Han vendido un piso en mi edificio. Por fin, eso mueve mi vida por un tiempo. La transforma, la revitaliza. Habrá vecinos nuevos, nuevas cosas que ver. No pierdo detalles, me comporto como un niño cuando venden un piso, como si fuera a ser la fiesta de tu mejor cumpleaños, mucho mejor que los reyes en enero.

El caso es que a los pocos días de la venta, formalizados los documentos, hubo movimiento de gente. Supuse que arquitectos, constructor, alguna que otra mujer, sola, acompañada. Andaba despistado, no tenía suficientes datos. No lograba configurar quien o quienes serían mis próximos vecinos.

La reforma no se hizo esperar, el ruido y el polvo fueron inevitables. Los comentarios llegaban desde todos lados. El conserje se quejaba que a él no le mandaba nadie, con malos modales menos, y de la obra ni hablar. Los que padecieron la obra más de cerca se quejaron por todo: el ruido era insoportable, tenían pesadillas con posibles inundaciones, que al paso que iba la obra sería como la del Escorial... Yo cada día más emocionado. Ahora sabía que me esperaban buenos momentos. Quien había pensado en la reforma debía de ser alguien muy especial. De entrada todos los tabiques fuera. Sólo dejó las cargas imprescindibles para que el piso no se viniera abajo. Un piso, una sola estancia. Eso por lo que los jóvenes ahora se pelean un loft. Un lugar que de entrada me empezó a interesar cada día más. Sería el lugar ideal para no perder detalles.

Así fue. Las obras se agilizaron. Turnos de mañana y tarde. Todos los permisos en regla, ni una sola de las quejas paralizó la obra. Todo legal. Todo correcto el nido estaba siendo construido sin retrasos. Mi imaginación volaba más rápido que la obra sin duda alguna.

Los carpinteros fueron los últimos en terminar. El olor a barniz inundó mis sueños más profundos. Estaba a punto a de conocer a los dueños????. Aún no sabía con certeza quien o quieres eran.

Aquella noche de abril no la olvidaré jamás. Hacía unos días que todo parecía tan en calma en el piso recién estrenado, que algo estaba apunto de ocurrir. Era evidente.

Ya a altas horas de la noche llegó una extraña pareja. Me despertó el ruido al subir algunas de sus persianas. Ya estaban en mi poder. A mi alcance.

No dieron muchas vueltas al pisito. Todo diáfano. Todo a estrenar. No había pareces que impidieran la vista. No había rincones. Tampoco muebles. Sólo pude alcanzar a ver una cama. Una mesita a un lado y a otro un lavabo. Se amaron como animales del pasado, sin recato, sin límites, sin prisas, sin que nada les arropara.

Tras un tiempo impreciso. Alcancé a escuchar unas palabras. O pude imaginarme.

- Bueno... y ahora qué???? – dijo él - .
- Ahora... si tienes sed bebe de la fuente eterna de la pasión. Descansa y más tarde seguiremos -dijo ella- .

El agua cristalina de aquel lavabo inundó todas mis pesadillas por un tiempo. Días más tarde supe que la dueña era ella. El sólo era el arquitecto.  Poco más tarde también pasó a visitarla el constructor. El jefe de obra. Los escayolistas. Los oficiales. Los peones. Aún espero mi turno, pacientemente. Yo también, de alguna manera, trabajé en aquella reforma.


El vecino del Cuarto.

19 de Septiembre