martes, 09 de enero de 2007 17:56
elvecinodelcuarto
Tele rebajas.
En algún despacho oscuro y muchos pisos arriba, de alguna multinacional, este año alguien ha tenido un idea comercial que dará que hablar. Se sabe desde hace mucho tiempo que por teléfono se vende de todo. Empezaron con la comida rápida para esa gente que no sabe dónde están las sartenes en sus casas y que además en el reloj no encuentra tiempo para nada. Gente con casco y motos ridículas reparten desde hace mucho de puerta en puerta hamburguesas y pizzas como posesos. Ahora además creo que tambien se pueden comprar paellas, mariscos, bebidas de todo tipo por si te quedas corto en el botellón en casa, incluso te traen cava, bombones y preservativos si de repente improvisas un encuentro sexual con quien sea. Además, como no, también por teléfono, avisas y te cortan el pelo, las uñas o te planchan lo que haga falta. Pues bien, este año además he descubierto que también hay una sección nueva: Tele-rebajas. Si, si, como suena. Tú llamas a un número y te vienen a casa.
Esta misma mañana lo he visto desde mi ventana. NO existe confusión alguna. En concreto mi vecina la del 2º A. Vive sola desde hace unos días. Trabaja más de 24 horas al día, supongo yo. Debe estar forrada de pasta, no sé para qué. Mujer alta, más cerca de uno setenta y muchos que de uno y sesenta y pocos. De unos 33 años. Amable, muy bien vestida. No se maquilla en exceso pero siempre se la ve muy puesta. Independiente. NO le falta de nada en su pisito. Siempre con pareja, pero no le duran mucho. A todos les señala con el dodo hacia la puerta a la menor bronca en casa. No admite que nadie le levante la voz. La he visto en varias ocasiones amar y diría que es un híbrido entre loba hambrienta y Cleopatra insaciable.
Sobre las 11h., es raro, por hoy no trabaja, abrió la puerta a una chica mucho más joven que ella. Venía cargada con un montón de perchas. Una de esas jóvenes con decenas de pirsins por todo el cuerpo, con mirada de "este curro no me gusta pero lo hago porque mi papi ya no me da más dinero".
- Gracias querida. Pasa. Aún no me puedo creer que ahora te traen las rebajas a casa. Esto me viene muy bien.
Mi vecina sin más preámbulos comenzó a desnudarse para empezar cuanto antes a probarse todo lo que le había traíado. La joven masticaba chicle y hacía pompas distraidamente. De pie, allí mismo. Pero rápido noté que miraba a mi vecina rica de manera especial. Poco a poco fue acercándose más a ella con la excusa de irle pasando la ropa. Sobre el cenicero, de mármol rojo italiano, dejó el chicle de menta. Sin apenas darse cuenta mi vecina comenzó a notar que la joven la colacaba bien las arrugas de la camisa de lino. Notó su mano sobre la espalada y su cuerpo sintió algo nuevo. Nunca antes una mujer le había acariciado de aquella manera. Una cosa es alisar unas arrugas y otra transmitir un deseo.
A los pocos minutos en el salón de aquel segundo piso había un tremendo ovillo formado por ropa de marca en oferta y dos cuerpos más que desnudos, sudorosos y gimiendo como animales salvajes. Sus miradas ardientes pero tiernas. Sus labios carnosos y ardientes.
- Te lo compraré todo. Tus jefes te ascenderán.
- Sigue devorándome rica de mierda. Ahora lo que importa es lo que tienes entre los labios. Trátalo bien que llevo días sin mojarme.
Horas más tarde quedaron profundamente dormidas y entrelazadas. La joven, al despertarse, cobró con un cheque al portador hasta la última prenda. Mi vecina jamás dejó nada a deber ni descubierto en la cuenta. A la que no pudieron encontrar nunca más fue a la chica. Cuando los del despacho del último piso, en aquella multinacional evalúen el negocio, no se yo a quién despedirán. Igual deciden continuar con las pruebas. Nunca se sabe.
