El árbol de la luna llena.
Y de pronto se hizo el silencio.El viejo árbol dejó de bostezar e intentó ponerse erguido, pero sus raices ya estaban ocupadas por multitud de hadas que se habían aposentado en ellas como si fuesen el más cómodo asiento.
El viejo árbol se puso a escuchar.Durante su larga vida había asistido como oyente de excepción a todas las reuniones de aquellos pequeños seres.
Él también fue un joven árbol con fuertes ramas de las que salían con frondosidad bellas hojas que lo hacían sentir seguro de sí mismo. Y como joven aprendió a soñar. No sabía bien cierto con que soñaba,ni con quien, pero sabía que su joven corazón hecho con una mezcla de madera,savia y clorofila,latía a veces apresuradamente,esperando que le sucediera algo que justificara su excitación.
Y un día pasó.La noche fue extendiendo su manto para que se pudieran acomodar las estrellas y como una esfera redonda y plateada fue aposentandose una hermosa luna llena.
Un murmullo suave como de batir de alas se adueñó del claro del bosque donde habitaba el joven árbol y pequeñas luciérnagas lo iluminaron.
Sorprendido y excitado,abrió la boca,cuando sobre sus hojas empezaron a posarse y a columpiarse pequeñas hadas de diferentes colores.
Hablaban,reían y volaban alrededor de él. Todas no. Todas menos una que se quedó sentada en una rama muy cerca de él.Le miraba,le sonreía y con sus pequeñas manos acarició aquel tronco que se estremeció por primera vez.
No hubieron palabras . Solo una sensación de paz y alegría, llenó aquel corazón de madera, que se rindió ante aquella diminuta forma que le contemplaba, con la más tierna mirada que pudiera haber imaginado alguna vez.
Comenzó la reunión y también acabó. La luna se fue retirando y el sonido del batir de alas fue perdiendo intensidad hasta desaparecer.
El árbol cerró los ojos.Se abrazó con sus ramas y suspiró profundamente. En sus retinas había quedado la pequeña imagen de un hada que le había acariciado y que año tras año, en las noches de luna llena,aparecia para amarlo otra vez.
Malena.