue:
- ¡ Se acabó, se acabó y se acabó!. Ahora mismo me pongo en camino y ese Monstruo de las Siete Cabezas que tiene cinco me va a oír. ¡Esto se acabó, se acabó y se acabó!.
Dichas estas palabras la jirafa una vez mas se colocó la peineta, se pintó los labios, se cambió el lunar de sitio, de una mejilla a la otra , se remangó su falda de sevillana , roja y de lunares blancos , montó un tremendo zapateado y se marchó a todo correr.
Pocos minutos mas tarde en aquel pequeño pueblo apenas se cabía en su plaza. Todos los habitantes de los tres pueblos no tuvieron tiempo de ponerse de acuerdo. Ahora lo importante era seguir a Serafina para ver qué ocurría. Siguieron al señor de la lupa y la pipa silenciosamente todos con mucho miedo pero también muy intrigados. ¿Qué podría pasar aquel día en los mas alto de la montaña?.
Aquella jirafa corre que te corre continuó subiendo, parecía no cansarse nunca. Pero un momento... Alto todos. Serafina, de repente se había parado justo en el cruce de caminos que había delante de ella. Tenía dos posibilidades. Podía ir hacia un lado y llegaría al castillo del terrible y enorme Monstruo de las Siete Cabeza que tenía cinco, o podría ir hacia el otro y llegaría a la casa de la bruja sorda.
Es cierto en lo mas alto de la montaña además del perverso monstruo, también desde hacía mucho tiempo vivía una bruja, que todos decían que era sorda, pero nunca molestaba a nadie. Al parecer ya estaba retirada del oficio y aunque si podía utilizar su magia no lo hacía.
Serafina hizo gesto como diciendo , ¡ya lo tengo!, y en lugar de ir hacia el castillo se dirigió a ver a la bruja. Todos pensaron que en el último momento había sentido miedo pero ¿qué iría hacer en casa de la bruja?. Por supuesto que la siguieron, con la de árboles que había por el camino era muy fácil esconderse.
Al llegar a la casa de la bruja tuvo que golpear fuerte para que abriera la puerta, estaba claro que era sorda como una piedra. La bruja al ver a la jirafa no puso cara de “bien venida” pero tampoco de “vete cuanto antes”. Serafina que al ver que era demasiado sorda comenzó a utilizar el lenguaje de las manos, al mismo tiempo que hablaba en voz baja y despacio para que la entendiera correctamente.
La bruja se puso muy contenta, por fin había encontrado alguien que supiera hablar como ella. Al momento la invitó a pasar dentro.
Qué lástima, ahora todos los espías se quedaron con la boca abierta. No podrían saber qué estaba pasando en aquella casa. Acercarse demasiado era muy peligroso pues alrededor de la casa no había árboles para esconderse.
No tardó mucho la jirafa Serafina en terminar la conversación, al poco tiempo en la puerta se despidieron como viejas amigas y antes de marcharse, eso si , ella una vez mas se colocó la peineta, se pintó los labios, se remangó su falda de sevillana , roja y de lunares blancos , montó un tremendo zapateado y se marchó a todo correr. Pero un momento... qué había pasado con su hermoso lunar. Ese que cada dos por tres se cambiaba de sitio, de una mejilla a la otra.¡ Ah ! ¡por supuesto! se me olvidaba, el lunar se lo debió regalar a la bruja, pues al despedirse las dos, cierto es que la bruja tenía algo en la cara, algo distinto.
Creo que lo que allí pasó fue sencillo la bruja le debió de decir algo a Serafina y esta en agradecimiento le dio su famoso lunar, el que se cambiaba de mejilla. Debió de ser un secreto importante el que le dio la bruja pues todo el mundo sabe que una jirafa lo puede dar todo, pero de lo único que no se desprende es de su lunar favorito. A Serafina no le quedó otro remedio fue la condición que la bruja puso. El secreto para combatir al gigante a cambio de su lunar preferido.
Y ahora ¿hacia dónde iría Serafina?, sólo era cuestión de seguir sus pasos tan silenciosamente como hasta ahora. Y eso fue lo que hicieron todos los habitantes de los tres pueblos.
Volvió al cruce de caminos. En lugar de coger camino hacia abajo, como la mayoría creían que haría, se colocó delante del camino que iba, directamente hacia el castillo y diciendo sus palabras favoritas comenzó a caminar rápida y ligera como el viento.
- ¡ Se acabó, se acabó y se acabó!. Ahora mismo me pongo en camino y ese Monstruo de las Siete Cabezas que tiene cinco me va a oír. ¡Esto se acabó, se acabó y se acabó!.
