En mi edificio, en el tercero hay también otro piso de alquiler del que hasta ahora no os había hablado, no deja de sorprenderme. Es un piso para gente de paso en esta ciudad. Hay meses que son varios los inquilinos nuevos. Es uno de mis pisos favoritos por eso mismo. En él he visto amantes y amores de todas clases. Suelen venir con prisas, cargados de emociones fuertes, con intrigas, a veces fugados de la justicia. Así es fácil para mí ver la mayoría de sus momentos. Suelen estar más preocupados por otras cosas. Yo soy discreto y paciente y recibo la recompensa. He visto los clásicos amantes principiantes, su furia, su pasión, sus miedos y sus arrepentimientos. He visto tríos, homo, hetero, bi, six, for. He visto desde el amor más fiel al amor más sado, besos masocas... en fin... he visto a un hombre amando a un animal, y cuando terminó no sabía qué había hecho,  y a un animal enamorarse de su dueña que no pudo olvidarla el resto de sus días. Ese piso es un nido del pecado y al ser de paso siempre tengo algo para entretenerme...

Pero hoy ella... ha sido diferente. Era una de esas mujeres especiales. No te fijas en el color de su pelo, ni en lo carnoso de sus labios lascivos, ni siquiera sus curvas perfectas te atrapan, ni su voz, ni sus movimientos felinos y seductores. Cuando la vi sus ojos me envolvieron en la distancia. No me vio, siempre soy mas que precavido. Pero es como si me hubiera intuido. Dejó caer su pequeño bolso de mano en el suelo de su habitación. En lugar de correr las cortinas entreabrió los cristales. Y sin mediar palabra. Sin moverse sin estridencias comenzó a desnudarse lentamente. Como si su amante estuviera apunto de llegar en breve. Aquel regalo no me lo esperaba. Me dejé caer sobre el sillón que tengo preparado en cada ventana de mi casa para contemplar , seguramente, un espectáculo único.
La ropa caía a cámara lenta hacia el suelo, su cuerpo mostraba unas proporciones griegas insultantes. Su piel tenía el color tenue que le otorgaba una sensualidad infinita, y al mismo tiempo sin embargo se entreveían algunas muecas y gestos que denotaban la pasión por amor sin control. Una especie de ángel perfecto apunto de traspasar la línea del bien y caer en la pasión más pecaminosa. Su respiración lo anunciaba, a medida que la ropa cae el suelo su cuerpo se tensa y su aliento se altera camino de unos gemidos discretos que comienzan a anunciarse.
Fue increíble. Allí mismo, a unos metros de mi ventana, nunca había visto nada igual. Se amó ella misma, a solas, con una sed insaciable, como si el mundo fuera a terminarse en ese instante, y sin embargo desde mi ventana yo traté de imaginar quién podría ser su amante invisible.
Os lo aseguro, no fue una simple escena de desahogo a solas. Ella hizo el amor con el mejor de los amantes, con aquel que nunca tienes, con aquel que siempre te imaginas a solas. No lo olvidaré jamás. Nunca había imaginado la existencia del amante invisible.
Cosas que pasan en mi edificio. Menos mal que procuro estar atento.

El vecino del cuarto.