Pero qué modernos que somos. Como solía decirse también el siglo pasado: “Las ciencias avanzan que es una barbaridad”. Ya casi comemos y desayunamos, a diario, a la sombra del G-8. Aunque dicen que ya somos ricos, todavía continuamos mendigando a los más ricos para que, al menos, nos dejen estar junto a ellos. En el famoso Club G-8. Maquillamos nuestra realidad y sus cifras recurrentes. Limamos tanto el I.P.C, que al final nos quedaremos si él. Nuestras hipotecas ya se firman por 50 años. Nos pasamos el día haciendo estudios para demostrar que todo está bien. Sin darnos cuenta que la basura se sigue amontando en los rincones de las ciudades. Basura en sentido figurado y en sentido literal. Que de todo hay. En fin. Todavía nos acabaremos creyendo que dentro de poco somos capaces de tocar el cielo , sentados, desde nuestras sillas ergonómicas, sin movernos de casa o de la oficina... y eso y mucho más. Progresos del Estado del Derecho que se dice.Si,si.

Esta tarde al llegar a casa ... el cartero había tenido el detalle sorprendente e inusual de subirme la carta hasta mi piso. La debió deslizar por debajo de la puerta, imaginaría que al ser de Hacienda debería leerla cuanto antes. Detalles así hacen que siga pensando que no me cambiaré de piso jamás. El día ha sido duro. Me desparramo en el sofá y mientras abro el sobre me voy despojando de mis prendas sin prestar demasiada atención. Mientras, me acaricio un pie para aliviar las molestias, los tacones me matan pero no puedo salir sin ellos, leo el borrador de la declaración de este año que me envían, todo perfecto, me tienen fiscalizada, no falta nada, ni puedo engañarles ni se me ocurriría. Para qué perder el tiempo en recalcular si me saldrá a pagar lo mismo. Decido llamar al número de teléfono que me indican. Sólo una llamada y en unos minutos habrá terminado todo hasta el año que viene.

Salta un contestador automático pero no me altero, el sofá está empezando a relajarme. Los pies vuelven a ser míos. Ya tuve bastante tensión en el trabajo. Respiro y atiendo a las indicaciones. Me voy haciendo a la idea que esto durará más de lo previsto, lo tengo todo a mano, datos bancarios, el borrador, algunos recibos de la contribución, letras del pisito, en fin. Todo. Voy pulsando las teclas, según instrucciones, con la intención de no perder la calma y de repente, al otro lado una voz muy sensual me indica.
-Buenas tardes. Soy Alberto Ramos Díez, operador nº 2469 de la Agencia Tributaria. Gracias por llamar a nuestro servicio de atención por teléfono. En que puedo ayudarle.
Sin apenas darme cuenta mis piernas, estiradas en el sofá, se me han entreabierto un poco, instintivamente. Su voz es como si hubiera recorrido todo mi cuerpo en un segundo. El pelo se me eriza, las pupilas de los ojos noto que se me han agrandado y el corazón sin saber cómo se me empieza a acelerar. Su voz me ha movido algo por dentro que llevaba tanto tiempo dormido. El trabajo me está dando más dinero del que necesito pero a la vez hace que pierda otras muchas cosas.
Creo que me voy a dejar llevar. Sin saber cómo además de darle todos mis datos personales y confirmar el borrador de la declaración de este año. Estoy dándole mi número de teléfono y mis medidas del cuerpo. Además le he contado que estoy casi desnuda sobre mi sofá recién comprado. Su voz me ha atrapado. Me ha dejado paralizada. El debe haber notado cómo estoy y en qué pienso. Sin más razonamientos me dejo llevar y le escucho cada vez más excitada.
-Nunca me había pasado esto en mi trabajo. Es como si estuviera viéndote en tu sofá nuevo. Tus ojos te delatan. Tus manos están inquietas. Tus pechos están apunto de saltar sobre el infinito de tus deseos. Mueve tu mano en la dirección de tu instinto. Humedece tus labios como en los mejores sueños. Déjate llevar por la senda de los gemidos en silencio si no quieres que tus vecinos te escuchen. Estalla en mil pedazos entre los jugos de la lujuria descontrolada. Mírame. Te veo en la distancia. Te siento a lo lejos. Hoy serás mía. Y cuando termine el turno de trabajo también. Veo bailar en mi memoria el número del móvil que me acabas de dar. Espero que estés al otro lado cuando te vuelva a llamar. No te arrepentirás.
Definitivamente Hacienda parece que se está modernizando. La tarde no ha estado nada mal. Es más no le he preguntado cuándo termina su turno pero creo que estaré aquí esperando esa llamada. Sólo de pensarlo se me mueve todo por dentro. Decir que estoy más mojada que nunca puede que resulte una tremenda ordinariez, pero como se bien que esto son sólo mis pensamientos, qué importancia tiene?, quién podría reprenderme?...no me le quito de la cabeza ni de ahí mismo...por diossss!!!!!!...voy a ponerme a hacer cualquier cosa para que pase el tiempo sin darme cuenta de nada...