Casi en un abrir y cerrar de ojos había llegado a las puertas del castillo del terrible y enorme Monstruo de las Siete Cabeza que tenía cinco. Sin apenas descanar se plantó frente a las gigantescas puertas y... se colocó la peineta, se pintó los labios, se remangó su falda de sevillana , roja y de lunares blancos , montó un tremendo zapateado y dijo:
- Escúchame bien malvado Monstruo de las Siete Cabezas que tienes cinco. ¡ Esto se acabó, se acabó y se acabó!. Sal ahora mismo si eres valiente que te voy a decir una cosa.
Todos los espías novatos estaban temblando, no se lo podían creer . Estaba retando al gigante.
Pero nadie salió del castillo. Serafina parecía cada vez mas enfadada y segura de lo que estaba haciendo. Se acercó a la puerta y esta vez, se puso a golpearla cada vez mas fuerte invitando a que el Monstruo saliera para hablar con ella.
De repente un pequeño ruido sonó en la gran puerta. Era el de una puerta pequeñita que se estaba abriendo. La puerta grande del castillo tenía una puerta pequeña que también se podía abrir, no entendían nada los espías. ¿Quién era ese enanito que salió asustado por la puertecilla?.
- Vete, vete jirafa. Si mi amo se despierta de comerá en un instante. Y lo peor de todo es que le entrará hambre y bajará a los pueblos. Y ya sabes que hasta el mes que viene no le toca. Anda jirafa vete, por favor.
Pero Serafina no había subido hasta allí para hablar con aquel simpático y asustadizo enanito. Quería hablar con el gigante estaba claro. Tantos golpes dio en las puertas del castillo que acabó despertando al Monstruo. En el fondo del castillo se escuchó como cada una de las cabezas del monstruo comenzaban a desperezarse con unos atronadores ruidos.
Por el temblor del suelo todos comprendieron que además de despertarse el monstruo había oído que le estaban llamando y venía a ver quién había osado despertarle de su querida siesta. Se escuchó un gran ruido como el de unas enormes pisadas que parecían acercarse hacia las puertas del castillo.
El enanito se metió por su pequeña entrada, castillo adentro, y en esos momentos fue cuando las puertas enormes empezaron a abrirse . El terrible Monstruo de las Siete Cabezas que tenía cinco saldría y ... qué ocurriría entonces.
Nada mas salir y antes que el gigante pudiera decir algo, pues al tener tantas cabezas no era muy rápido para decir las cosas. La jirafa Serafina le dijo:
- ¡Eh tu, grandullón! ¡mírame!. ¡Estoy aquí! abajo y que todas tus orejotas me oigan bien claro!.
El monstruo se sorprendió tanto, que miró con atención y comenzó a reír con gran estruendo. Una jirafa tan pequeña, había tenido la osadía de subir hasta el castillo y despertarle de su siesta para, además, amenazarle de aquellas maneras. Decidió que la dejaría hablar y luego se la tomaría como un pequeñísimo aperitivo.
Serafina, como todos os imagináis se colocó la peineta, se pintó los labios, se remangó su falda de sevillana , roja y de lunares blancos , montó un tremendo zapateado y dijo:
- Escúchame bien malvado Monstruo de las Siete Cabezas que tienes cinco. ¡ Esto se acabó, se acabó y se acabó!. No volverás a comerte a nadie mas. ¿ Me has oído bien?. ¡ Se acabó!.
Cada una de las cabezas volvió a reír tanto que hasta las piedras del castillo se movían. Cada cabeza tenía una voz y una risa diferente a cada cual mas monstruosa.
- ¡ Ja, ja, ja! ¿ Has visto la enana atrevida?. Quiere asustarnos. ¡ Qué miedo!. ¡ Ja, Ja, Ja!.
- ¡Jo, jo, jo! No puedo creérmelo, estoy a punto de echarme a temblar.
- ¡Ju, ju, ju! Yo lo que haré será comérmela cuando termine su discurso atrevido. ¡ Ju, ju, ju!.
- ¡Je, je, je! Es verdad, quien se comerá a esta graciosilla. Pero cómo se habrá atrevido a despertarme.
- ... Y bien... ¿Qué harás si continuo comiéndome a tus queridos amigos y amigas?.¿ Qué te parece si empiezo contigo y después continuo con los demás?. Que por cierto se me está abriendo el apetito. ¡ Ji, ji, ji!. Habla , ¡anda habla!, parece que te has quedado sin voz.
