Quisiera contarles una historia, que como se suele decir en estos casos, me ocurrió en cierta ocasión, totalmente verídica, se lo aseguro. Tengo un piso, hipotecado cómo y en las condiciones que todos mas o menos sabemos pues eso de la letra pequeña no está nunca del todo claro. En él que, poco a poco, voy haciendo las pequeñas chapuzas que el tiempo, el escaso dinero y mis habilidades me lo permiten, que no son demasiadas para serles sincero. Incluso me atreví a quitar el bidé del cuarto de baño, para ganarle espacio, evidentemente, y cuando creía que había resuelto un problema me di cuenta que tendría otro casi mayor, de estética desde luego. Dónde encontraría yo las dos plaquetas que tenía que reponer para tapar el hueco. Con lo fatal que funciona la Seguridad Social, lo tarde que devuelven el dinero los de Hacienda, la de colas que se montan para que te firmen el último libro, tal o cual escritor/a, la de veces que se nos promete una cosa y mas tarde se nos convence de la contraria. Cómo se me iba ocurrir, a mi, llamar por teléfono, a la constructora de mi piso, después de tres años sin hablarme con ellos, lógico por otra parte, después de lo que me cobraron, y pensar que me resolverían el problema. Pues bien, aun sospechando, mejor aún, teniendo la certeza de que jamás conseguiría esa maldita plaqueta verde del mismo tono, para que nadie que entrara en el W.C. “reformado” me dijera con cierto retintín, ¡ qué amigo te das cuentas cómo las chapuzas, a la larga, se pagan caras!. Pues bien, llamé por teléfono, con la sola idea de quedarme satisfecho, tras la anunciada negativa con tal o cual excusa, o peor aun, dando un si por primera respuesta, para luego dejar pasar el tiempo que es lo que a mi me molesta mas siempre . Por eso cuando la otra mañana, el jefe de obra, en persona, tocó el timbre, le abrí la puerta y me dijo que llevaba varios días tratando de localizarme por teléfono a distintas horas, y yo montando asambleas informativas con las historias de siempre, no podía creérmelo. Les aseguro, me dio dos plaquetas, de otro color por supuesto , y como me vio tan asombrado, pálido a punto de lipotimia de las de verano, me dijo que no me preocupara que le siguiera que, en el sótano, tenía, también las verde, de las misma hornada. Increíble, desde hoy creo , sinceramente, que todos tenemos una pequeña posibilidad de salvarnos de la congelación salarial, de la maldita tasa de paro, de la convergencia europea, de las privatizaciones para sanear, supuestamente, la economía, de la corrupción, siempre supuesta, incluso desde hoy, con mi plaqueta verde, bien sujeta, entre las manos, os aseguro, merece la pena intentarlo todo. El mundo se me antoja incluso diferente. En fin.