No me importa reconocerlo, cada vez que te escribo no puedo evitar recordar cuando cogía entre mis manos un puñado de papeles y el primer bolígrafo o lapicero que tenía cerca. Nunca se sabe con precisión cuál va a ser el resultado. Lo que importa es escribir. Una idea te arrastra desde la cama o desde cualquier otro lugar y te sienta frente a un papel en blanco. El mecanismo se ha disparado y es demasiado tarde para parar. Si puedo elegir mi muerte una de las posibilidades podría ser morir escribiendo. Es evidente que hay otra mucha mejor. Pero la muerte no se elige. Y no es de muerte, precisamente,  de lo que quiero hablarte hoy. Es de vida.
Llevo tiempo pensando en hablar contigo . Otra posibilidad  que tenía era escribirte, porque el silencio no es ninguna posibilidad para mí. El silencio es una opción de vida que no entra a formar parte de la mía. Si callo no vivo.
Si te dijera mil veces que te quiero sería un exceso, porque con una sola me basta. Una sola vez para siempre. Podrás cansarte de mi, podrías incluso marcharte, pero no podrías evitar que te siga queriendo. Aunque lo negáramos todo, sería imposible borrar el recuerdo, nuestros recuerdos. La memoria me golpea cada vez que intento olvidar cualquier pequeño detalle. La memoria me levanta cada día y me empuja calle abajo y calle arriba de esquina en esquina. La memoria me lleva por ese camino que un día elegí y que no se muy bien dónde me lleva. No puedo evitar gritar por dentro con rabia, cada vez que veo un niño sin zapatos, cada vez que escucho una mentira institucional, cada vez que un señor importante trata de asustar al que tiene enfrente, por debajo de él con la cabeza gacha y con miedo. No soy capaz de decir si, alegremente, sin pensar en el mañana. Decir si, para comer hoy, no levanta los cuerpos que andan rodando por esos suelos. Sigo pensando que un poeta ha de golpear como el herrero, con la misma rabia, con la misma fuerza. Tal vez no se sepa muy bien para qué pero del sonido de la fragua, del martillo y del yunque nacieron, seguramente, más de mil poetas.

Hoy no quiero hablarte, tampoco,  de poesía , ni de palabras, ni de utopías, ni de verdades ni de mentiras. Hoy te voy a contar mi único secreto. Para que no se lo digas a nadie. Para que me guardes otro secreto más.  Bien sabes que los amantes no se quieren por sus cuerpos, ni por sus bienes. Se quieren por sus secretos.
Dime sólo una cosa. Dime que será nuestro secreto, como otros tantos que tenemos por ahí bien guardados.

Podría decírtelo dándole muchas vueltas pero lo más sencillo es decirlo empezando por el principio. Si. Te he mentido, como un niño. Te he mentido en silencio. Con miedo. Y lo siento. Porque mi mentira sólo a mi me está haciendo daño. Es una mentira grande. Porque también es una gran mentira que las mentiras, algunas veces, sean pequeñas. Las mentiras son siempre grandes, enormes, aveces incluso  mentiras infinitas. Nunca se pueden justificar. Las mentiras quedan ahí, en algún lugar. Una mentira sólo tiene arreglo con una cosa. Para tapar una mentira no vale decir lo siento, una y otra vez. Para tapar una mentira sólo que hay decir la verdad. Y yo no puedo. Pero te voy a escribir. Al final he escogido el camino de la palabra escrita.

No es lo que tu te habrás imaginado. Nunca sería capaz de eso. Es más sencillo, créeme al menos esto. Todavía no sé por qué. Te confieso que he vuelto a fumar como un niño, que se esconde del mundo para ser un mayor. Eso es todo. Lo siento. No grites, no llores. Se que debería haberte sentado, y decírtelo, pero no puedo. He fumado a escondidas y con miedo. No he llorado porque la vida me ha colocado en la cera de los hombres serios que nunca lloran, pase lo que pase. Pero lo siento.

No me riñas como a un niño. No me digas nada. No lo olvides tampoco, eso no. No me mires de reojo, no me busques en los bolsillos porque he fumado. El humo ha vuelto a entrar dentro y volveré a enterrarlo. Necesito, una vez más enterrar ese humo maldito. Esta vez, he pensado que será  en nuestro huerto. Junto al olivo viejo. Un olivo que todos pensaron que, un día,  había muerto, pero se confundieron porque ahí está olivo, más olivo que nunca y quizás algo viejo. Déjame que lo haga sólo y en silencio. Iremos al pueblo y volveré nuevo. Guárdame este secreto. Sabes que dejé de fumar por fuera y por dentro.  Hoy, no quiero saber porque he vuelto. Si me quieres, no me digas nada. No lo olvides si no quieres. Pero volveré nuevo. Dame este silencio si crees que aún te quiero. Ni un gesto, ni un beso, ni un silencio, ni un grito ni , ni una risa, ni un desprecio. Ten conmigo este secreto. Ahora ya lo sabes. Ya no tengo miedo. Ya no tengo , otra vez, ningún secreto. Se que volveré nuevo, porque te quiero.



Posdata: El había dejado de furmar, ella le admiraba en secreto por ello, además de amarle. El se sentía orgulloso por la conquista, ahora decía que se sentía más libre porque había roto unas cadenas: aquella terrible  adicción...  Tiempo después, El comenzó a fumar escondido...sin saber por qué, apenas recordaba cuándo...Este escrito le sirvió para dejarlo definitivamente...(al menos hasta ahora, años después)... Sobre el humo del cigarro no le sirvieron los discursos ni a favor ni encontra... libró una y otra vez batallas sordas y solitarias...pero finalmente volvió a sentirse libre...