Y pensé.
Ibas y venías, como cada fin de semana, de la cocina pasando por el salón hasta la terraza, con la regadera en la mano, poniendo sumo cuidado en no derramar ni una gota de agua.
Llegabas a la terraza y allí, con tus fuertes manos y el azadón, picabas la tierra y a continuación, regabas, poniendo tus cinco sentidos en que todos los brotes recibieran por igual el agua que les regalabas.
Yo no decía nada. Callaba y te miraba pasar con cariño, sorbiendo cada uno de tus movimientos, y fue entonces cuando me puse a pensar.
Y pensé, si mañana al despertar no te encontrara a mi lado. Y pensé, si no oyera tu risa clara y espontánea. Y pensé, si al despertar tus brazos no me abrazaran, si tu mirada en la mía no se encontrara. Si mañana, al despertar tus palabras no me acariciaran.
Y pensé:
Si todo eso, mañana no lo encontrara, ¿Para qué querría yo ese mañana?
Malena