Y por supuesto que habló, ya sabéis, Serafina, como todos os imagináis se colocó la peineta, se pintó los labios, se remangó su falda de sevillana , roja y de lunares blancos , montó un tremendo zapateado y dijo:
- Sabes lo que haré si te atreves a comerte a alguien. Escúchame bien, porque si intentas comerte a uno mas te voy a ...
- ¡¡¡¡ Me vas a ... ¿ qué? !!!!.
Dijeron todas las cabezas del Monstruo de las Siete Cabezas que tenía cinco, a la vez y tan fuerte, que un torreón saltó por los aires con tanto ruido.
- ¡¡Está bien!!. ¡¡ Tu lo has querido!!. Si intentas comerte a alguien, sólo intentarlo y te convertiré, para siempre, me oyes bien, te convertiré para siempre en ¡¡ Unnn... fapo !!. Si, si, me has oído bien, no pongas esas caras de sorpresa. Te lo repetiré otra vez y estate mas atento porque será la última. ¡Si intentas comerte a alguien, pero sólo intentarlo, yo!, ¡¡¡la jirafa Serafina te convertiré en un fapo!!!.
Todos los espías estaban helados, sin moverse, sin querer huir a pesar del miedo que tenían, casi sin respirar, algunos para ver mejor, hasta se había quitado las gafas. Las cabezas del gigante monstruoso ya habían escuchado a Serafina y ahora empezaban a hablar , después de los instantes de sorpresa. Todos se imaginaron que poco tardaría alguna en comerse a Serafina. Era difícil resolver aquel problema pero... Cada cabeza comenzó a hablar desconcertadamente, casi sin saber lo que decía.
- ¿ Fapo, a dicho fapo?.¿ Qué es un fapo?... No entiendo, me estaré quedando sorda...
- ¡Un fapo! Jamás oí esa palabra, porqué no la conozco, ¿ un fapo?, ¿ será grande, pequeño, podrá convertirme en un fapo?.
- Un fapo, yo lo he oído perfectamente, ha dicho un fapo.
- Un fapo. Un fapo. Un fapo. No entiendo, me estoy volviendo loco. No comprendo. Será capaz de convertirme en algo que no existe. Qué hará. Cómo lo hará ... Un fapo, un fapo...
Eso es, de repente, todas las cabezas tanto se intrigaron que sólo repetían una y otra vez, sin poder dejar de pronunciar aquella rara palabra . Un fapo, un fapo, ¡¡un fapo!!. No paraban de decir lo mismo, con sus distintas voces, cada vez mas intrigadas, en cada momento mas perturbadas, a cada instante en voz mas alta. UN FAPO, UN FAPO, ¡¡ UN FAPO !!. No dejaban de hablar, y mientras Serafina, delante del monstruo miraba atentamente y no se movía nada. Las cabezas se miraban unas a las otras, se retorcían, se encogía de hombros el monstruo. Tanto hablaron y hablaron diciendo lo mismo que poco a poco el gigante comenzó a tener dolor de cabeza, pero como no dejaba de pensar y repetir la dichosa palabra. UN FAPO, UN FAPO, ¿ UN FAPO ?. El pequeño dolor de cabeza acabó siendo terrible, tanto que todas las cabezas comenzaron a marearse casi al tiempo.
En un momento, efectivamente, el Monstruo terrible y enorme de las Siete Cabezas que tenía cinco se desmayó y cayó al suelo como un muñeco de tela. Serafina se limitó a encogerse de hombre y decirle que ya se lo había advertido, que estaba avisado y que de ahora en adelante se tendría que portar bien. Pero tuvo que esperar a que el gigante se despertara. Y se despertó, claro que se despertó. Pero no estaba enfadado, ni tenía ganas de comerse a Serafina ni si quiera lo intentó, por si acaso.
Fue un día inolvidable para los habitantes de aquellos pueblos que vivían en la montaña. Pudieron hacerse amigos del gigante, con el tiempo supieron que era divertido, incluso les ayudaba en todo cuanto le pidieran. Se hicieron tan amigos del gigante de las Siete Cabezas que tenía cinco, que desde aquel día en adelante su castillo era el lugar para hacer las fiestas que tenían, por cierto que eran cada siete días una fiesta pequeña, cada siete semanas una fiesta mediana y cada siete meses una gran fiesta. Cada siete años, uno, no tenían las fiestas en el castillo, porque era cuando todos se iban de vacaciones con el gigante.
Y colorin colorado este cuento se ha terminado. Y colorin colorete este cuento sube hasta la luna en un cohete. Y colorin colorucho que este cuento todos lo recuerden mucho. Y colorin coloriso me voy corriendo a dormir a mi piso.