Mi pequeño universo
Estoy escuchándo música en mi pequeño despacho. Me encanta estar aquí porque es mi refugio.Tengo la pared forrada de corcho y en ella las fotos de mis personas más queridas: Mi familia, mis amigos y Wiper.
También tengo mi pequeña mini cadena de música. Mi biblioteca con mis libros, un pequeño sillón en el que me hundo cuando sólo quiero escuchar música y una ventana que dá a un jardín lleno de hiedras, que han subido sin pedir permiso y han enmarcado toda mi visión.
Me encuentro a gusto aquí. Puedo gozar de una intimidad que rara vez me rompen, porque saben que estoy relajada escribiendo, leyendo o escuchando mis canciones preferidas.
Estoy escribiendo para mí. No necesito público. Plasmo todo lo que va pasando por mi cabeza como una sinfonía encadenada.
Un pensamiento trae a otro y así sucesivamente, de tal manera que el último no tiene nada que ver con el primero.
Pensaba en las palabras, ya orales, ya escritas. ¡Qué arma de doble filo!. Hay veces que no deberías decirlas y las dices y otras que deberías decirlas y las callas.
Palabras que pueden ir con una gran carga emocional y que el receptor no es capaz de entenderlas, dejándote un poso de desilusión.
Con ellas puedes hacer mucho daño pero también sirven para pedir perdón. Las palabras pueden acariciar, pueden amar, pueden ser caprichosas, provocativas. Son el mejor instrumento de comunicación pero deben llevar un libro de instrucciones.
Cuantas veces has pretendido dar una respuesta que intenta ser graciosa y al no haber leído dicho libro, has ofendido a la persona que recibe esa respuesta porque no sabe interpretarlas.
Hay que mimar a las palabras, cuidarlas porque son el receptáculo de muchos sentimientos que pueden subirte al cielo o hundirte en el pesimismo.
Ahora mismo, en este caso, llevan una carga de ternura para los que sé que leereis estas líneas, porque sabeis que os he ido conociendo y puedo compartir al igual que vosotros haceis conmigo, mis sentimientos.
Un beso.
Malena.