Despertar

Sé que estaba dormida porque una pequeña claridad me hizo abrir los ojos. Estiré mis músculos con placer y me quedé mirando fijamente al techo, dándome una oportunidad para situarme en el espacio y en el tiempo.

Todo estaba bien. Era un sábado a mediados del mes de mayo y sabiendo que no tenía prisa, saboreé el quedarme remoloneando en la cama.La colcha había resbalado durante la noche y sólo la ligera sábana me cubría.

Miré hacia la ventana con indolencia y sentí como la brisa del mar entraba por ella jugando con la cortina pausadamente, como en un baile, como en un cortejo nupcial.

El sol iba saliendo con la seguridad que le daba el repetir su camino día tras día y entonces me volví y allí estaba él. No era una sorpresa. Eran ya muchos años quedándonos dormidos juntos en un abrazo o simplemente con nuestros pies enlazados. Pero aquella mañana, al verlo reposadamente dormir a mi lado, me hizo enternecer. Su pelo revuelto y su respirar sereno, como de niño bueno, me hizo redescubrirlo.

Le acaricié suavemente el pelo y deposité un ligero beso en sus párpados. Abrió sus ojos y me sonrió sorprendido.

Me levanté y fui hacia la ventana, buscando la inmensidad del mar que se desplegaba ante mi vista y me llamaba con el sonido de sus olas al romper. El sol seguía saliendo y las gaviotas ascendían y bajaban en picado recordándome a Juan Salvador Gaviota. Las agujas de los pinos se balanceaban, dejando escapar su olor mezclado con resina y allí ,olvidadizo de que tenía que haber marchado, me miraba fijamente un búho.Se oía el ruido acompasado de algunas barcas de pescadores que habían puesto ya sus motores rumbo a puerto.

Entonces, noté su aliento en mi pelo y sus brazos me rodearon dándome calor. Éramos dos mudos espectadores, que en un respetuoso silencio, veían renacer la vida, en una mañana a mediados del mes de mayo.

Publicado 28 febrero 07 10:28 por eltinterodechina
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