jueves, 12 de octubre de 2006 21:20
elvecinodelcuarto
Un piano muy lascivo.-

Observando, con paciencia, se recaban muchos datos aunque no siempre sirvan para algo. Hace poco tenemos una nueva inquilina, una joven que estudia música. Proviene de Berlín, tal vez del antiguo Berlín del Este, lo que le otorga un aire más que misterioso. Allí debía de ser una de las alumnas más aventajadas, pero según he podido averiguar huyó del Conservatorio en su último año. Al parecer, el profesor la miraba de una manera extraña, cada vez que se producía un acercamiento por mínimo que este fuera, inevitable estudiando piano, asiento, con asiento, hombro con hombro casi, la joven perdía el control, se sentía intimidada. Fuera o no un acosador, nunca lo sabremos, creo que hizo bien en cambiar de lugar. Puso muchos kilómetros de distancia para olvidar aquella desagradable situación y comenzar una nueva vida.
Ahora se pasa las horas ensayando, he supuesto que debe pasar una prueba especial para terminar aquí su carrera. Lleva días tocando algunas piezas increíbles, una interminable fuga de J.S. Bach, composición casi perfecta, como todo lo que hizo este músico, en otros momentos me ha parecido escuchar algo de Albéniz y algo de Falla... Trabaja una media de unas 12 horas al día. El resto del tiempo es sólo para dormir, comer, casi siempre fruta, frutos secos y algunos derivados lácteos, debe ser vegetariana. Tiene un cuerpo estilizado, una piel blanquecina como las partituras, unas manos delicadas como los mejores secretos y su manera de moverse por la casa es como si levitara. Sus cabellos rojizos y los ojos azulados llaman la atención, en nuestro edificio la interculturalidad hace que el color que predomine sea de una piel más bien oscura y unos cabellos negros azabache por excelencia.
La otra tarde me sorprendió descubrir que tiene también carácter fuerte, a pesar de su aspecto frágil. Tres horas seguidas tocando a Bach y de repente, algo no le sonaría bien. Algo no iba como deseaba. Rompió a gritar al piano, destrozó las partituras, caminaba por toda la casa hablando en un alemán brusco, indescifrable para mí. Furia, llantos, destrozó algunos discos, algún jarrón. La rabia la dejó extenuada. Quedó profundamente dormida como un extraño ángel abrazada a un pie del piano.
Estuve más de una hora esperando un final, algo tenía que ocurrir.
De repente se levantó, era evidente que en un estado sonámbulo profundo. Pude ver como comenzó a dar besos y abrazos al piano. Su rostro perdido comenzó a tomar una chispa de lascivia impresionante, lamía el piano de cola como al mejor de los amantes, despojada de todas sus ropas, un cuerpo tan delicado no podía imaginarlo tan ardiente. El piano la poseyó allí mismo. Extenuada , sin abrir los ojos tras el silencio final entre amantes. Por toda la sala rompió a sonar delicadamente Satie, la Ginnossiene nº 3, se escuchó en todo el edificio, en toda la manzana. Diría que universo entero paró unos minutos para escuchar aquella música, tocada como jamás la había escuchado interpretar.
Días después fue su examen final de carrera, por lo que sé o imagino, por lo que ella misma me contó y hoy desvelo sólo en parte. Las obras sonaron perfectas, llenas de vida, como habían sido imaginadas por sus compositores en su día. El jurado inmóvil frente a ella sin pestañear, es su oficio, no pueden ni deben dejar entrever cuál será la nota final. Es como si no estuvieran en otro lugar lejano, y sin embargo están en cada nota, en cada silencio. Son implacables al mínimo error. Sin embargo aquella tarde tocar le supuso un verdadero placer. Mientras saludaba al jurado, con distancia, procuró rozar con su pañuelo blanco, delicadamente, sin que apenas se notara sobre el taburete de cuero, ligeramente húmedo tras el examen. Nadie se percató de aquello, fue su primer orgasmo en público, lástima que no pudiera gritarlo a los cuatro vientos. Borró las huellas con delicadeza pero el corazón iba tan rápido que deseaba salir de la sala para desaparecer en cualquier rincón, abrir la boca, tomar más aire y gritar aunque sólo fuera en silencio.
A los pocos días se publicaron las notas. Sacó matricula de honor. Había terminado la carrera, ahora era pianista oficialmente. Empezaba lo mejor.
El vecino del cuarto.
12 de octubre de 2006.